La radioactividad que se ha liberado
a la atmósfera tras los
accidentes nucleares en varias centrales japonesas son, por el
momento, "leves" y no suponen "daño humano", ya que los
niveles de radiación son "similares" a los que produce una
tomografía axial computarizada (TAC) de tórax o abdomen. Así lo
explicó ayer a Europa Press el
jefe del Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital
Gregorio Marañón de Madrid, Rafael Herranz, recordando
por ello que "si no aumenta la dosis, no tiene por qué tener
ningún efecto para la salud" de los ciudadanos.
El primer peligro de la radiación es
invisible y no huele, por lo que
es difícil protegerse de ella.
La recomendación de la OMS incluye encerrarse en casa y lavar a
conciencia el cabello y el cuerpo si se ha estado
expuesto a ella. Entre los efectos de la radiación está el
aumento de los casos de cáncer de tiroides,
por la presencia del yodo
radiactivo en la atmósfera. Para frenarlo se suele
administrar yodo a la población, medida que las autoridades
niponas todavía no han tomado.
¿Qué efecto tienen las
pastillas de yodo?
Contrarrestan el efecto del yodo
radiactivo, cuyo efecto más
agresivo es favorecer este tipo de cáncer. Con las pastillas la
tiroides se satura de yodo no dañino, de modo que
cuando el radiactivo se inhale o se ingiera a través de los
alimentos, el organismo no lo acumula. Se elimina a través de la
orina.
Las autoridades ucranianas
tampoco tomaron esta medida de
prevención en el desastre de Chernobil, lo que causó más de
6.000 casos de cáncer de tiroides entre la población cercana.
Tras ese desastre se multiplicó por diez los casos de cáncer de
tiroides en centroeuropa.
Otro de los componentes de la
nube tóxica que podría
producirse si se agrava la situación de la central de Fukushima
es el estroncio, que se acumula en los huesos más de 30
años y continúa irradiando el organismo.
Es el responsable de todo tipo
de cánceres tras la exposición a la radiación,
especialmente los de huesos y los tumores cerebrales.
Eduardo Gallego, presidente de la
Sociedad Española de Protección
Radiológica (SEPR), estima que una exposición más
elevada puede conllevar otros riesgos para la salud, como la
aparición de enfermedades cardiovasculares.
La exposición prolongada podría
provocar cánceres (en la sangre, pulmones, colon...) de
una gravedad proporcional a la dosis absorbida.
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