LOS ACCESORIOS DE
VINO MÁS Y MENOS ÚTILES
Conservadoras,
sacacorchos raros, decantadores y avejentadores son algunos de
los objetos que prometen la felicidad para el amante del vino.
¿Vale la pena invertir unos pesos en ellos? ¿En cuáles?
Hacé la prueba. Poné en Google
imágenes las palabras “wine accessories” (así, entre comillas) y
verás tal cantidad de aparatos que te vas a asombrar: nada menos que
2,6 millones de resultados arrojados. Desde envejecedores magnéticos
que prometen hacer un Pétrus de un Carcassone, a un vertedor de
cuatro copas al mismo tiempo –como si se tratara de un narguile
turco-, para no hablar de la cantidad de sacacorchos con todo tipo
de imágenes –desde coloridos y naif guacamayos a otras de sexo
explícito, en las que el tornillo promete virilidad a tirabuzón. ¿Es
que el tema da para tanto?
Claro que da. En una regalería de avenida Santa Fe encontrás por
lo menos la mitad de estas fantasías accesorias, sino un poco más.
¿Será que son baratas? ¿Será que son curiosas? ¿O que en verdad
cumplen funciones imprescindibles a la hora de beberse un buen
Malbec? Cualquiera sea el caso, si tenés ganas de gastar unos pesos,
estos son algunos de los accesorios que vale la pena comprar y otros
que es mejor evitar.
Decanter: poco útil, pero cool. Hablamos de una gran y
hermosa jarra, en forma de trompo invertido, construida en puro
cristal soplado. Se llama decanter y se usa para vinos viejos, ya
que al servirlos las borras quedan atrapadas en su interior y el
líquido llega limpio a la copa. De paso, aumenta la aireación del
vino, y en algunos casos, ayuda a que se expresen mejor sus aromas.
Hasta aquí, todo bien. Pero la verdad es que, al menos en nuestro
medio, beber un vino viejo es más una utopía que una realidad: si
encontrás un botella anterior a 2007 en la góndola, sentite
realizado para darle vida a tu decanter. Y eso, sin mencionar que
lavarlos es tal dolor de cabeza que lo vas a usar una sola vez y
listo. Consejo útil: en vez de gastar plata en decantadores –que
vas a pagar unos 200 pesos por marcas nacionales como San Carlos –
comprá un par de buenas botellas y disfrutalas.
Bomba extractora de aire: muy útil. El enemigo número
uno del vino es el oxígeno. Cuando aparece, incluso la botella más
cara se avinagra más o menos rápido. El enemigo número dos, el
consumidor que no se termina la botella y que la deja reposar una
semana con aire dentro. Para salvar este último crimen se inventaron
hace tiempo unas bombas extractoras que ayudan a conservar una
botella abierta. Funcionan como un inflador invertido que, al
generar vacío en el interior de la botella, ajusta aún más el tapón
de goma que emplea para sellarla. Las mejores son las holandesas
Vacuum Wine Saver, que ahora vienen con un sistema que hace “click”
cuando se alcanza el vacío ideal. En
youtube te explican cómo usarlas (medio como la telescuela
técnica). Lamentablemente no son fáciles de conseguir en nuestro
país.
Amazon te resuelve el problema por menos de 14 dólares.
Conservadoras de vinos: depende para qué la quieras. Si
tenés una colección de 300 botellas por las que pagaste un promedio
de 150 pesos cada una, no hay cuenta que resista la compra de una
conservadora de vinos. Sería como tener una colección de orquídeas y
dejarlas en el balcón de tu casa para las riegue la lluvia. Si este
es tu caso, lo mejor es buscar marcas como Wine World, Climatif o
Eurocave, que si bien son caras, tienen buenos sistemas de frío y no
hacen ruido. Pero si querés invertir en una conservadora de 24
botellas para la oficina o el quincho, vas a hacer el peor negocio.
Máquinas como Cool Brand o Wine Collection son lindas y baratas,
pero no usan compresor, gastan más electricidad y, lo peor, no
conservan la temperatura ni la humedad.
Sacacorchos exóticos: no sirven. El sacacorchos, según
los expertos, está entre los inventos que mayor cantidad de patentes
tienen registradas. Lo que no significa que sean todos buenos. Es
más, como indudablemente no existe el sacacorchos definitivo,
ninguno es realmente perfecto. Así es que mejor hacé foco en un
típico Gaumen con palanca de doble impulso ($25) que usan los mozos,
antes que un Rabbit, uno de planchuelas o neumático más fashionetas
pero frágiles. Te vas a comprar un problema en vez de una solución.
