MENTIRAS Y TRAICIONES DE CALDERÓN A VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA EN
MÉXICO
ProVíctima, Ley General de Víctimas y Memorial, tres traiciones
del presidente a las víctimas de la guerra y la violencia en
México
México D.F.(MPJD).-
El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) se reunió en
dos ocasiones a dialogar con el Presidente Felipe Calderón y
miembros de su gabinete en el Alcazar del Castillo de Chapultepec;
en ambas ocasiones le mostramos al Jefe del Ejecutivo el rostro del
dolor de las víctimas y le pusimos nombre y apellido a algunos de
los cientos de muertos y desaparecidos que su gobierno había
insistido en invisibilizar, en estigmatizar y criminalizar. Frente a
toda la nación, pues el MPJD impuso como condición el carácter
público del diálogo, le expusimos al presidente y a sus principales
colaboradores la necesidad urgente de cambiar la política de
seguridad llevada a cabo por su administración y de atender a las
víctimas provocadas por la guerra que habían desatado su gobierno y
las organizaciones del crimen organizado.
Cuando nos reunimos por primera vez con Felipe Calderón (23 de junio
de 2011) el país contaba cuarenta mil muertos; para la segunda
ocasión (14 de octubre de 2011), a menos de cinco meses de
distancia, la cifra de víctimas mortales se acercaba a los sesenta
mil y los desaparecidos eran ya más de veinte mil. El presidente no
modificó su estrategia militar tras escucharnos, insistió en
extender el conflicto militar a todo el territorio nacional y quiso
legalizar el uso anticonstitucional de las Fuerzas Armadas
impulsando una reforma a la Ley de Seguridad Nacional que de
aprobarse institucionalizaría el uso del ejercito en tareas de
seguridad pública, militarizaría definitivamente la vida pública de
México, multiplicaría la violencia y terminaría por cancelar
cualquier posibilidad de una convivencia democrática en nuestro
país.
Gracias a las movilizaciones del MPJD y otras organizaciones de la
sociedad civil logramos detener por ahora la aprobación de la
reforma a la Ley de Seguridad Nacional, pero desafortunadamente no
hemos podido parar la guerra y la violencia que desangra al país,
tampoco hemos logrado, para desgracia de todos, que las fuerzas
políticas representadas en el poder legislativo entiendan la
gravedad de la emergencia nacional que vive la República y lleguen a
los consensos necesarios para impulsar una Ley de Seguridad Humana y
Ciudadana que garantice la seguridad de los ciudadanos y promueva
políticas integrales de prevención de la violencia, reconstrucción
del tejido social y paz. Aún así, el presidente Calderón y el poder
Legislativo parecieron comprender la necesidad de atender a las
víctimas y en su calidad de Jefe del Ejecutivo el presidente se
comprometió a crear una Procuraduría de Atención a Víctimas de la
Violencia y a aprobar una Ley General de Víctimas que convirtiera a
las decenas de miles de mexicanos atrapados en el fuego de su guerra
en sujetos jurídicos dignos de atención y protección por parte de
estado. Sin embargo, confirmamos que hoy Felipe Calderón no
únicamente equivocó el camino y condujo a México a una espiral de
violencia desgarradora, pues su estrategia multiplicó la
criminalidad e hizo aún mas vulnerable a la sociedad frente a la
delincuencia, sino que además se niega a cumplir su palabra y los
compromisos asumidos con las víctimas de la violencia. Si bien tanto
él como su señora esposa, Margarita Zavala, dieron muestras de
compasión y abrazaron a algunas de las víctimas de nuestro
movimiento, al momento de crear la Procuraduría Pro-Víctima prefirió
no acordar con las víctimas y los especialistas del MPJD las
políticas, funciones, estructura y financiamiento de la nueva
institución; en su lugar ha creado una procuraduría sin recursos
financieros ni capacidad operativa, incapaz en los hechos de atender
la emergencia nacional, a pesar incluso del esfuerzo de algunos de
los funcionarios honestos que la integran.
Si en el caso de ProVíctima Felipe Calderón prefirió la simulación a
asumir su responsabilidad y compromiso, en lo que tiene que ver con
la Ley General de Víctimas ha optado de plano por vetarla con
argumentos leguleyos indignos de un jefe de Estado. Ha jugado con
los tiempos electorales haciendo creer a las víctimas que la
aprobación de dicha ley en el Senado y la Cámara de
Diputados, sería acatada por el ejecutivo mientras dejaba correr el
proceso electoral, y ha decidido desacatar la Constitución y
enfrentar un juicio de constitucional antes de cumplir lo acordado
una vez concluida la jornada electoral. El presidente, en voz de su
secretario de gobernación, quiere ampararse en el supuesto de que la
ley es perfectible (¿cuál no lo es?) y en que la federación carece
de recursos para atender la demanda ciudadana que su aplicación
conllevaría; con ello Felipe Calderón viola la separación de
poderes, menosprecia a un conjunto acreditado de especialistas en
jurisprudencia –tanto del Instituto Nacional de Ciencias Penales
como de la Universidad Nacional Autónoma de México– e insulta a las
víctimas de México, ya que les confirma que la riqueza nacional
puede servir para rescatar bancos, financiar una guerra equivocada o
despilfarrar en elecciones ignominiosas, pero no para atender a
aquellos a quienes la omisión e incapacidad del Estado, o incluso la
violencia ilegal de las instituciones, los ha despojado de la vida
de sus seres queridos, los ha obligado a dejar su casa, a perder sus
bienes y a vivir en el dolor y el desconsuelo.
