CONOCE LA TERRORÍFICA OBSESIÓN DE LEONARDO DA VINCI
Corrían los primeros años del
siglo XVI y algunas prácticas, como la que obsesionaba al
maestro florentino, eran vistas
como propias de quien rendía culto al Diablo o practicaba la
nigromancia.
Por esta razón, el genial
Leonardo da Vinci, ya pasada la cincuentena,
aprovechaba la tranquilidad, el anonimato y el frescor de la noche
para realizar una de sus pasiones favoritas:
diseccionar cadáveres.
Además, y puesto que en aquella época carecían de sistemas de
refrigeración, los cadáveres se
descomponían e hinchaban rápidamente, así que el
polifacético artista tenía que aprovechar las horas más frescas para
practicar aquellas disecciones.
Es de sobra conocido que Leonardo
da Vinci fue mucho más que un genial pintor. Auténtico
prototipo del sabio renacentista, Leonardo
sintió un enorme interés por todas
las facetas del conocimiento, incluyendo la geometría, las
matemáticas, la física y, en general, todo lo relacionado con los
secretos de la naturaleza.
Fruto de estas inquietudes surgió su interés por la anatomía, no
solo porque su conocimiento le permitía mejorar sus obras de arte,
sino porque además sentía auténtica
curiosidad sobre el funcionamiento de la "máquina humana".
Tras su regreso a Milán en el año 1508, Leonardo se volcó con sus
numerosos proyectos de carácter científico. Y, de forma especial,
con su intención de dar forma a
varios tratados sobre anatomía humana.

En fechas anteriores ya había mostrado interés por esta disciplina,
pero nunca había tenido oportunidad de estudiar y diseccionar otra
cosa que no fueran cadáveres de animales.
Fue en esta nueva etapa milanesa cuando cumplió al fin su sueño de
escudriñar el interior del
ser humano. Así se desprende de las minuciosas
anotaciones de uno de sus cuadernos, en el que afirma: "He
diseccionado más de diez cuerpos".
Aunque mal vista, aquella práctica era bien conocida en la época,
estando reservada generalmente a médicos y cirujanos que contaban
con el permiso de las autoridades.
Parece que Leonardo obtuvo dichos permisos, y de este modo
consiguió diseccionar y estudiar
varios cadáveres. El genio florentino conseguía los cuerpos
en hospitales —donde a menudo nadie los reclamaba— y entre los
criminales que eran ejecutados públicamente.
Gracias a esta macabra curiosidad de Leonardo,
hoy se conservan más de doscientos
dibujos anatómicos que el artista e inventor dejó plasmados
en varios de sus cuadernos.
Sabemos que fueron muchos más, pero por desgracia
buena parte de ellos se perdieron
y es muy probable que nunca aparezcan. La mayor parte de los que se
conservan forman parte del llamado Manuscrito A, hoy en la colección
Windsor.
Algunos estudios históricos han sacado a la luz que Leonardo
colaboró durante algún tiempo con el anatomista
Marcantonio della Torre, profesor en la Universidad de
Pavía, y auténtico maestro en la disección de cadáveres.
Parece que su intención era
publicar un completo tratado de anatomía junto a Della Torre,
pero cuando este murió a causa de la peste en 1511
sus planes se frustraron.
Aquel contratiempo, sin embargo, no redujo el interés de Leonardo
por la anatomía. Cuando en 1513 las tropas de Maximiliano I ocuparon
Milán, el artista decidió trasladarse a Roma acompañado por sus
discípulos.
En la Ciudad Santa fue recibido por
el mismísimo papa León X, un Médici al que conocía bien,
pues
Leonardo había trabajado para su padre, Lorenzo el Magnífico.
El Papa le ofreció unos aposentos en la Villa Belvedere, en pleno
Vaticano, y le facilitó una renta con carácter regular, además de
proporcionarle dos ayudantes para que auxiliaran en todos sus
trabajos.
Gracias a aquellas facilidades,
Leonardo regresó a sus pinturas y a sus proyectos científicos, entre
ellos las disecciones anatómicas. Para realizar estas
últimas se encerraba de noche en su estudio, sin la ayuda de nadie.
Sin embargo, los dos ayudantes enviados por el Papa no apreciaban a
Leonardo, y cuando descubrieron a
qué se dedicaba por las noches, no dudaron en avisar de tales
prácticas al pontífice.
A diferencia de lo que ocurría en Milán, Florencia y otras ciudades,
en Roma la disección de cadáveres
humanos estaba prohibida por la Iglesia.
Por suerte para Leonardo,
el papa León X le tenía en gran estima, así que le perdonó,
pero advirtiéndole de que no continuara con aquellas prácticas
inaceptables.
Para
entonces, Leonardo da Vinci ya
había practicado al menos un par de decenas de disecciones,
tanto de hombres como de mujeres, y
había anotado con su minuciosidad habitual todas sus impresiones
y descubrimientos, siempre acompañados de sus exactos dibujos.
Según algunos estudiosos actuales, como el biólogo Ron Philo,
profesor en la Universidad de Texas y coautor del libro 'Leonardo da
Vinci: the Mechanics of man', el genio renacentista
realizó algunos hallazgos
importantes para su época.
Así, Leonardo habría
detectado la circulación de la sangre unos 150 años antes de que se
explicara de forma detallada y
exacta, y casi llegó a comprender la diferencia entre
sangre arterial y venosa.
También mostró un gran interés por
la formación del feto humano —es muy conocido uno de sus
bellos dibujos al respecto—, y describió con gran exactitud
las características y el
funcionamiento del sistema genitourinario.
Aunque algunos de sus dibujos no
estaban exentos de errores,
sus diseños de anatomía humana
fueron en muchos casos los más exactos durante siglos, y
todavía hoy se emplean entre algunos profesionales debido a su
belleza y perfección.
Un ejemplo más de la genialidad de un hombre cuya curiosidad y
espíritu científico no tuvieron límites. Fuente
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