RECOMENDACIONES
PARA QUE LOS NIÑOS HAGAN LA TAREA
Es normal que los niños se resistan a hacer los deberes en casa.
Y esto muchas veces deriva en peleas o enfados que perjudican la
vida familiar y el proceso educativo. Para evitarlo, conviene
tener en cuenta algunas recomendaciones, como
crear ciertas rutinas y
entornos favorables, acompañar y alentar a los niños mientras
realizan las tareas y revisarlas junto a ellos cuando han
terminado. El cumplimiento de estas premisas genera una
motivación e incentivos que son fundamentales para los pequeños.
En este artículo explicamos por qué es importante que los niños
hagan la tarea y recopilamos diez consejos prácticos para
lograrlo.
Por qué es importante hacer la tarea
Cada cierto tiempo resurge en los ámbitos educativos el debate
acerca de si los deberes que los maestros y profesores mandan para
que los niños realicen en el hogar son beneficiosos o no y, en todo
caso, cuánta tarea para casa es apropiado encomendar. Más allá de
las diversas opiniones en esta discusión, lo cierto es que hoy por
hoy los deberes son una parte fundamental en el proceso educativo de
los niños. La existencia de tareas para el hogar tiene
varios aspectos positivos:
ayuda a crear hábitos de responsabilidad y disciplina en los
pequeños, refuerza su concentración, permite afianzar lo aprendido
durante el día en clase y también sirve para estrechar la relación
entre padres e hijos.
El problema es que los niños a menudo son reticentes a dedicar
tiempo en casa a los deberes de la escuela. Y la consecuencia
directa de este hecho en muchas ocasiones son peleas, enfados,
tensión y malos ratos que perjudican a pequeños y mayores en la vida
cotidiana y en el proceso educativo en general. Por tal motivo,
conviene tener en cuenta los consejos y técnicas que se enumeran en
el siguiente decálogo para
estimular a los niños a hacer sus deberes sin dar problemas y
obtener los mejores resultados.
Diez consejos prácticos para que los niños hagan
sus deberes
- Establecer un sitio apropiado para hacer los
deberes. No tiene por qué ser en un escritorio o en su
habitación, pero sí debe respetarse que sea siempre el mismo,
que esté bien iluminado y que allí el niño tenga acceso a todo
lo necesario para realizar sus tareas. También, que sea un lugar
sin distracciones, que le permita concentrarse y que, con el
paso del tiempo, se llegue a asociar con el estudio. Es clave
que, mientras se dedica a sus deberes, el pequeño no tenga
acceso ni al teléfono ni a la televisión.
- Fijar un momento del día. Al igual que con
el lugar, también hay libertad para optar por cuál será el
momento dedicado a los deberes. Pero una vez elegido, se debe
cumplir. Esto contribuye a crear hábitos de estudio y
disciplina, y también ayuda a evitar discusiones; cuando llega
la hora, toca hacer los deberes. Lo más recomendable es que sea
temprano, después de un rato de distracción tras volver de la
escuela. Cuanto más tarde se haga, el niño estará más
cansado y tendrá menos ganas, le costará más y los resultados
serán peores.
- Si se establecen reglas y horarios, ser firmes en su
cumplimiento. Este punto está muy relacionado con los
dos anteriores. No quiere decir que haya que ser inflexibles de
un modo radical, pero sí que se note que, cuando no se cumple
con un horario, se trata de una excepción.
- Acompañar a los niños mientras hacen las tareas.
Acompañarlos significa estar cerca de ellos, pero no encima, ni
mucho menos "hacerles" los deberes. Dejar que los niños realicen
sus actividades del modo más independiente posible es una forma
de reconocer su autonomía, su inteligencia y su capacidad de
hacer las cosas por sí mismos, aunque no salgan perfectas. Esta
actitud les ayuda mucho en el aprendizaje de gestión de sus
responsabilidades y fortalece su autoestima.
- Predicar con el ejemplo. Esto es muy
positivo: que el adulto, siempre que sea posible, haga sus
propios "deberes" a la vista del niño, mientras este hace los
suyo: cálculos relacionados con la economía hogareña, revisión
de facturas u otros papeles, leer un libro, etc. Será una
motivación extra por dos motivos: por un lado, porque los
pequeños siempre intentan parecerse a sus mayores, y por otro,
porque es una excelente manera de demostrarles que lo que
aprenden ahora les servirá para su vida en el futuro.
- Estar atentos para ayudar, sobre todo si el niño se
atasca con la tarea. La manera, por supuesto, no es
hacer la actividad por él, sino darle alguna pista para
acercarlo a la solución correcta. Otra posibilidad, si el
pequeño está estresado debido a la dificultad de los deberes, es
darle un respiro: que se tome un recreo para despejar la mente y
vuelva a intentarlo.
- Más que enseñar, dar instrumentos para pensar.
En muchas ocasiones los mayores podrán aclarar las dudas de los
estudiantes, pero tal vez no siempre puedan hacerlo. En tales
casos, no hay que agobiarse: el rol de los padres es acompañar a
los hijos y proporcionarles ideas, instrumentos para pensar y
buscar alternativas. No es conveniente regañarlos por no haber
resuelto las dudas en la clase, sino alentarlos para que en la
siguiente no olviden hacerlo.
- Revisar los deberes hechos. Esto no solo
supone una primera instancia de corrección, sino también una
demostración de interés por parte del adulto hacia las
actividades del pequeño, lo que para el menor resulta
fundamental por la motivación que representa. La revisión
siempre debe comenzar por destacar lo positivo: las cosas que el
niño ha hecho bien, los avances y mejoras que se detecten, etc.
Esto será tomado por el estudiante como un reconocimiento por su
trabajo y lo animará a seguir adelante. Después sí será momento
de mencionar los errores o fallos cometidos, sin dramatismos ni
exageraciones. Por graves que sean, son faltas que se pueden
corregir y forman parte del proceso de aprendizaje.
- Evitar las "recompensas" por hacer los deberes.
Una cosa es la motivación y otra la promesa de un premio a
cambio de que el niño haga sus tareas. Con una oferta de este
tipo, se corre el riesgo de que la situación se desnaturalice y
el pretendido premio se convierta en una especie de "soborno".
Lo más apropiado es que las motivaciones y los incentivos sean
de otra clase.
- Hablar de los deberes escolares con términos
positivos. La connotación de las palabras es
fundamental en este sentido: si los padres se refieren a los
deberes con expresiones que lo presentan como un castigo, algo
malo o aburrido, seguro que los niños los vivirán de esa manera.
Por eso siempre lo adecuado es que, cuando se hable de las
tareas, se haga con palabras "buenas", que destaquen lo mucho
que el niño aprenderá, para qué le servirá en el futuro, lo
interesantes que pueden ser los conocimientos, etc. Fuente
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