Cómo era Felipe Calderón con sus colegas

Cómo era Felipe Calderón con sus colegas

La charla con Jorge Herrera Caldera se animó cuando le pedimos que contrastara el comportamiento de Felipe Calderón y Enrique Peña. “Pasamos de la noche al día”, nos dijo el mandatario de Durango, de extracción priista. Con el panista era el ostracismo; con el priista, “la comunicación abierta”.

El momento fue aprovechado por el duranguense para sacar los agravios acumulados en contra del ahora ex Presidente. “Un día casi me da un chingadazo porque le dije que él nada tenía que ver en la construcción de la supercarretera Mazatlán-Durango”, recordó.

La supercarretera es una obra monumental. La mayor que se ha hecho en México. Tiene 63 túneles y 57 puentes, entre ellos El Baluarte, el más grande del mundo. La inversión total es de 28 mil millones de pesos.

A juicio del duranguense, Calderón no era muy comunicativo con los gobernadores
. “Ni cuando iba a los estados hablaba con nosotros. Él siempre con su BlackBerry. No nos hacía caso…”, asegura.

Recuerda un recorrido que hizo con Felipe en la mencionada supercarretera. Iba el gobernador aliancista de Sinaloa, Mario López Valdez. Eso lo hacía concebir esperanzas de que había comunicación. Pero nada. “Queríamos sacarle plática. Nos respondía “permítanme”, sin apartar la vista del celular. No nos daba ni el trayecto”, resumió.

El duranguense recuerda las reuniones de los gobernadores con el panista, convocadas en la Ciudad de México. Eran estadísticas y más estadísticas. Seis horas de pérdida de tiempo “y él con la BlackBerry…”.

No se le olvida que en un desayuno con Calderón le salió lo francote a Fernando Toranzo. El gobernador de San Luis Potosí le dijo al entonces Presidente de la República: “Yo sí soy bueno para la estadística. Todo esto vale madres”.

Sobra decir que la tierra de Francisco González Bocanegra fue una de las más castigadas en materia de recursos durante el sexenio de Felipe.

Ya encarrerado, mencionó el trato de “gatos pulgosos” que le daba a sus colaboradores panistas, Luis Felipe Bravo y Tarcisio Navarrete. “Hasta con los suyos era déspota”, recalcó.

La percepción que tenía de Felipe la sintetizó el gobernador de Durango en una frase: “Vivía encabronado…”.

La cita con Jorge Herrera Caldera se pactó el pasado viernes a las 9:30 de la mañana en el restaurante del Hotel Fiesta Americana Grand Chapultepec. Llegué con la idea de que el gobernador de Durango me iba a tirar un choro sobre los logros alcanzados durante sus dos años y pico de gestión.

La charla empezó con el tema de seguridad en la región duranguense de la Laguna. Un motín en el Cereso de Gómez Palacio con saldo de 24 muertos encendió los focos rojos en diciembre. Siguió el desarme de las policías municipales. A todos los corrieron.

Luego, la ejecución de las órdenes de aprehensión y presentación de los jefes policiacos. Eran cómplices del cártel que el mandatario llama Los Insurrectos del Chapo (escisión del cártel de Sinaloa que opera en esa región).

Para respaldar sus palabras, nos dio un folletito engargolado en el que se lee que los homicidios en la región lagunera de Durango bajaron 35% en las tres primeras semanas de enero; los robos con violencia, 34%; los robos de vehículos, 34 por ciento…

Lejos estaba de imaginar que 72 horas después, en la Comarca Lagunera, tres negocios de la alcaldesa de Gómez Palacio, Rocío Rebollo, fueron incendiadas.

■La duda se despejó. Marcelo Ebrard va por la presidencia del PRD. Se lo dijo a Humberto Padgett, del diario digital Sin Embargo, que dirige Jorge Zepeda Patterson.

La cosa es saber si tiene con qué disputarla. No es chucho, no es bejaranista, no es de ADN ni de Foro Nuevo Sol. No tiene fuerza en las cámaras ni en la ALDF. Menos en el GDF.

Su respaldo a Mario Delgado lo distanció del jefe de Gobierno capitalino, Miguel Mancera. Éste no le debe nada y se lo ha hecho notar. Marcelo tiene que pactar con las grandes corrientes para suceder a Jesús Zambrano. No es fácil con las 13 tribus del PRD.

Una cosa sí tiene clara. “Nunca me iría a Morena”. En otras palabras, con El Peje, nada.

¿Aunque se frustre su sueño de llegar a la Presidencia de la Republica en 2018? Es pregunta.

Enrique Peña Nieto recupera lo que a sus antecesores panistas no les interesó: el diálogo con el Congreso. El jueves próximo regresa al Senado. Una sesión solemne para conmemorar los cien años del Ejército mexicano. El hecho es inédito. El Presidente de la República hará uso de la tribuna en ese acto.

Otrora sólo hablaba en el día del Informe.

En la ceremonia de entrega de la Medalla Belisario Domínguez es convidado de palo. Finalmente, como reconoce Ebrard en la entrevista con Sin Embargo, Peña no es tan limitado como lo quieren hacer aparecer. “Ya sé que no lee mucho, pero no pareciera ser esto un requisito hoy en día en el mundo”, remató.

Fuente: www.excelsior.com.mx

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