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Por qué la vuelta de las vacaciones es un periodo crítico para algunas parejas?

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Las promesas de felicidad de la época veraniega se han quedado atrás, y el horizonte se vislumbra opaco y sombrío, difícil de afrontar cuando los desencuentros ocupan el ámbito amoroso. Cómo si violentar ese periodo, consagrado al disfrute, fuera una afrenta difícil de perdonar. Está  claro que las malas rachas pueden hacer que la pareja se tambalee, pero si esto ocurre en el periodo de vacaciones parece que el impacto es mayor.
Por eso cuando llega está época no podemos resistirnos a tratar el tema de las rupturas postvacacionales. Nos apena que se rompan relaciones por la mala gestión de una crisis veraniega. Que por culpa de una nube de verano se puedan dramatizar eventualidades, que bien gestionadas pueden fortalecer y asentar la relación.  Por eso queremos hacer una llamada de atención a las consternadas parejas, que puedan estar viviendo sentimientos de confusión y malestar en esta época.  
En primer lugar, considerar que tenemos que aprender a vivir los cambios emocionales que nos depara la montaña rusa de la existencia. Esto lo saben bien las parejas que llevan tiempo juntas, aunque vale la pena resaltarlo para las jóvenes. En las relaciones amorosas, se alternan momentos mágicos de color de rosa, que nos hace sentir en la cresta de la ola, con otros más grises y hasta negros, que nos pueden sumir en profundos abismos. Afrontar los cambios propios de las vicisitudes cotidianas es esencial, para sobrellevar dignamente nuestra relación con el mundo, y mucho más con nuestra pareja.
Pero… ¿Qué hace que la vuelta de las vacaciones sea un periodo crítico para algunas parejas? Desde luego las razones pueden ser múltiples y variadas. En algunos casos se debe a expectativas exageradas sobre lo que se espera de la pareja, que en época de asueto se magnifica. Se hacen planos sobre lo maravillosa que será la vida libre de la carga laboral y arropada por el buen tiempo. Esto, unido a las promesas idílicas de goce y disfrute del omnipresente bombardeo publicitario, pueden ofrecer una visión distorsionada de la frágil realidad abocada a numerosas inclemencias.  Por otro lado, algunas personas esperan colmar sus carencias pidiendo y pidiendo. Sin estar nunca satisfechas, exigen y echan en cara, esperando lo que no son capaces de dar. No se dan cuenta de que es nuestro estado de ánimo el que colorea las emociones, que vale más mirar hacia dentro, que buscar las carencias en la pareja. Más les valdría aprender a valorar lo que se tiene, antes que buscar confusas quimeras que nunca satisfacen. Y decimos aprender a valorar lo que se tiene, porque en algunos casos, cuando la relación se ha roto se llora y súplica ante lo perdido. Parece que la tendencia al drama de estos seres les impide complacerse con los apacibles y dulces sabores de la convivencia. La clave sería: Menos problematizar y más disfrutar de la vida.  
Aprender a diferenciar los sucesos cotidianos de los verdaderos problemas es una labor esencial en la relación de pareja. Desencuentros y pequeñas frustraciones existen en todos los casos; magnificarlos o abordarlos en su justa medida es la diferencia entre parejas conflictivas y felices. Quizá vale la pena reflexionar sobre el significado que nos ofrece el diccionario sobre la palabra problema. 
El primer significado: Cuestión que se trata de aclarar, nos parece muy oportuna y entronca con una virtud esencial de las parejas que funcionan: comunicación y entendimiento; por tanto, esa debería ser nuestra opción. La segunda acepción es menos optimista: Proposición o dificultad de solución dudosa. Ciertamente así viven algunas parejas los recurrentes avatares cotidianos. La cosa se va complicando con la siguiente definición: Conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de algún fin. Y  con la de: Disgusto, preocupación. “Mi pareja solo me da problemas”, sería un caso extremo de esa visión problemática. Antes de llegar a ese grado vale la pena acogerse a este otro significado: Planteamiento de una situación cuya respuesta desconocida debe obtenerse a través de métodos científicos, y cumplir las recomendaciones. 

Esta última acepción se puede aplicar como una clara recomendación a terapia cuando los desencuentros se hacen patentes, sea en la época que sea. Pero sobre todo, recordar que es mejor no tomar decisiones precipitadas. En este punto vale insistir en que en muchas ocasiones las crisis veraniegas, si se gestionan bien, pueden desaparecer como las nubes negras en verano, que tras la tormenta dejan un cielo radiante. No obstante, si el malestar persiste, si se convierte en algo recurrente, hay que afrontarlo. No podemos esperar eternamente a que pase la tormenta; los problemas graves no desaparecen solos, hay que abordarlos de manera inteligente buscando ayuda si es necesario.
Fuente. http://sexualidad.es.msn.com/

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