CONSEJOS PARA
AJUSTAR EL PRESUPUESTO FAMILIAR
A estas alturas de la crisis, la mayoría de las
economías domésticas se han visto, en mayor o menor medida,
afectadas por la disminución de sus ingresos, el paro o el recorte
de la jornada laboral. Muchas familias llevan ya cuatro años de
ajustes en sus presupuestos y otras se han incorporado hace poco a
una situación a la que nunca pensaban llegar. Unas y otras se
enfrentan a la recesión en un año que tampoco parece que será mejor
que el anterior. Algunos podrán modificar un poco su día a día para
llegar a fin de mes, mientras que otros tendrán que cambiar de modo
radical sus hábitos y su
nivel de vida. No poder pagar la casa, los gastos del coche o
las actividades extraescolares de los niños empieza a ser
un problema común, pero con
solución.
El año acaba de empezar y ya se habla de posibles subidas del
precio del petróleo, muchos salarios bajarán por la aplicación de un
IRPF más alto y las perspectivas para el empleo no son nada
halagüeñas. Por más números que hagan las familias, hacer frente a
los gastos de la vivienda, el coche o la comida es cada vez más
difícil. ¿Qué posibilidades hay para cuadrar el presupuesto?
Transporte
No todo el mundo puede mantener los gastos del coche. Según un
estudio reciente, utilizar el vehículo privado hoy es casi un 60%
más
caro que en 2009.
El litro de gasolina ha subido un 56% y el diésel, un 57%. Si
tenemos en cuenta además que los salarios no se han actualizado
-muchos incluso han bajado-, tener coche es hoy en día un lujo. Al
precio de los carburantes hay que sumarle el gasto de mantenimiento,
el seguro, el taller y, en algunos casos, las
multas. ¿Qué opciones hay para reducir esta partida?
- 1. Si en la casa hay más de un coche, se puede optar por
deshacerse de uno de los
vehículos. Ahora, la compraventa de automóviles de
segunda mano está en auge, en detrimento de los nuevos turismos.
Puede ser un buen momento para prescindir del segundo coche. Con
esto no solo se reciben unos ingresos adicionales con los que
mantener el otro vehículo, sino que también se ahorra en
gasolina, pólizas y taller.
Esta
opción de vender el coche es aplicable, a la vez, para quienes
solo tengan un vehículo pero les cueste pagar los gastos que
conlleva. Puede ser algo más incómodo para la familia, pero
llegar a fin de mes será más sencillo.
- 2. Compartir el vehículo con personas que
hagan el mismo trayecto. Es una alternativa cada vez más
utilizada. Para saber qué trabajadores realizan un recorrido
similar y si las horas coinciden, además del boca a boca hay
páginas de
Internet en las que cualquiera puede inscribirse para buscar
compañeros o para unirse a un grupo ya formado. Si todos los
componentes tienen vehículo, cada uno de ellos lo aporta un día
o una semana y no es necesario hacer cuentas. Si alguien no
tiene coche, se divide el gasto en combustible según los
kilómetros realizados entre el número de personas y esta
cantidad es la que paga el integrante que carezca de automóvil.
- 3. Compartir el garaje. Quien tenga una
cochera en zonas céntricas de la ciudad y solo guarde el
vehículo durante una parte del día puede ponerlo a disposición
de otros usuarios, a cambio de una cuota mensual. Si solo guarda
el coche por la noche porque durante el día trabaja y se lo
lleva, el
propietario puede alquilarlo durante las mañanas y las
tardes a otros usuarios. Así el dueño del garaje conseguirá un
dinero extra y quien necesite aparcar su coche a cubierto pagará
una cantidad más baja que si lo alquila a tiempo completo.
- 4. Utilizar el transporte público es una
opción recomendable y mucho más barata que el vehículo propio.
Siempre que sea posible, se puede dejar el coche y coger el
autobús o el metro, aunque en ocasiones los recorridos no se
pliegan a las necesidades de todos y, en algunas
ciudades, continúa la subida del precio del transporte sin
mejorar los servicios que ofrecen.
- 5. Usar las bicicletas públicas. Cada vez
más municipios cuentan con un parque de bicicletas que los
ciudadanos pueden encontrar en diversos puntos de la ciudad y
utilizar de forma gratuita. Cuando la
climatología lo permita, pueden usarse para los traslados
habituales.
Vivienda
A numerosos ciudadanos la
hipoteca no les deja llegar a fin de mes. El pago de la vivienda
es uno de los gastos más elevados a los que se enfrenta una persona
a lo largo de su vida. Con la rebaja de los sueldos y el paro, para
muchas familias abonar las mensualidades es ya algo casi imposible.
Lo último que se debe hacer es dejar de pagar porque las
consecuencias son muy graves. Antes de llegar al impago hay otras
alternativas.
- 1. Poner una de las habitaciones en alquiler.
Muchas familias recurren a esta opción, conscientes de que es
una de las últimas
oportunidades que tienen para no perder la vivienda. En
función de la ciudad en la que se ubique el piso y las
características del cuarto que se arrienda, se puede pedir entre
200 y 400 euros. Esta cantidad puede aumentar hasta más de 600
si incluye pensión completa, lavado y planchado de la ropa.
- 2. Alquilar la vivienda completa. Si la
situación es muy negativa y cabe la posibilidad de volver de
manera temporal al piso de los padres, se puede poner en
alquiler la casa. Esto permite residir de una manera más barata
en el hogar de los progenitores, pagar la hipoteca y recibir un
dinero de los inquilinos.
Internet
Los gastos de Internet son muy elevados. Por tener
ADSL en casa con llamadas a fijos sin límite se paga algo más de
30 euros.
