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Cómo darte cuenta si tu mamá te envidia
Cómo darte cuenta si tu mamá te envidia

Cómo darte cuenta si tu mamá te envidia

Te alegras de sus tristezas. Se quedó sin empleo, tiene un problema fuerte o está enferma. Te pide ayuda y en vez de darle apoyo moral, la haces sentir culpable de lo que le ocurre. Obvio, pones cara de pena y finges empatía, pero cada que tienes oportunidad, hablas del tema para hacerla sentir mal.

Le das poca importancia a su vida. Mientras tu hija te cuenta sus planes, metas o te muestra una boleta repleta de buenas notas, la ignoras o evitas abundar en el tema.

Te empeñas en destruir sus relaciones sentimentales. Tu hija tiene por novio a un chico que la trata como princesa y tú no descansas hasta que terminan. Cuando por alguna circunstancia llegas estar a solas con tu yerno, no pierdes oportunidad de hablar mal de tu hija, descalificarla o difamarla. EL deleite es cuando se rompe esa relación.

Criticas su felicidad. Cuando tu hija comparte buenas noticias contigo, haces comentarios para aguarle la fiesta. Por ejemplo, si te cuenta que ella y su esposo están esperando un hijo, la felicitas y después haces un comentario incómodo como “creí que esperarían más años, pero, ojalá madures con esto”. La envidia te impide sentirse completamente feliz por las cosas buenas que le ocurren a tu niña.

Criticas su figura. Cada que puedes le repites que cuando tú tenías su edad lucías una figura esbelta y que ella tiene algunos kilitos de más. “No puede ser que seas talla 7, yo a tu edad era 5, no tenía ni una gota de grasa”.

Tratas de igualarte a ella. Si tu hija compra un outfit con el que se ve increíble, al día siguiente corres a la tienda más cercana y compras alguno parecido. Si se corta el cabello de una forma, corres con tu estilista y pides un corte idéntico. Y lo peor: tratas de comportarte como ella, usas sus palabras y modismos.

Compites con ella. Para las mamás que sienten envidia de sus hijas, todo es competencia. En lugar de felicitar a su niña por lo bueno que le pasa y dejar que sea el centro de atención por un día, una mamá envidiosa trata de arrebatarle el momento a su retoño. Si la chica le cuentas que para su cumpleaños se irá de vacaciones a Nueva York con gastos pagados, la respuesta de la mamá puede ser que está planificando unas vacaciones a Europa. Correrá con su esposo a decirle que necesita vacaciones y empezará a planear gastos y a ver mapas. Claro, tratará de estar a la altura porque su envidia la hace sentir inferior.

El efecto David Copperfiel. Cuando en la vida de tu hija todo es color de rosa, desapareces. No soportas que le vaya excelente. Cuando hay tormentas, estás ahí. ¿El motivo? No soportas que su vida sea linda y solo te sientes bien cuando ves que la pasa mal. Este es un foco rojo.

Recordando la edad. Cada que se acerca, o llega, el cumpleaños de tu hija, le recuerdas que ya es un año “más vieja”. Si es soltera aún, no dejas de molestarla con ese recordatorio… Lo único que demuestras es que envidias su juventud. Triste, pero cierto.

La descalificas ante los demás. Creas historias perversas y generas intrigas sobre tu hija con otras personas. Hablas sobre cuántos novios ha tenido, sobre sus defectos y hasta inventas historias sobre su sexualidad. Este, de acuerdo con Gaby Flores, es sin duda, la alerta más fuerte de que una mamá necesita terapia psicológica o hasta psiquiátrica… Y de que la hija debe alejarse para no “contaminarse”.

Fuente. http://mx.mujer.yahoo.com

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