Cómo saber que tomamos la decisión correcta

Cómo saber que tomamos la decisión correcta

Muchos de nosotros sabemos lo que es estar en una relación o en un trabajo después de que dejan de ser satisfactorios, o a veces tomamos un trabajo demasiado grande para nosotros sin admitirlo. Un ejemplo es el caso de Bruno Iksil de JP Morgan, quien prefirió doblar una apuesta perdida en lugar de admitir sus pérdidas, lo que le costó seis millones de dólares. O el caso de John Edwards, quien no se atrevía a poner fin a su candidatura presidencial, incluso después de que quedó embarazada su amante.

El costo de una persona que no sabe cuándo terminar puede ser enorme. En economía, esto se conoce como falacia de costo de hundimiento, ya que el precio que se paga es más que financiero. Podemos reconocer esta falacia en el comportamiento de otros, pero no ponemos hacerlo con nosotros mismo, ¿por qué?

Hay varias fuerzas poderosas, inconscientes y psicológicas en el trabajo. Podemos desperdiciar el dinero o perder tiempo en un relación que ya murió porque no nos ha surgido otra alternativa; o porque no queremos admitir ante nuestros familiares y amigos, o a nosotros mismos, que estamos mal. Pero la causa mas probable es esta aversión al costo de hundimiento, así lo publica The Atlantic.

Los costos de hundimiento son inversiones que pones en algo sin poder sacarlos. Son los años que inviertes en una profesión que odias, o estar esperando que se te declare un novio incapaz de comprometerse. Son los miles de dólares que gastas en redecorar tu casa, cuando te das cuenta de que te choca vivir ahí.

Una vez que te das cuenta de que no tendrás éxito, o de que eres infeliz con los resultados, no debería importar cuánto tiempo y esfuerzo pusiste en algo. Si tu trabajo o tu novio han tomado los mejores años de tu vida, no tiene sentido permitirle que tome los años que te quedan. Un cuarto feo seguirá siendo feo, sin importar cuánto dinero gastes en decorarlo.

Estudios realizados por los economistas del comportamiento Daniel Kahnemen y  Dan Ariely, demuestran que las personas tienen una especie de aversión a las pérdidas y es demasiado terrible admitirlo. El problema es que nos enfocamos en lo que vamos a perder si seguimos adelante, en lugar de evaluar los costos que implica quedarnos en la misma situación, lo que equivaldría a más tiempo y esfuerzo perdidos, más infelicidad y más oportunidades perdidas.

Un reciente estudio realizado por los psicólogos de la Universidad de Northwestern, Daniel Molden y Chin Ming Hui demostró una forma efectiva con la que podemos darnos cuenta de si estamos tomando las mejores decisiones cuando nos va mal: la clave está en enfocarnos en lo que podemos ganar cuando avanzamos, en lugar de ver lo que vamos a perder.

Cuando la gente piensa en sus objetivos en términos de ganancias potenciales, se sienten cómodas cometiendo errores y aceptando las pérdidas. Por otro lado, cuando la gente que se enfoca en prevenir, piensa en sus metas de acuerdo a lo que van a perder si no les va bien y son más sensibles a los costos de hundimiento. Éste es el tipo de pensamiento que las personas generalmente adoptan, aunque sea inconscientemente, a la hora de decidir si avanzan o no. Este sentimiento nos dice “no camines”, pero debemos hacerlo.

En uno de sus estudios, Molden y Hui evaluaron el tipo de pensamiento de un grupo de participantes, y les pidieron que escribieran sus objetivos en términos de pérdidas o ganancias, respectivamente. Después, se les pidió que imaginaran que eran directores de una compañía de aviación que ha invertido 10 millones de dólares en el desarrollo de un avión que no puede ser detectado por un radar. Cuando el proyecto ya está casi completo y se han gastado 9 millones de dólares, una empresa de la competencia anuncia su propio avión, indetectable por un radar, superior en funcionamiento y a un precio más bajo. La pregunta es simple: ¿invertirías el millón de dólares para terminar tu avión? o abandonas el proyecto.

Molden y Hui descubrieron que los participantes con una visión preventiva continuarían con el proyecto e invertirían el millón de dólares el 80% de las veces. Las probabilidades de cometer ese error sólo se reducen cuando se adopta la filosofía contraria.

Cuando vemos nuestras metas en términos de lo que podemos ganar, en lugar de lo que podemos perder, es cuando nos damos cuenta de que nuestro esfuerzo está condenado al fracaso.

Fuente: http://quo.mx

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