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Actitudes y creencias que juegan en contra de la mujer

Las mujeres heredamos, aprendimos y asumimos algunas actitudes y creencias que juegan en nuestra contra. Muchas de ellas están en la memoria colectiva y se activan como una reacción “natural”, aunque de natural no tienen nada.

ÉStas son las actitudes más nocivas:

1. Darle gusto a todos. No importa cuánto tiempo pasemos frente al espejo tratando de tener la apariencia más “deseable” o más “adecuada”, de todas formas siempre habrá alguien que proyecte sus frustraciones y gaste su tiempo criticándonos. Yo me repito: es lo que hay y lo que hay me acomoda, la vida es más interesante que eso que veo (y juzgo) en el espejo. Agradezco lo que tengo porque funciona, me permite sentir, pensar, existir…

2. Asumir culpas. Cuando alguien que quiero está enojado, una parte de mí me hace pensar que yo hice algo para que eso ocurriera. Creí que era una reacción mía, pero cuando lo hablo con otras mujeres me percato de que es un miedo aprendido y más o menos común. Como recordatorio: asumir el rol del culpable quita mucha energía.

3. Pedir perdón. A veces, incluso al escribir una opinión en el muro de Facebook, me doy cuenta de que el comentario va antecedido de la palabra “perdón”: “Perdón que lo diga pero no me parece correcto”. O bien, en las discusiones de pareja, nos disculpamos por ser como somos y no por los errores que hayamos cometido. En mi agenda pegué una notita que dice: “no tengo que pedir perdón por decir lo que pienso ni por ser como soy”

4. No hacernos caso. Recibo una invitación y digo que sí sin pensarlo, aunque en el fondo no quiera más que darme un baño y dormir. Mis tripas me dicen “no lo hagas”, pero no me doy crédito y tomo la palabra de los demás como la única válida. Si hay algo que tenemos que aprender para que nuestras hijas no lo repitan inconscientemente, es a poner límites y a escucharnos a nosotras mismas.

5. Dudar de nuestros logros. Nos han enseñado a dudar del reconocimiento profesional que recibimos. Heredamos toda clase de astucias mentales para negar el valor de nuestras ideas y nuestras acciones. Aprender a recibir los reconocimientos profesionales y a confiar en nuestros talentos es todo un trabajo de reconfiguración mental. Si los demás nos reconocen, es por algo.

6. Criticar sistemáticamente las fotos. Puedo contar con una sola mano las mujeres que quedan satisfechas o contentas cuando ven una foto suya. Me pasa que cuando veo una foto reciente, me encuentro un defecto que los demás no ven. Luego, al cabo de un tiempo, vuelvo a ver las fotos y me digo: “pero si no salí tan mal, no sé por qué pensé que me veía gorda/fea/rara/despeinada”. Nuestras obsesiones están en la cabeza, no en las fotos

7. Comparamos nuestra vida con la de los demás. Lo que vemos en las redes sociales puede hacernos sentir que los demás tienen una vida mucho más interesante que la nuestra. Se nos olvida que hay decenas de estudios que muestran cómo estos sitios tienen la capacidad de magnificar nuestras frustraciones. Cuando me sorprendo en esa actitud patética, me digo: eso que veo es un fragmento de una historia, un relato que otros cuentan sobre sí mismos. Es su historia, no la mía. Mi vida es tan interesante como yo la haga

8. Juzgar/odiar/criticar/obstaculizar a otras mujeres. Desde hace siglos se juzga a la mujer por cada cosa que hace o deja de hacer, eso se debe a que desde la religión o la ley se nos ha considerado como “menores de edad”, vehículos de pecado o seres incapaces de tomar las decisiones “correctas”. A las mujeres también se nos enseñó a criticarnos unas a otras, a juzgar a aquellas que no son lo que “la sociedad” espera de ellas. Por eso, cuando me sorprendo a mí misma haciendo juicios sobre otras mujeres, me detengo, recapacito y repito: cada mujer tiene su propio proceso de aprendizaje, sus decisiones son su mejor escuela y nadie tiene derecho a juzgarla

9. Somos nuestro peor juez. En muchos ámbitos profesionales y sociales, las mujeres tenemos que hacer el doble de esfuerzo para obtener la mitad del reconocimiento que reciben los hombres. Y aunque eso comienza a cambiar, nuestra autoestima fue construida con los parámetros de antes. Pero es agotador y nada productivo. Yo me digo: menos juicios y más compasión

10. Hacer como que no pasa nada. Si una mujer expresa su desacuerdo, en seguida se le desacredita llamándola loca, exagerada, enojona, argüendera o mitotera. Nos dijeron: “calladita te ves más bonita”, una chica no debe “dar molestias” ni confrontar a los demás. Y cuando una asume esas ideas, termina por hacer “cara de nada” ante cosas que rechaza profundamente. OJO: la supuesta belleza de una mujer no tiene que ver con la sumisión. Y sí, hay que despeinarse (literal y metafóricamente) para defender lo que pensamos y lo que deseamos

11. “Se me pasó el momento de ser madre”. La identidad de una mujer no se define por la capacidad de procrear. Si bien la maternidad está inscrita en nuestra anatomía, no es una obligación ni un destino biológico, es una elección. A veces pienso que si pasa el tiempo y resulta que ya es “demasiado tarde” para procrear, puedo elegir ser madre a través de la adopción

12. “Si es soltera, tiene algo raro”. Una mujer no necesita de un hombre para definir su identidad o construir su felicidad. Una mujer es un ser completo en sí mismo, y si tiene pareja, es para compartir la vida y hacerla significativa. No hay nada de “malo” en la soltería. Ultimadamente, una persona con pareja tiene tantos defectos como una persona soltera. La vida en pareja es una elección, no es un baño de pureza ni una prueba de “normalidad” ni una legitimación de la existencia

13. Resignarse. No es exclusivo de un género, sin embargo, creo que a las mujeres nos hicieron creer que tenemos una “disposición innata” para la resignación. En las condiciones actuales, creo que la resignación es un pretexto para no cambiar patrones negativos de conducta. Hay una diferencia muy grande entre resignarse y elegir las batallas que uno va a librar en la vida

14. Hacer cosas “por compromiso”. Con la única persona con la que tenemos que “quedar bien” en la vida es con nosotras mismas. Podemos hacer actos solidarios con nuestra pareja y acompañar a la familia en ciertos momentos. Pero eso no quiere decir que debamos forzamos a asumir compromisos para no ser juzgados por un ente tan abstracto como “la sociedad”

15. Proyectar el futuro en los primeros cinco minutos. Hay tantas expectativas construidas en torno a la pareja que parece inevitable proyectar hijos, casa, vida profesional, viajes y vejez desde la primera cita. Cuando ponemos la cortina de nuestras expectativas en primer plano, perdemos toda posiblidad de conocer realmente al otro. Futurear prematuramente no es la mejor forma de comenzar una relación. Hay que dejar que el otro se muestre y fluya sin la presión tácita de nuestras expectativas

Fuente: http://mx.mujer.yahoo.com/

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