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Cómo darte cuenta si es amor verdadero o dependencia
Cómo darte cuenta si es amor verdadero o dependencia

Cómo darte cuenta si es amor verdadero o dependencia

En nuestras relaciones de pareja es normal que haya una dinámica de codependencia. Pero si en lugar de ser constructiva, esta forma de relacionamiento sólo nos trae dolor y frustración, entonces se vuelve patológica. De acuerdo con Darlene Lancer, terapeuta y autora de Codependence for Dummies, existe una serie de síntomas que pueden ayudarnos a identificar actitudes codependientes. Al reconocerlas, podemos empezar a romper patrones de conducta que dañan nuestras relaciones.

Negación. Una persona codependiente niega las emociones y necesidades propias para asumir las de los demás. Para bien o para mal, piensa que los demás son el problema y la solución, que es el otro el que tiene que cambiar. Al negar espacio a sus emociones y necesidades, evitan hacerse cargo de sí mismos y eluden el trabajo de conciencia que implica la construcción de autonomía. La otra cara de esta negación es rechazar la ayuda de los demás, porque al aceptarla están mostrándose vulnerables y mostrando su necesidad de amor e intimidad.

Depender de la mirada ajena. Hay quien se las arregla muy bien para estar solo, pero en el fondo necesita a otras personas para sentirse conforme consigo mismo. Este tipo de codependencia hace que la persona se relacione con los demás en función al miedo que le provoca sentirse rechazado o abandonado. Hay otras personas que necesitan tener siempre una relación de pareja, porque estar solos los deprime. Este rasgo hace muy complicado salir de una relación cuando ésta se vuelve dolorosa o abusiva.

¿Perfección o baja autoestima? Para algunas personas es inevitable sentirse en falta cuando se comparan con los demás. Al mismo tiempo, puede tener una imagen demasiado alta de sí misma e incluso ser perfeccionista. Lo que encubre este doble rasgo es la sensación de ser inadecuado o indigno de amor. El perfeccionismo puede ser positivo en el campo laboral, pero en el ámbito personal genera mucha frustración, pues la relación se construye en función de la aprobación (como si fuese una prueba de suficiencia) y no del amor, que es incondicional.

Actitud complaciente. Una de las formas de la generosidad es hacer sentir bien a quien se ama. Pero cuando hay codependencia esta dinámica no se vive como una opción sino como una condición. Decir “No” provoca ansiedad, de manera que por complacer al otro, uno termina abnegándose o sacrificando sus necesidades.

Límites frágiles. Los límites son líneas imaginarias que dividen lo que corresponde a uno y lo que corresponde los demás; están presentes en el cuerpo, el dinero y los objetos… También en las emociones, los pensamientos y las necesidades. Los límites son uno de los puntos más débiles para quien tiene actitudes codependientes, pues sus límites son borrososos o frágiles. Se sienten responsables de los problemas o las emociones de los demás, o bien, no se hacen responsables de sus sentimientos sino que culpan al otro por lo que les pasa. Los límites rígidos también pueden ser un signo de codependencia, cerrarse o retraerse impide que los demás se acerquen y así evitan la posibilidad de ser rechazados o decepcionados. Pero también evaden la posibilidad de sentir y expresar amor.

Actitud reactiva. Hay una diferencia entre tomarse algo personal y tomárselo en serio. Cuando alguien se toma todo personal, es porque no tiene claros los límites y tiende a reaccionar defensivamente ante cualquier comentario. En cambio, cuando se tienen límites más claros, se puede tomar en serio al otro sin absorber sus palabras o sus acciones; se entiende que se trata de una opinión y el desacuerdo no se vive como amenaza.

Actitud controladora. Todos necesitamos una dosis de control en nuestras vidas porque vivir en el caos y la incertidumbre genera mucha ansiedad. Sin embargo, para una persona codependiente el control se vuelve un búnker, ahí no hay riesgos y se reducen los espacios de vulnerabilidad que, precisamente, nos hacen vincularnos con los demás. El control sobre los demás, lejos de ser es una forma de autonomía, encubre una forma de codependencia, pues las actitudes de los demás están determinando nuestras reacciones. La necesidad de controlarlo todo puede hacer que alguien caiga en adicciones que permitan liberarse, como el alcohol. La adicción al trabajo también sirve como un refugio y una evasión: ahí todo está bajo control y no hay espacio para conectarse con las emociones.

Obsesiones y fantasías. Debido a los miedos y la ansiedad que genera el rechazo, la gente codependiente tiende a pasar mucho tiempo pensando en los demás (o en sus relaciones) hasta convertirlas en obsesiones. De pronto sienten que si algo sale mal es porque han cometido un error. Del otro lado de la obsesión están las fantasías; al estar desfasadas del aquí y el ahora, también son una forma de evadir la realidad, con todo lo bueno y lo malo que ello implica.

Comunicación disfuncional. La dificultad para expresar pensamientos, emociones o necesidades puede ser un rasgo de codependencia, sobre todo cuando la persona siente que no está en posición de decir su verdad porque teme despertar el rechazo, la molestia o el enojo de los demás. En lugar de decir “Esto no me gusta”, pretenden que todo está bien o desplazan su necesidad diciéndole a los demás lo que deberían hacer. La comunicación se enreda y se convierte en manipulación cuando está guiada por el miedo.

Problemas con la intimidad. Esto no se refiere sólo a un problema con la vida sexual sino a la incapacidad de generar cercanía. Surge del miedo a ser juzgado o abandonado si uno se muestra tal cual es. Esta actitud codependiente también tiene la apariencia de una autonomía inquebrantable. Negar el compromiso es negar la propia necesidad de afecto, porque se teme perder esa zona de control, esa “autonomía” donde todo funciona bien.

Volver a escucharse. El amor nos hace vulnerables, y tal vez esa es una de sus mayores virtudes porque nos permite abrirnos, desarmarnos y rearmarnos en la comunión con el otro. Es normal que esa vulnerabilidad nos provoque miedo, porque tememos perdernos a nosotros mismos. También es normal que haya una dinámica de codependencia, porque nos necesitamos uno al otro, pero cuando ello sólo da lugar al abuso o la insatisfacción, es preciso reconocerlo, hablarlo, escucharse uno mismo, replantear los límites. Y si es necesario, pedir ayuda para poder salir de ahí cuando haga falta.

Fuente: mx.mujer.yahoo.com

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