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Qué decir y qué no en la cama

Existen mujeres que nunca lograron decir en voz alta qué les gustaría del hombre que comparte su cama. Si el placer sexual es, a veces, un goce compartido, resulta difícil entender esa inhibición verbal. ¿Ignoran esas mujeres qué es lo que en verdad las excita y por eso no pueden pedir? ¿Simplemente les da vergüenza hacerlo? ¿Creen acaso que los hombres saben qué caricias o estímulos necesitan ellas?

María Fernanda (22 años): “Si querés tener una relación a largo plazo al principio te vas a inhibir para que el otro no se asuste, te vas a cuidar de lo que decís. Mi imaginación es tan grande que callo porque pienso que voy a decir una idiotez”.

Sexualidad es una palabra de múltiples significados. Implica entrega y pérdida de control, supone despertar en la pareja la pasión erótica, buscando un goce compartido. Esa tempestad de emociones asusta, hace que no sea muy sencillo verbalizar los deseos.

Pero ¿cómo se puede tener una charla efectiva sobre sexo si no nos tocamos? Hablar es excitante pero para hacerlo hay que vencer muchas barreras sociales y culturales. Para poder pedir la mujer primero tiene que saber qué quiere y para eso tiene que conocer su cuerpo, tiene que haberlo explorado y es necesario que lo haga. Nada hay más gozoso para un hombre que ella le diga que alcanzó el orgasmo… y que hubiera seguido indefinidamente si él hubiese hecho esto o aquello.

Guillermina (34 años): “Cuesta decirle al otro qué querés y qué no querés. Yo puedo hablar con mis amigas de sexo y me puedo quejar, pero hablarlo con mi pareja es más complicado. Hay situaciones en las que no llegás y me cuesta decirlo. No le cuento mis fantasías, porque  no se qué piensa; además, el lugar de las fantasías es el cerebro y ahí están bien guardadas”.

Saber de sí misma, cuidarse de no herir al hombre, limitar las fantasías o desplegarlas sin medida, cada persona tiene su manual.

Gabriela (30 años): “Trato de demostrarle por gestos qué es lo que me gusta y qué no. El sexo es como un baile, es seguir un poco el ritmo del otro y ver qué va pasando”.

Los ritmos, la frecuencia, las fantasías, el orgasmo, las diversas formas de alcanzarlo, son temas delicados, complejos. Quizá por eso, Silvana precisa: “Yo creo que es más difícil plantearle lo que no querés a una pareja estable que a un tipo con el que estás una sola noche. Yo lo planteo sutilmente durante y después. Antes no. Y siempre hay que tener tacto”.

Sexualidad implica cercanía, contacto físico y emocional, que puede ser extraordinariamente placentero aunque a veces no se haya concretado un orgasmo. Pero si de eso no se habla, si no se guía al otro con palabras, con insinuaciones o pidiendo francamente determinados gestos, entonces surgirán frustraciones y desencuentros. Tan importante y efectivo es el poder de la palabra.

Fuente: http://mx.mujer.yahoo.com

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