¿Todos somos criminales en potencia?

Caras vemos, mentes no sabemos. Algunos se preguntarán si personas ordinarias y «sanas mentalmente» pueden llevar a cabo actos inmorales, como la tortura y el sadismo.

Esta pregunta surge, principalmente, cuando vemos en la TV imágenes de criminales con cara de buenas personas o escuchamos incidentes de abuso, sadismo y tortura que se ejercen sobre algunos reos para obtener información, o bien estos mismos actos practicados por soldados en contra de prisioneros.

Diversos estudios psicológicos revelan que este tipo de comportamiento es frecuente durante los conflictos militares, y que la capacidad de abusar y maltratar a otro ser humano reside dentro de cada individuo.

Los seres humanos nacen con una disposición y sentimientos básicos hacia sus semejantes que se pueden modificar, moderar y expandir para producir conductas prosociales, sin embargo también guardan dentro de sí el potencial para manifestar comportamientos destructivos, antisociales y deshumanizantes.

Matar a otro ser humano implica suprimir todo sentimiento de empatía y ver en el otro a un salvaje que intenta hacernos daño. Los sentimientos de defensa personal y de venganza se maximizan y la parte más primitiva del cerebro humano, el sistema límbico, se antepone a las zonas prefrontales o pensantes, por lo que en lugar de inhibir impulsos, los activan, promoviendo el odio y el abuso.

Los psicópatas pueden ser personas con una apariencia normal. Pueden presentar un gran encanto superficial, pero relacionarse, realmente, con frialdad, egoísmo y falsedad.

Muchos de ellos son personas muy exitosas socialmente, debido a que tienen una gran flexibilidad moral y ausencia de remordimientos. Suelen tener un trastorno de la personalidad que se manifiesta en tres aspectos importantes: en sus relaciones con las otras personas, en su afectividad y en su conducta. La razón es que tienden a manipular y engañar, son incapaces de ponerse en el lugar del otro y presentan un comportamiento antisocial.

Estas personas, por lo mismo, alteran negativamente la vida de quienes los rodean. El ejemplo más común son aquellos esposos carismáticos y exitosos… en su trabajo, pero que en su hogar son egoístas, fríos y no tienen interés en lo que ocurre con su familia. Incluso, muchos de ellos llegan a tener sometidas a sus esposas a un abuso físico y psicológico. Así, no se sabe si realmente estamos conviviendo con algún psicópata, porque algunos son muy amigables. ¿Cómo identificarlos? Hay que conocerlos muy de cerca.

Fuente: http://mexico.cnn.com/

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