Por qué algunos movimientos pacíficos son exitosos y otros no

Un movimiento relevante vs uno superfluo

Nan Grogan Orrock desafió a su familia cuando decidió unirse a la protesta de marzo liderada por Martin Luther King. Sin embargo, lo que llamó su atención para unirse no fue el mítico discurso de I have a dream, sino la condición de los manifestantes.

“Lo mejor de ese día no fue el discurso”, dijo Orrock, quien ahora es una senadora demócrata del estado de Georgia. “Mi mente se encendió con todo lo que estaba viendo y escuchando. Me di cuenta de que estaba presenciando gran valentía. Ese día decidí que quería ser parte de esto”.

A unos días de que Estados Unidos conmemore el 50 aniversario de la marcha por los derechos civiles en Washington, el 28 de agosto, algunos preguntarán: ¿Qué es lo que hace a un movimiento exitoso? ¿Por qué movimientos como el de los derechos civiles progresan y otros, como el Occupy Wall Street se desvanecen?

Existe una receta secreta para que los débiles puedan vencer a los fuertes, dicen quienes han estudiado y participado en movimientos sociales pacíficos. La marcha de Washington y otros movimientos ofrecen algunas pistas.

No dejarse seducir por la espontaneidad

La espontaneidad es muy seductora. Un acto repentino en contra de la represión inspira a otros. Hace unos años, un vendedor en una calle de Túnez fue denominado el impulsor de la Primavera Árabe. ¿Cómo olvidar a aquel hombre que se situó frente a los tanques en Tiananmen Square durante las protestas por la democracia en China en 1989?

Así como en esos casos, en la protesta de marzo en Washington hubo un acto espontáneo que se convirtió en el momento más memorable. La frase I have a Dream no estaba escrita en el guión del discurso. Fue improvisada luego de que al terminar antes de lo pensado su discurso, un cantante de góspel le gritó: “Cuéntales sobre el sueño”.

Sin embargo, la espontaneidad está sobreestimada, de acuerdo con algunos analistas. Los movimientos exitosos son resultado de años de planeación, ensayo y error, honrando así sus estrategias de cambio. Un buen movimiento debe tener una estructura organizacional que se haga cargo de cualquier momento en el que surja un acto espontáneo.

Incluso, algunos movimientos planean sus propios actos espontáneos. ¿Recuerdan a Rosa Parks? Los niños estadounidenses aprenden que Parks fue la mujer negra callada y tranquila que desató el movimiento por los derechos civiles cuando un día, espontáneamente, decidió que no se cambiaría de asiento en el autobús en el que viajaba.

Aquella mujer que parece tan dócil en las fotografías era en realidad una mujer muy fuerte, una activista de los derechos civiles que había sido parte de la Asociación Nacional para el desarrollo de las personas de color (NAACP, por sus siglas en inglés) por 12 años y estudió en una escuela especializada en Derechos civiles y activismo. Las otras mujeres que fueron arrestadas eran solteras o eran madres solteras, que podrían ser caricaturizadas por los segregacionistas como mujeres de una mala reputación. Parks, en cambio era una mujer casada y respetada por su familia.

Más política, menos ruido

A pesar de tener un lema contundente: “Somos el 99%”, el movimiento Occupy Wall Street ocupó las calles cercanas al distrito financiero en Nueva York  y recibió gran cobertura mediática, sin embargo, se desvaneció de la opinión pública en poco tiempo. Contrario a ellos, el Tea Party, un movimiento conservador que surgió en 2009, que pedía mejoras en aspectos similares al Occupy Wall Street, sigue influyendo en la política estadounidense.

¿Por qué el Tea Party tuvo más influencia que el Occupy Wall Street? Porque el partido no solo generó ruido, sino que puso a gente estratégica en cargos públicos, de acuerdo con varios politólogos e historiadores.

Los movimientos exitosos no solo salen a las calles, eligen candidatos, promueven leyes, crean instituciones para recaudar fondos, entrenan a sus miembros y producen líderes, de acuerdo con los analistas. La gente recuerda la marcha de Washington porque tuvo un segundo acto, conseguir que el Congreso pasara la ley de Derechos civiles en 1964 y que les otorgara derechos para votar en 1965.

Un nuevo significado a la palabra castigo

En julio de 1892, 300 detectives estadounidenses se enfrentaron a un grupo de empleados de la industria del acero en Pennsylvania. Los trabajadores protestaban por mejores salarios en una época en la que el horario habitual de trabajo era de 12 horas por día, seis días a la semana. El enfrentamiento terminó con la vida de 10 personas. Fue la huelga de Homestead. Algunos creen que los estadounidenses actuales son muy flojos para tomar los riesgos de aquellos obreros.

“Cuando las personas han experimentado suficiente dolor, entonces se movilizarán, dijo Pizzigati, un periodista laboral y asociado del instituto de estudios de política. “Cuando la situación de las personas empeora, cuando algo cambia, cuando las cosas que las personas dan por sentado, de repente se van por la borda, entonces se promueve el sentimiento inicial que logra unir movimientos”.

En ocasiones, no hay un momento catártico en el que una persona decide integrarse a un movimiento. Puede ser la humillación constante de ser tratado como ciudadano de segunda clase. Los participantes del movimiento por la igualdad de los homosexuales sufrieron por años en silencio. Eso cambió cuando un grupo de personas considerable decidieron que el dolor de “comportarse externamente de una forma contradictoria a como lo harían en privado, contradice la verdad”. Ellos “redefinieron el castigo”.

Divide a las élites

Es muy sencillo condenar al “Orden regente” en las charlas con amigos. Sin embargo, se debe estar consciente de que habrá que jugar su juego. “Los movimientos en algún punto deben ser apoyados por la élite”, dijo Kazin. “Se necesita legitimidad».

El movimiento por los derechos civiles obtuvo el apoyo de las elites cuando el Partido Demócrata los apoyó en la convención de 1948, incluso cuando los republicanos sureños y algunos demócratas abandonaran la sala.

Sin embargo, un movimiento no puede apelar a la labor altruista de las élites para pedir su apoyo, sino que éstas deberá sentir los intereses del movimeinto como los propios.

Aquellos que dan más a los movimientos muy frecuentemente no venpremios por correr los riesgos. «Nosotros plantamos las semillas, pero no sabemos cómo se verá el cultivo final», dijo Parker J. Palmer, autor del libro «Healing the Heart of Democracy». «Esa es quizá es la lección más dura de todas».

Fuente: http://mexico.cnn.com/

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