Conoce el origen de la Copa Confederaciones

Surgió del sueño de un Rey. Inició jugándose en Arabia Saudita bajo el nombre Copa del Rey Fahd. Ahora es un ensayo previo al Mundial para los participantes

Carlos Barrón

13/06/2013 05:19

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CIUDAD DE MÉXICO, 13 de junio.- De los delirios de grandeza de un monarca surgió la Copa Confederaciones, evento que hoy en día ocupa la segunda plaza en importancia dentro de los torneos de FIFA, sólo por detrás del Mundial.

El rey Fahd Abin Abdelazis y primer ministro de Arabia Saudita estuvo siempre en el foco del mundo porque su Estado era un auténtico campo de petróleo para el occidente obteniendo cerca de 120 mil millones de dólares anuales por sus exportaciones de crudo. Fue considerado hasta su muerte en 2005 como uno de los líderes más violentos que en su tiempo prohibió el cine y la música pública, pero para entretener a su pueblo tuvo la idea de crear un torneo de futbol en su moderno estadio donde participarían las mejores selecciones del mundo. De esa forma, prevista con la FIFA, invitó en 1992 a Argentina, Costa de Marfil, Estados Unidos y Arabia Saudita, que se enfilaban al Mundial de 1994. El campeón fue la albiceleste con Alfio Basile en la dirección técnica.

La idea agradó al comité de la FIFA, sobre todo por la remuneración económica que encontraron en este país, y porque el futbol se iba expandiendo a regiones donde pocas veces se habían organizado eventos de
selecciones mayores.

Sin embargo, en 1995, cuando se extendió a seis equipos, las cosas empezaron a manejarse mejor. Al aceptar Dinamarca, campeón de Europa, el torneo tomó otra dimensión. Junto a Argentina, Nigeria, Japón y México, Arabia Saudita tuvo su primer gran evento. La Copa Rey Fahd, como se le denominaba al certamen, que ganaron los europeos.

“Era un poco extraño jugar en un lugar tan alejado y del que conocíamos muy poco. Recuerdo que nos trataron muy bien, amablemente, incluso nos llevaron a pasear en camellos por el desierto, era muy exótico todo”, rememora el seleccionado Ramón Ramírez.

Luis García resultó campeón de goleo con tres tantos, empatado con Gabriel Batistuta de Argentina y el danés Peter Rasmussen.

“Era un torneo casi relámpago donde tenías poco margen de error y en esa edición de 1995 el nivel había crecido fuertemente con selecciones que iban como campeones de su área. México venía en el bajón natural de un proceso tras el Mundial”, recuerda García.

Días después de realizar la segunda copa, el Rey Fahd sufrió un infarto que le relegó de seguir en sus actividades políticas y su medio hermano, Abdalá continuó con las tareas oficiales y con la organización de los torneos futbolísticos.

Capitalizada la coyuntura del Rey Fahd, la FIFA en 1997 la bautiza oficialmente como Copa Confederaciones y se adaptó el formato conocido en la actualidad, en el que se integran ocho equipos en dos grupos. Sin embargo, ante la organización de la UEFA oponiéndose claramente a los mandatos de la FIFA, las selecciones europeas se resistieron a participar. En esa edición, Alemania se negó a ir como campeón de Europa y fue sustituido por la República Checa que aceptó gracias a una enorme cantidad en pago.

Aparecieron también, México, Brasil, Uruguay, Emiratos Árabes, Australia,
Sudáfrica y el invariable anfitrión.

Tras una cerrada elección donde hubo acusaciones de diversas índoles, Joseph Blatter fue elegido como presidente de la FIFA en 1998 ganando la carrera al sueco dirigente de la UEFA Lennart Johansson, quien, en contrapunto, intentó la iniciativa de una superliga, traducido en un torneo europeo para que los clubes no liberaran a los jugadores importantes de cara a la Copa Confederaciones que por primera vez saldría de Arabia Saudita para jugarse en México.

“Entendemos la postura de las asociaciones, pero les pedimos su generosidad para facilitar a los jugadores. Todo torneo que se realice sin el aval de la FIFA es un ataque frontal a la autoridad del futbol mundial, así que solicitamos que los jugadores puedan viajar a México”, dijo Blatter en uno de sus primeros discursos.