Embudo Oxigenador: lindo la primera vez. Cuando lo ves
funcionar, en tu cerebro se activa algún resorte que impacta sobre
el deseo con la fuerza de un impulso instantáneo: lo querés, y lo
querés ya. Su aspecto semeja al de una turbina, pero es de acrílico,
y en su interior no hay otra cosa que un embudo negro. Y desde la
base del embudo se desprenden dos finos canalículos de aire, de
forma que cuando el vino desciende por el embudo, por ellos entra
una corriente que produce un silbido agudo y constante. Será como
usar un silbato o un atrapa miradas. Y ahí otros resortes se
dispararán en la cabeza de los demás y el ciclo empezará de nuevo.
Eso, la primera vez. La segunda es un fiasco que, como oxigenador
funciona, pero no tiene la gracia del Decanter ni su utilidad para
atrapar las borras. Cuesta $160; con estilizado pie de acrílico,
asciende a 450 pesos.
Envejecedor de vinos: el gran bluef. Si el tiempo es
dinero ¿cuánto cuesta ganarle al tiempo 5, 10 o 20 años de
añejamiento en un vino? Hablamos de un producto que, al menos en su
promesa, convierte un Cabernet joven y áspero como una lija en un
vino sedoso y amalgamado con tan sólo media hora de funcionamiento.
¿No lo creen? Yo tampoco. Pero en cualquier caso están a la venta
dos modelos de envejecedores de vino: uno magnético, conocido como
“The Perfect Sommelier”, y otro que al parecer trabaja con
ultrasonido, llamado “Ultrasonic Wine Ager”. Por suerte, hasta ahora
no vimos ninguno en Argentina. Pero si querés sacarte las ganas,
arrancan en 50 dólares en la web.
Termómetro: ideal obsesivos. El termómetro es una
herramienta útil y obsoleta al mismo tiempo. ¿Quién precisa saber si
el vino está a 23 o 24,5ºC cuando la verdad es que se lo siente
caliente al paladar? Y caliente, en un vino, es igual a decepción.
El único problema es que tenés que abrir la botella para emplear un
típico termómetro de alcohol, por ejemplo, y ya es tarde para
arrepentirse. Existen, sin embargo, algunos que miden la temperatura
del vidrio: ópticos o por contacto, son útiles en la medida en que
la obsesión que te lleva a emplearlos encuentra consuelo. Si querés
cumplir tus fantasías de precisión, gastá $50.
Kit de aromas: lúdico. A la hora de hablar de vinos
saber de aromas es un gran plus. El problema es que rara vez se
tiene la nariz entrenada para detectar las frambuesas de los
arándanos, o la madera de cedro de la del roble. Para conseguirlo,
existen unos hermosos kits de esencias que, para tener en el living
de tu casa y sentarte con una señorita a jugar a adivinarlos, son
perfectos. Tené en cuenta el precio: Le Nez du Vin –el más clásico y
completo que hay, de origen francés- viene con 54 esencias típicas
de los vinos y asciende a unos 462 dólares que comprás en
Gattorna.com.ar. Hay opciones más económicas. Por ejemplo
Spíritu, hecho en Buenos Aires, que viene 20 esencias típicas de
vinos locales, y que comprás por 500 pesos en
aromasdevino.com.
Bolsos de vino: muy útiles. Llevar botellas es un
verdadero dolor de cabeza. Si vas a un restaurante con en el que
hacen descorche, queda flojo aparecerte con el vino bajo el brazo;
si vas a casa de unos amigos y tenés que llevar dos o tres botellas,
bolsos y mochilas te quedan chicos o grandes y encima vas haciendo
un ruido de vidrio que te avergüenza. Por eso, te recomendamos que
inviertas unos pocos pesos en dos modelos de bolsos para vino que
son realmente pintones. Uno, son bolsas de neoprene, que además
mantiene el vino a temperatura. Una marca que le pone buen diseño y
color es Built in NY, por la que vas a pagar unos $110 por bolso
para una botella. Sino,
Gattorna.com.ar también ofrece unos de lona muy resistentes y
bonitos; para tres botellas, los pagás 180 pesos.
Cortagotas: fundamental. El más nimio, barato y fácil
de conseguir de todos los accesorios de vino es además el más útil.
Se trata de unas láminas circulares de celuloide que se enrollan y
ponen en el cuello de la botella formando un pico de borde bien
agudo. Ergo, esa gota que te arruina siempre el mantel, deja de
existir. Con un kit de tres, tirás todo el año y cuestan 25 pesos.
Si tenés suerte, hasta por ahí te lo regalan en una vinoteca. Eso
sí, auspiciado por alguna bodega.
Esta nota la publiqué en Play Boy #76, abril de 2012. Lamento no
poder aportar las fotos de Paula y Yamila, que decoraron con mucho
más encanto la páginas de la revista. Fuente
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