FAMILIARES DE
MEXICANOS EN MALASIA AFIRMAN QUE SON INOCENTES
Desde que se enteró de que sus
tres hijos podrían ser condenados a la horca en Malasia, por
presuntamente traficar y distribuir metanfetaminas en el
sudeste asiático, doña Carmen Villarreal Espinoza empezó a contar
los días.
Para ella, estas horas han sido de
agonía, pues nada sabe de la situación penal que enfrentan sus tres
hijos, quienes se encuentran en una
prisión de máxima seguridad cerca de la frontera con
Singapur.
Los datos que tiene la familia fueron
retomados de medios impresos mexicanos, ya que hasta el momento
ninguna autoridad mexicana se ha
acercado con ellos para ofrecerles información sobre la
situación procesal de sus tres hijos: Luis Alfonso González
Villarreal, de 43 años, Simón, de 36, y José Regino, de 33.
Villareal cuenta que se enteró de que
están a punto de ser condenados
a la pena de muerte por ahorcamiento en el país asiático por lo
publicado esta semana en el diario mexicano
Milenio.
De aspecto humilde y rodeada de su
esposo, hijas, nueras y nietos en una de las colonias de la
periferia de la ciudad de Culiacán, afirma que
sus hijos son gente decente y de
trabajo, a quienes no ve desde hace tres años luego de
que abandonaron su tierra por mejorar su calidad de vida.
La noticia le cayó como "balde de
agua fría" y lo que más anhela ahora es volverlos a ver con vida.
Por ello, clama ayuda a la
cancillería mexicana, pues su condición económica y un
problema cardiaco la imposibilitan para viajar en avión.
“Mis hijos, gracias a Dios,
que nunca han andado en malos pasos,
ellos no tienen nada de antecedentes, nada”, presume.
Con la voz entrecortada y al borde
del llanto, afirma que sus hijos se
dedicaban a la elaboración de ladrillos, actividad que
apenas les da para mal comer.
La situación de los jóvenes se
complica mucho más pues requieren con urgencia de
la ayuda de un traductor
para preparar su defensa.
Doña Carmen dice que fue durante
febrero de 2008 cuando sus tres
hijos decidieron armarse de valor y buscar mejores
condiciones de vida en otro lugar, pero recordó que jamás le
comentaron a dónde se irían a trabajar, con qué personas y hacia
dónde.
“La última vez que los vi fue a
principios de febrero, o a mediados, no recuerdo bien, y
me dijeron que iban a un trabajo,
que un amigo los había invitado y que a la mejor pal’
Día de las madres iban a volver
y, pues, inútil, no volvieron”, destaca.
Un mes después, en marzo de 2008, sus
hijos Luis Alfonso, Simón y José Regino se comunicaron para darles
la noticia que de habían sido detenidos
al ser confundidos como
narcotraficantes.
Hasta el momento, ni la cancillería
ni el gobierno estatal o la Comisión Estatal de Derechos Humanos se
han acercado a su familia para
ofrecerles apoyo. Ellos tampoco se han acercado a las
autoridades mexicanas.
Al presidente de la República,
Felipe Calderón Hinojosa, le “pido que nos eche la mano
para sacar a nuestros hijos de allá”.
Tiene la esperaza de que sus tres
hijos regresen a casa sanos y salvos.
“Yo le pido a dios que nos ayude, que
nos dé fuerza y verlos”, ruega la desesperada mujer.
Afirma que la desesperación es mayor
porque no mantienen ningún contacto
con la embajada de Malasia, y el abogado de sus hijos no
habla español ni inglés, sólo malayo, por lo que
piden con urgencia un traductor
para conocer sobre la situación penal que enfrentan.
La hermana de los indiciados,
Alejandrina González Villarreal, señala que
sus hermanos fueron detenidos el 4
de marzo de 2008 y un día después éstos se comunicaron con
ellos para darles la noticia.
Cuenta que su hermano le pidió el
celular prestado a un asiático que también fue aprehendido junto con
ellos para darles cuenta sobre su situación de detención.
Luis Alfonso es padre de 2 niños,
Simón de una niña y un niño, y José Regino de una niña.
“Ellos cuando se fueron no nos
dijeron nada, ellos nomás nos dijeron ‘nos ofrecen un trabajo’,
ellos toda la vida han trabajado en
las
ladrilleras, nos ofrecen un mejor trabajo, fue lo único
que nos dijeron; vamos a probar suerte, mas no nos dijeron a dónde
iban, a qué iban a trabajar ni nada”, dijo.
Pero de algo está consciente:
sus hermanos son inocentes,
ya que al momento del cateo realizado en la fábrica los tres iban
pasando por el lugar.
Sólo Luis Alfonso y Simón lograron
culminar sus estudios de preparatoria para luego dedicarse a
elaborar
ladrillos.
Dice estar desconcertada por la
noticia y más por la desesperación de
no saber qué hacer o a
quién recurrir para solicitar ayuda.
“No sabíamos nada, hasta ayer nos
enteramos por el periódico, y las noticias de televisión, estamos
bien desconcertados porque ellos no estaban trabajando en esa
fábrica. Ellos estaban fuera de la fábrica, yo me imagino, no sé
cómo le dirán allá, aquí se le dice un cateo, ellos iban pasando por
allí, yo me imagino que fueron
detenidos por ser extranjeros”, dijo.
Pondera que el abogado que retomó el
caso no está cobrando un solo peso
y está llevando el proceso porque le llamó la atención que fueran
mexicanos, ya que se encuentran desamparados, pues
no cuentan con la ayuda del
gobierno mexicano, mucho menos de la Embajada de México en
aquel país.
Al igual que su madre,
Alejandrina pide la ayuda del
gobierno federal y la asignación urgente de un traductor
para preparar la defensa de sus tres hermanos ya que
sus días están contados.
Y es que de ser encontrados
culpables, Luis Alfonso, Simón y José Regino,
la ley malaya no contempla otra
opción más que ejecutarlos.
Este miércoles, el gobernador de
Sinaloa, Mario López Valdez, no quiso opinar sobre el tema sin antes
obtener más información, ya que desconoce de qué se les acusa. Fuente

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