RAZONES PARA LA
CAÍDA Y SALVACIÓN DEL EURO
Mario Draghi abrió la boca y desató la tormenta. La semana
pasada el presidente del
Banco Central Europeo (BCE) había despertado expectativas en
los mercados al decir que "haría todo" para salvar al euro. Este
jueves señaló que no intervendría a menos que lo pidieran los
mismos países. La reacción de los mercados fue instantánea:
aumento del
riesgo país de España e Italia, caída de los mercados
bursátiles europeos y asiáticos, nerviosismo en la apertura de
las bolsas el viernes.
Según Adam Leaver académico de la
Manchester Business School y miembro del centro
interdisciplinario CRESC (Centre for
Research on Socio-Cultural Change), tanto la intervención de
Draghi como la reacción de los mercados apunta a una enfermedad de
fondo del sistema financiero internacional.
"Es tan extraordinaria la reacción a lo que dijo la semana pasada
como la que tuvo ahora. Es una medida de la volatilidad y la
incertidumbre del actual sistema financiero que no ha salido de la
crisis de 2008", señaló Leaver a BBC Mundo.
Esta incertidumbre global está atravesada por una crisis de la
eurozona que empieza a parecer crónica: crecimiento nulo o
negativo, austeridad, déficit fiscal y recesión, altos niveles de
deuda con fuertes vencimientos a corto plazo.
Con este telón de fondo BBC Mundo le ofrece cinco razones para
dudar de la salud del euro y dos para pensar que puede salvarse.
Los jinetes del apocalipsis
El primero de los jinetes es España. Desde que en junio Grecia
votó a favor de un gobierno que aceptaba el ajuste que exigía la
troika (Fondo Monetario
Internacional, Banco Central Europeo, Unión Europea), la atención de
los mercados se concentró en España y, en menor medida, en Italia.
España tiene vencimientos de deuda equivalentes a más de US$600.000
millones de dólares de aqu í
a 2015 y reservas por US$48.000 millones.
En julio pagó una prima de riesgo por encima del 7%, considerada
insostenible, como demostraron los casos de Grecia, Irlanda y
Portugal, todos rescatados por la
troika.
La intervención de Draghi calmó las aguas la semana pasada:
volvió a agitarlas esta.
Según Gunnar Beck experto en temas legales de la Unión Europea de
SOAS, Universidad de Londres, el rescate de España es inevitable.
"Sin ayuda España no puede sobrevivir. La pregunta es qué tipo de
ayuda, qué monto y qué impacto tendrá sobre el resto de la
Eurozona", indicó a BBC Mundo.
El segundo jinete: Italia
La suerte de
España tendrá un fuerte impacto sobre el segundo jinete: Italia.
Según un reciente informe del centro de estudios británico
Open Europe, España requerirá
entre 443.000 y 542.000 millones de euros (entre US$500.00 y US$600.000
millones).
Siguiendo las reglas para casos similares, Italia deberá
contribuir al rescate de manera proporcional al tamaño de su
economía.
No es lo que necesita el gobierno de Mario Monti con una deuda
del 120% del PIB y un prolongado estancamiento económico.
Según la página web del Ministerio del Tesoro italiano, las
necesidades de financiamiento de Italia hasta fin de año ascienden a
170.000 millones de euros (unos US$210.000 millones). En agosto los
vencimientos de deuda superan los 30.000 millones (casi US$40.000
millones).
El déficit fiscal no es problema (Italia tiene un virtual
superávit primario, es decir, antes de pagar la deuda): la deuda sí.
Es la segunda de la eurozona, un 120 % del PIB.
"Una caída de España tendría un inevitable efecto dominó. La
huida de los inversores volvería insostenible la posición de
Italia", señaló a BBC Mundo Leaver.
Esto marcaría la desintegración de la actual eurozona, a menos
que mucho antes intervengan con contundencia los dos pesos pesado de
la eurozona: Alemania y el Banco Central Europeo.
El tercer jinete: Alemania
Alemania es el gran fondo de financiamiento de la eurozona, pero
su
economía es menos envidiable de lo que parece.
Con un 82% de deuda en relación a su PIB, con una economía que
empieza a enfriarse y que desde la creación del euro solo ha crecido
un 1,4% de promedio (menos que Francia, Holanda y el conjunto de la
eurozona), los alemanes ven con preocupación la crisis.
A esto se le añade un liderazgo político con dudas hamletianas.
Angela Merkel parece una jugadora indecisa entre apostar fuerte y
esperar a ver qué pasa. En medio de este "to be or not to be" no
termina haciendo nada.
A sus dudas se le añaden los límites que imponen la constitución
alemana. El artículo 23 de la constitución exige una ley con el
consenso del parlamento y el consejo federal que representa a los 16
estados autónomos germanos para transferir poderes soberanos como
los que demandaría una mutualización de la deuda (que la deuda de
cada país pasara a ser garantizada por el conjunto de la eurozona).
Según el alemán Gunner Beck, este límite no es el problema de
fondo.
"En la Unión Europea ya no existe el respeto de la ley. No
existió para respetar los tratados de Maastricht y se perdió
completamente ahora. El gran problema es que Alemania no es Estados
Unidos. Es una economía mucho más modesta", señaló a BBC Mundo.
El cuarto Jinete: el Banco Central Europeo (BCE)
El mandato ortodoxo del BCE –enfocado exclusivamente en el
control de la
inflación y no en el crecimiento– ha condicionado desde el
comienzo su margen de maniobra.