A ello que hay que sumar en torno a 14 euros del establecimiento
de línea, en total, unos 45 de euros al mes por estos conceptos. Si
cuesta pagar esta cantidad, conviene estudiar el uso que se da a
Internet y sopesar otras opciones más baratas.
- 1. Dar de baja la línea y pasarse a servicios que
solo cobran por lo que se gasta. Las
conexiones USB de la mayoría de las compañías son una
opción, aunque hay que leer de manera muy atenta sus
condiciones. Para personas que no utilicen la Red con frecuencia
o que puedan conectarse en el trabajo, sí son convenientes las
conexiones USB, pero para quienes vean películas por Internet o
se descarguen archivos, no, ya que resultan demasiado caras.
Las compañías que operan por Internet tienen ofertas bastante
competitivas para
pagar solo por lo que se utiliza. El "pincho" USB cuesta
unos 20 euros y se puede optar por tarifas de 12 euros por 1
giga, que permite consultar bastantes páginas, o pagar solo los
megas descargados.
Pero conviene prestar mucha atención a las condiciones porque
algunas empresas, al pasar de los megas ofertados, empiezan a
cobrar al usuario. Conviene contratar aquellas que solo reducen
la
velocidad de bajada o subida, sin cobrar más al cliente,
porque esto trae consigo desagradables sorpresas en la factura.
- 2. Dar de baja la línea y acudir a un locutorio o a
una biblioteca. Cuando el uso de Internet se reduce a
la consulta esporádica de noticias o de correos, acudir a
establecimientos con ADSL supone un ahorro significativo.
Algunas bibliotecas o centros públicos permiten utilizar los
ordenadores e Internet de manera gratuita durante una hora o
media hora al día. Localizar estos lugares y consultar
Internet en ellos mejora bastante el presupuesto familiar.
ay quienes trabajan todo el día y tienen que comer fuera de casa.
Las largas jornadas laborales, sobre todo en ciudades grandes,
desbaratan el presupuesto familiar si una o dos personas comen en
restaurantes. Los menús del día no son muy
caros, oscilan en torno a los 10 euros e incluyen dos platos,
bebida y postre. Pero quien tenga que recurrir a ellos todos los
días gastará una media de 200 euros al mes y el doble, si es una
pareja. ¿Cómo reducir este gasto?
- 1. Lo más recomendable es cocinar en casa y llevar
la comida al trabajo en fiambreras. Puesto que cada vez
hay más personas que recurren a esta opción, hay infinidad de
recetas para comer de forma equilibrada, variada y barata.
- 2. Llevar termos de café o comprar una cafetera en
el trabajo. Las hay por menos de 30 euros y esta
práctica supone un ahorro mensual.

- 3. Prescindir de las máquinas expendedoras
de comida o chucherías. En el
supermercado, estos productos pueden costar la mitad y, al
no ser demasiado grandes, se pueden llevar en el bolso.
Actividades de los niños
Cada vez son más los padres que no pueden pagar las actividades
extraescolares de sus hijos. Es frecuente que cada niño esté
apuntado a varios cursos que complementan su formación o le enseñan
un
deporte después de haber terminado las horas lectivas.
A lo largo de la semana, es posible que entre dos y cinco días
estén ocupados por este tipo de clases. En ocasiones, para los
estudiantes suponen una diversión y, en otros casos, preferirían
dedicarse a jugar en la calle y a divertirse con sus amigos. ¿Qué
alternativas tienen los padres para disminuir el
gasto?
- 1. Priorizar y reducir las clases. Conviene
estudiar cuáles son las
actividades que más favorecen al niño en su desarrollo, ya
sea porque le divierten o porque aprende una habilidad o una
materia. Si alguna de ellas es accesoria, el niño no disfruta y
tampoco es importante, será la primera en desaparecer del
horario del estudiante. Supone un ahorro para los padres y no
perjudicará demasiado al niño.
- 2. Apuntarles a clases más baratas. Los
niños pueden realizar la misma actividad, pero en centros que
cuesten menos dinero. Junto con las academias privadas, están
las asociaciones de vecinos o los cursos que se realizan en el
propio colegio fuera de las horas lectivas y que son bastante
más baratos. Los niños aprenden y comparten su tiempo con otros
compañeros, pero a un precio menor.
- 3. Los padres o un familiar pueden ser quienes les
enseñen. El padre o la madre pueden sacar tiempo para
repasar ciertos deberes y hacerlos con los niños para que estos
progresen. Si los menores tienen poca edad, a los padres no les
costará mucho ponerse al día y ayudarles a avanzar.
- 4. Tutoriales en Internet. Aunque lo
divertido de las actividades que se realizan fuera del colegio
es pasar un tiempo con otros compañeros, también se busca
instruirse. En Internet se pueden encontrar infinidad de cursos
para que el niño aprenda habilidades, idiomas o distintas
materias.
- 5. Acudir a un banco de tiempo. No es
necesario pagar nada para que los jóvenes aprendan un idioma,
reciban clases por la tarde o practiquen un deporte en grupo.
Muchas localidades tienen bancos de tiempo a los que se apunta
gente dispuesta a compartir sus conocimientos con otras personas
y, a la vez, recibir
servicios de otros usuarios.
Si uno de los componentes sabe
contabilidad y cocinar, lo indica en su ficha y, a su vez,
pide lo que necesitaría, como clases de inglés y lengua para los
niños, entre otras. Cada uno apunta las horas que ha dedicado y
tendrá derecho a recibirlas de otra persona de manera gratuita
porque se intercambia el tiempo.
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