Así, en 1999 el Tricolor obtuvo su primer título en un torneo oficial al vencer a Brasil 4-3 en el Estadio Azteca, aunque las dos potencias, tanto brasileños como alemanes que le daban color a la competencia, prescindieron de sus figuras mediáticas y optaron por planteles, en su mayoría juveniles, que aún así, mostraron destellos de calidad.

“Teníamos un equipo hecho, estructurado con base en el trabajo que nunca desistió y con merecimiento le ganó a Brasil”, sentencia el técnico Manuel Lapuente, quien logró el importante blasón para el Tri, “parece difícil de creer, pero a Brasil como en la actualidad, sólo se le gana haciéndole goles y jugando sin miedo”, agregó.

A partir de 2001 las cosas se estabilizaron. Todos los participantes empezaron a entender la importancia de la Copa Confederaciones que se jugó después en Corea y Japón, Francia (2003), Alemania (2005), año donde comenzó a funcionar como ensayo preparatorio para la Copa del Mundo, Sudáfrica (2009) y ahora en Brasil.

Cada edición fue creciendo y ganó importancia. Después de 21 años que el Rey Fahd incentivara a su pueblo a divertirse con el futbol, la FIFA ha sabido relanzarlo como un torneo de importancia para dotarlo de un gran e importante sentido deportivo.

México fue campeón en casa

A México le movía la ilusión y la motivación en la Copa Confederaciones que organizó en 1999. El evento por primera vez abandonaba Arabia Saudita y la FIFA confiaba en la organización de un país que con anterioridad había mostrado orden al realizar dos Copas del Mundo (1968 y 1986).

El equipo mexicano, dirigido por Manuel Lapuente, le ganó la final a Brasil 4-3 en un partido que muchos aficionados atesoran por la gallardía e intensidad mostrada.

El Brasil de Wanderley Luxemburgo nunca dejó de ser un cuadro estético, aunque pasó muchos problemas defensivos y centralizó toda su potencialidad en un jovencito Ronaldinho que apenas despuntaba en Europa con el París Saint-Germain. La carga de experiencia la llevaban Vampeta y Emerson en el medio campo.

México fue más pragmático, montado en un espíritu justiciero y en el que  todos corrieron a la par. La anotación de Cuauhtémoc Blanco, que fue la última de la Selección que sentenciaba el encuentro, fue la más clara estampa de la autoconfianza del Tri que aprovechó la inercia de la delantera de Francia 98.

“Esa emotividad que se siente cuando termina el partido es indescriptible, cuando el árbitro pitó y tuvimos la copa a nuestro lado, una internacional que todo el mundo vio quedarse en México,  fue algo en mi carrera muy satisfactorio”, manifestó emocionado el técnico Manuel Lapuente.

El Tri aceptó un torneo en Hong Kong para prepararse rumbo a la Confederaciones. La fiesta y el jolgorio, acompañaron cada uno de los partidos. La Selección Nacional abrió el evento ganando 5-1 a Arabia Saudita, empató 2-2 con Egipto y venció 1-0 a Bolivia.

“Teníamos un equipo consistente con varios partidos encima”, recordó Ramón Ramírez, quien jugó el torneo por la lateral izquierda.

Brasil, que tuvo su sede en Guadalajara, fue un equipo que a pesar de su juventud mostró hechuras y vapuleó en su presentación a Alemania, que tenía en sus filas a Michael Ballack y Jens Lehman en la portería. Los europeos como pocas veces sucede, decepcionaron en esa edición al perder también contra Estados Unidos.

Otro juego vibrante en el Estadio Azteca se dio en la semifinal. El Tricolor siguió en pie hasta los tiempos extra contra los estadunidenses que hasta el minuto 97 se doblegaron tras el gol de oro de Cuauhtémoc Blanco con el que terminó el encuentro.

La noche del partido, el inmueble de Santa Úrsula presentaba uno de esos llenos desbordantes en los que el apasionamiento fue el invitado principal. En un juego de subidas y  bajadas, con muchos errores y gran intensidad que dejó poco tiempo para los pestañeos, el Tri ganó por primera vez un torneo oficial de la FIFA y pasó a la historia dentro de la Copa Confederaciones.