A pesar de este mandato el BCE ha intervenido en los mercados de
deuda en tres oportunidades. En mayo de 2010 a
raíz
del estallido de la crisis de la deuda soberana con Grecia, en
agosto y diciembre del año pasado cuando con otros dos rescates en
la mochila (Irlanda y Portugal) decidió contrarrestar la presión
especulativa de los mercados sobre España e Italia.
Esta intervención cada vez más activa alarmó al miembro más
poderoso, el Banco Central Alemán (el Bundesbank), que terminó
congelando la operación este año.
De ahí la gran expectativa que generó Mario Draghi la semana
pasada al decir que el BCE "haría todo" por salvar al euro.
El problema es que ante las
crecientes dificultades de financiamiento de España e Italia, el
otro mecanismo de rescate o neutralización a mano es el insuficiente
Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF).
Este Fondo tiene unos US$388.214 millones de reserva y será
reemplazado, probablemente en septiembre, por el Mecanismo Europeo
de Estabilidad (MEDE) que, cuando esté en pleno funcionamiento,
contará con unos US$776.428.
El MEDE apenas alcanzaría para España. Italia precisaría un
rescate de más de un billón de dólares millones.
El BCE podría haber contenido la crisis anunciando una nueva
ronda de adquisición de bonos del Estado que bajara la tasa de
interés que tienen que pagar España e Italia para financiarse en los
mercados financieros.
No lo hizo. Su credibilidad para la hercúlea tarea de salvar el
euro ha quedado por el piso.
El quinto Jinete: crecimiento nulo
Más allá de las maniobras de corto plazo que se puedan hacer para
salir del paso, a mediano plazo la viabilidad dependerá de que las
economías vuelvan al crecimiento.
El Plan A (Austeridad) puesto en marcha en 2010 no ha servido.
Grecia, Irlanda y Portugal debieron ser rescatados a pesar de los
ajustes. Lo mismo está sucediendo con España e Italia.
Peor aún, la crisis se está desplazando a la economía de los
países del norte europeo, teóricamente los más sólidos.
¿Se puede volver al crecimiento en el seno del euro? ¿O la única
salida es abandonar la
moneda única europea para, luego de una crisis, rearmar las
economías?
Esta es la pregunta de fondo. Un creciente coro de voces se
inclina por la salida del euro. BBC Mundo investigó otras dos
opciones que apuntarían a lograr la cuadratura del círculo: crecer
dentro del euro.
La primera salida del infierno: reestructuración
masiva
Una propuesta del partido de izquierda alemana Die Linke apunta a
un corte radical del problema de la deuda.
La propuesta la presentó la diputada federal Sarah Wagenknecht y
contempla la eliminación de todas las deudas por encima del 60% del
PIB (límite del endeudamiento establecido por el Tratado de
Maastricht).
Una ventaja de esta propuesta es que beneficiaría a la misma
Alemania.
Sería una
ironía histórica. Una de las razones para el lanzamiento en 1957
del proyecto paneuropeo encarnado hoy por la Unión Europea fue la
guerra fría y la necesidad de erigir un contrapeso al comunismo.
Sarah Wagenknecht, que tiene hoy 43 años, era una joven militante
del Partido Comunista de la Alemania del Este cuando cayó el Muro de
Berlín.
A favor de esta propuesta es que volvería manejable uno de los
grandes problemas de la eurozona: su deuda. Uno de los
grandes problemas es el impacto que esto tendría sobre los bancos.
Según una estimación, los bancos estadounidenses, alemanes y
franceses tienen en su poder unos 720 mil millones de euros de deuda
externa española (unos US$850.000 millones).
Aún así, la idea de Wagenknecht, que hubiera sido desechada de
plano en otro momento, fue debatida con atención en Alemania.
Según Gunner Beck, políticamente, sería inviable.
"La idea ofrece al menos una posible solución. El problema es que
no es aceptable a nivel político", señala Beck a BBC Mundo.
Si la crisis se profundiza, la reestructuración de las deudas se
impondrá por la fuerza (nadie puede pagar lo que no tiene).
La segunda salida del infierno: devaluación
Uno de los problemas más graves de la eurozona es que maneja una
sola
política monetaria y cambiaria para economías con muy distintas
necesidades.
Esto ha sido un chaleco de fuerza. Cuando una economía necesitaba
adaptarse a una pérdida de competitividad respecto a otras
economías, se encontraba con un muro: no podía devaluar para
abaratar sus exportaciones, encarecer sus importaciones y
estabilizar su economía.
La crisis ha tenido esa ventaja. El euro se ha depreciado a ritmo
sostenido desde comienzos de año en relación a otras monedas del
planeta.
Las primeras señales no son promisorias. En abril, las
exportaciones de la eurozona habían disminuido, incluyendo las de
Alemania, segundo exportador mundial, que registraron la peor caída
en dos años.
Una de las razones es que buena parte de las exportaciones
germanas van a otros países de la eurozona que, aquejados por la
crisis, han disminuido sus compras.
Según sus adalides, la depreciación del euro debería ser mucho
más pronunciada para tener un impacto.
Gunner Beck no se encuentra entre los
optimistas. Según el académico de SOAS, es posible que la crisis
se arrastre durante años: "Si la eurozona sobrevive será como una
zona de bajo crecimiento con alta inflación debido a esta continua
depreciación de la moneda", señaló a BBC Mundo. Fuente
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