A la ciudadanía le informamos que la ley que a ahora veta el
presidente es un documento de amplia protección para víctimas del
delito y de violaciones de derechos humanos que responde a los
cuatro principios de la justicia restaurativa: 1) derecho a la
verdad; 2) derecho a la justicia; 3) reparación integral y 4)
garantías de no repetición. Es por su espíritu garantista, porque su
aplicación implica la participación ciudadana en su operación y
porque no se limita a atender únicamente a aquellas víctimas del
“delito” -como pretende el presidente que se definan, para dejar
fuera de los beneficios de la justicia a aquellas miles de víctimas
de la corrupción criminal de las instituciones públicas y del abuso
del poder-, que esta Ley General de Víctimas es incómoda al gobierno
actual y ha decidido impedir su aplicación aún violando otras normas
legales que es su obligación respetar. Por ello, le comunicamos al
Ejecutivo que, a pesar de nuestra probada disposición a la palabra,
el MPJD no se sentará a dialogar con el secretario de Gobernación ni
con ningún representante del Ejecutivo en tanto éste no publique la
Ley General de Víctimas.
Mientras mantuvimos un diálogo abierto con el presidente Felipe
Calderón vimos multiplicarse las víctimas del país pero muy
particularmente asistimos al asesinato de nuestros compañeros y a la
traición a nuestras demandas: Nepomuceno Moreno Núñez le expuso su
caso al presidente y le pidió protección, pero fue asesinado cuando
a partir del encuentro con el presidente confió en las autoridades y
sumó a su causa mayor información sobre la desaparición de su hijo a
manos de policías; los comuneros de Cherán, Michoacán, expusieron su
caso frente al presidente y desde entonces han muerto cinco de ellos
y trece han sufrido desaparición sin que a la fecha se conozca su
paradero; Eva Alarcón y Marcial Bautista se incorporaron al MPJD y
fueron desaparecidos cuando se encaminaban a una reunión con la
Secretaría de Gobernación; los compañeros Pedro Leyva y Trinidad de
la Cruz –este último caído en una emboscada a una caravana del MPJD–
de la comunidad indígena de Ostula, fueron asesinados en el mismo
periodo en que el MPJD dialogaba con las autoridades y sumaba
pruebas contra la delincuencia. Nosotros apostamos a que la
visibilización de las víctimas y sus causas y la intervención de las
más altas autoridades del país servirían para proteger a nuestros
compañeros y apoyar su acceso a al justicia, pero a cambio hemos
recibido más muerte y más impunidad. Otro caso emblemático, en este
mismo contexto de mentiras y traiciones, es la demanda que presentó
el pueblo Wixrárika en los diálogos del Alcazar en defensa del
territorio sagrado de Wirikuta, y que ha sido respondida por parte
del Ejecutivo con una maniobra disuasiva que pretende desalentar el
amplio apoyo, tanto nacional como internacional, que ha logrado
convocar la causa de Wirikuta y abrir así las puertas a la
destrucción de esa reserva natural y sagrada de México.
Como si estos agravios fueran pocos, Felipe Calderón pretende ahora
erigir un monumento a las víctimas de la violencia y la guerra a
espaldas del campo Marte y en territorios de la Secretaría de la
Defensa Nacional. Si en los diálogos del Alcazar de Chapultepec se
comprometió públicamente con el MPJD a aportar los recursos
necesarios para que la sociedad levantara un memorial para todas las
víctimas de la guerra y la violencia, Felipe Calderón ha preferido
erigir un monumento a su guerra y para ellos a buscado el apoyo de
organizaciones civiles que tristemente se han prestado a ese juego
siniestro. Lamentamos mucho que Isabel Miranda de Wallace, de la
organización Alto al Secuestro y ex candidata del PAN al gobierno
del DF, que la Fundación Camino a Casa, que encabeza la diputada de
Acción Nacional Rosi Orozco, y México SOS, que dirige el ciudadano
Alejandro Martí, se presten a acompañar al presidente en esta farsa
y prefieran participar de ella a compartir con las demás víctimas
del país la construcción de un espacio ciudadano, donde el gran
dolor de México se sienta legítimamente representado, donde entre
todos construyamos una pedagogía del consuelo, la paz y la
reconciliación. Por lo mismo denunciamos el concurso organizado por
el Colegio de Arquitectos, que haciendo suyas algunas de las ideas
que el MPJD propuso a las organizaciones de víctimas -junto con la
revista Arquine y un grupo de especialistas de la arquitectura-
invita ahora a los arquitectos y escultores de México a participar
en un concurso sin jurado, sin los tiempos y los procedimientos
pertinentes y sin las condiciones mínimas para atender con dignidad
un asunto de tal importancia para la historia de México. Anticipamos
que un concurso como el que hemos descrito, que nace de la traición
y la mentira, no puede dar como resultado una obra en torno a la
cual se reúna el dolor de México, por lo que invitamos a los
artistas y arquitectos a no participar en esta farsa que nos ofende
e indigna profundamente.
La dignidad de las víctimas que nuestro Movimiento representa no
cederá ante la simulación y la mentira.
Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Fuente
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