Cursos para mejorar la vida íntima

Desde hace unos años se ha popularizado la denominada meditación orgásmica, una especie de curso dirigido a mujeres cuyo es objetivo es enseñarles a sentir y prolongar el orgasmo. En distintas partes del mundo se han realizado estudios sobre el tema, aunque es en Estados Unidos donde ha tenido mayor auge.

Una de las promotoras de estas clases es la oradora y escritora Nicole Daedone, quien ha dedicado su carrera a fomentar una redefinición del orgasmo desde el punto de vista femenino.

Daedone fundó un centro especializado en la formación del orgasmo, la comunicación y las relaciones de pareja. El método que trabaja el MO se basa en la meditación y una prolongada masturbación que permite tener largos y fuertes orgasmos.

La meditación orgásmica se realiza entre dos personas y se estimula el clítoris por 15 minutos. La experta en sexualidad asegura que su centro MO se enfoca en expander la parte más placentera del orgasmo.

Las mujeres que se han inscrito a los cursos de meditación orgásmica aseguran que se trata de una clase normal en donde tienen diferentes entrenadores que les enseñan a tocar de forma adecuada el clítoris.

Desde luego que las críticas no se han hecho esperar y muchos expertos en salud sexual aseguran que esta práctica podría afectar la vida sexual de las mujeres, aunque otros opinan que la beneficia.

En el centro de Nicole Daedone las mujeres aprenden, entre otras cosas, que el punto más placentero del clítoris es el cuadrante superior izquierdo pero muchos expertos en sexualidad difiere de esta teoría pues aseguran que el clítoris es completamente sensible.

Por ahora estas clases de meditación orgásmica no están disponibles en México, aunque estamos seguros de que no tardarán en llegar.

El sexólogo Wilhelm Reich, quien se dedicó durante años a estudiar el fenómeno del orgasmo, desarrolló la siguiente fórmula para ilustrarlo: orgasmo = tensión mecánica, carga, descarga y relajación mecánica.

Primera fase del orgasmo. Los movimientos son lentos, la pareja intenta prolongar el acto sexual para intensificar el placer.  El escroto, que envuelve a los testículos, se endurece, y los testículos comienzan a subir. El pene aumenta 50 por ciento de tamaño, dilatado por la sangre.

Segunda fase. La excitación se concentra cada vez más en los genitales; se experimenta una sensación como de derretirse. El cuerpo se tensa cada vez más, y la excitación ya no es susceptible de controlarse voluntariamente.

Durante la segunda fase se produce taquicardia y las respiraciones se vuelven más profundas.

Tercera fase. La excitación se manifiesta como contracciones involuntarias de la región pélvica. En ellos aparecen contracciones que apresuran la eyaculación; en ellas, se contraen los músculos lisos de la vagina. De manera involuntaria, la excitación crece rápidamente hacia el clímax.
Foto: Live Science
Durante la tercera fase, la del clímax, las fricciones se vuelven más intensivas y se produce durante unos segundos una obnubilación de la conciencia. La excitación se irradia al resto del cuerpo, y todos los músculos se contraen.
Cuarta fase. Se experimenta un alivio repentino de tensión, una placentera relajación del cuerpo y la mente. Por lo general, se produce un gran deseo de dormir. La excitación disminuye y da pie a una actitud de ternura hacia la pareja sexual.

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