La
radiactividad está presente en la vida cotidiana, sin
embargo la exposición prolongada, la distancia y la predisposición
genética de las personas pueden generar
efectos en la
salud desde la
mutación hasta la
muerte masiva de células.
Las autoridades japonesas
determinaron evacuar 30 kilómetros alrededor de la
planta nuclear de Fukushima
para proteger a su población, si bien algunos expertos
aseguran que el riesgo no es comparable con la catástrofe de
Chernobyl, sí existen posibilidades de dispersión de partículas
radiactivas alrededor del mundo y por ende de sus efectos.
Jorge Antonio Amezquita Landeros,
profesor investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana
unidad Xochimilco, explicó que los isótopos radiactivos producen
cambios en todas las células que se están reproduciendo.
"Mientras mayor actividad celular se
dé en las células mayor probabilidad de mutaciones hay. Los humanos
tenemos procesos de reproducción celular a lo largo de la vida,
sobre todo el tejido celular en el tracto digestivo y en la piel
están cambiando constantemente.
"Por eso las mujeres embarazadas y
los niños son quienes corren más riesgo ante la exposición
prolongada por que tienen una cantidad masiva de células
reproduciéndose. Sin embargo es importante señalar depende de la
predisposición genética, predisposición física o si una persona
tiene alteraciones en su alimentación son factores determinantes
para explicar los efectos en la salud", dijo en entrevista con EL
UNIVERSAL.
El médico cirujano aseguró que las
células más sensibles a la radiactividad son las de la glándula
tiroides que regula las funciones anabólicas del cuerpo, su
desarrollo y la activación del sistema inmune.
"Una forma que han utilizado en Japón
para proteger a su población de los efectos radiactivos es la
distribución de pastillas de yodo. Este yodo se acumula en la
tiroides e impide que se acumule material radiactivo en la glándula
que es la más susceptible en degenerar en cáncer de tiroides",
explicó.
Dependiendo el tiempo de exposición y
el elemento químico se puede generar mutaciones en las células,
muerte en glóbulos blancos y hasta el desarrollo de todo tipo de
cánceres o muerte súbita.
Cuando una célula recibe radiaciones,
sufre distintas alteraciones, que pueden ser más o menos graves,
según la dosis recibida. Si las células afectadas son las que
intervienen en la reproducción, los efectos pueden transmitirse de
padres a hijos
Radiación en todos
lados
El investigador del Departamento de
Atención a la Salud de la UAM-X explicó que la radiactividad es una
propiedad natural que poseen algunos elementos químicos al emitir
partículas electromagnéticas.
La descompensación entre el número de
neutrones y protones en el núcleo del átomo los hace inestables y
por tanto liberan la energía acumulada en forma de ondas que hacen
reaccionar a toda la materia, incluidas las células humanas.
La liberación de esta energía es la
fisión nuclear que
aprovechan las centrales nucleares para producir electricidad. En
condiciones normales se utilizan barras de cadmio y de boro por sus
cualidades para absorber los neutrones y regular la reacción, en lo
que también ayudan los reactores con múltiples capas que frenan la
radiación.
De acuerdo con el Consejo de
Seguridad Nuclear (CSN) de España las tres cuartas partes de la
radiactividad que normalmente hay en el medio ambiente proceden de
los elementos naturales de la Tierra, en su mayoría del gas radón
que se escapa de las rocas como consecuencia de la desintegración
del uranio que éstas contienen.
Otro tanto procede de los rayos
cósmicos que son filtrados por la atmósfera y también existe la
artificial que se utiliza para generar electricidad o con fines
médicos.
El CSN asegura que sólo 1% de los
niveles de radiactividad habitual lo producen las centrales
nucleares operando en condiciones de normalidad. Sin embargo la
falla en los sistemas de enfriamiento en los reactores de la planta
de la empresa Tokyo Electric Power alertaron a la comunidad
internacional al recordar la catástrofe de Chernobyl.
Hasta ahora se sabe que Fukushima ha
liberado yodo y cesio (C-137) pero se desconocen las cantidades y la
alerta sigue en nivel cuatro según la Escala Internacional de
Sucesos Nucleares y Radiológicos.
Cada elemento radiactivo tiene su
propia vida. Algunas partículas sólo son activas durante períodos de
tiempo muy cortos mientras que otras, como el uranio 238, se
mantienen activas durante miles de millones de años.
En el transcurso de este tiempo y en
sucesivas desintegraciones, los elementos inestables se transforman
en otros, para terminar convirtiéndose en elementos estables. De
este modo, el uranio 238 se transforma en radón antes de convertirse
en plomo.
Este proceso se conoce como periodo
de semidesintegración. Cuando ha transcurrido un periodo, la
cantidad de sustancia radiactiva se reduce a la mitad así
sucesivamente.
"El periodo del uranio-238 es de 4
mil 500 millones de años; el del radio-226, mil 600 años, y el del
radón-222, cuatro días", explicó el CSN en un comunicado.
Epifanio Cruz Zaragoza, coordinador
de Irradiación y Seguridad Radiológica del Instituto de Ciencias
Nucleares (ICN) de la UNAM, dijo que lo que queda es monitorear las
emisiones de la central japonesa y evitar una fundición de uranio,
plutonio y alfa, pues ese líquido, al hacer contacto con el núcleo
del reactor, provocaría una explosión y la emanación de elementos
radiactivos potencialmente nocivos para la salud.
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