POR QUÉ LAS
MUJERES ABANDONAN SUS METAS PROFESIONALES
La ganadora del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2007 asegura
que todavía hay mujeres que "reducen" sus
aspiraciones laborales
Silvia Torres Castilleja tenía 18 años y una gran afición por las
estrellas cuando la contrataron como
asistente de investigación en el Instituto de Astronomía de la
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1959; medio siglo
más tarde se convirtió en la primera mujer en recibir el Premio
Nacional de Ciencias y Artes en la categoría de Ciencias
Físico-Matemáticas y Naturales.
Silvia ha sido galardonada con todo tipo de reconocimientos por
su trabajo como docente e investigadora a lo largo de cinco décadas,
un tiempo en que también visto a muchas otras mujeres abandonar sus
carreras.
“Ahora en la
universidad hay casi tantas mujeres como hombres inscritos, sin
embargo, me temo que muchas de ellas se van a ir perdiendo en el
camino, se van a ir separando de las metas altas”, dice la astrónoma
al reflexionar sobre la vigencia del movimiento feminista en el
mundo de la ciencia, y con motivo del Día Internacional de la Mujer.
Ella entiende como las metas más altas a los puestos de
responsabilidad, a jefas de departamento o directoras de hospitales.
Su propia carrera es un buen ejemplo de lo que es lograr esas
metas. En el 2010 fue una de las cinco galardonadas con el premio
L´Oreal-Unesco para las Mujeres y la Ciencia. Recibió el
reconocimiento y 100,000 dólares en una ceremonia celebrada en marzo
del 2011 en París.
Silvia ha desarrollado su carrera como científica en un campo
donde los hombres suelen ser mayoría. "En las ciencias exactas
siguen faltando mujeres, no tienen la misma participación en el
campo laboral”, dice.
"Suelen estar más preocupadas por la crianza de sus hijos que por
su desarrollo intelectual y
profesional, por lo que sufren un retraso, y muchas veces ellas
no aspiran a reponer ese atraso".
En su opinión, la disparidad aún persiste en parte “porque los
hombres no dan espacios y en parte porque que las mujeres mismas no
los reclaman”.
Su recomendación a los jóvenes en general es “que le pongan el
alma a su trabajo”, y a las mujeres, “que no reduzcan sus
aspiraciones”.
Una época distinta
A finales de los 50 Silvia, para sumar, restar y dividir usaba
una máquina eléctrica, cuyo motor corría el riesgo de quemarse si la
usaban en exceso, una tecnología muy distinta a la computadora
personal con la que ahora analiza la composición química de los
gases que arrojan las estrellas en el espacio y que permiten conocer
cómo era el Universo en sus inicios.
También fue de las primeras personas en México en usar una
computadora. “Me tocó (usar) el Centro de Cálculo (en la UNAM),
eran como cinco refrigeradores juntos con aire acondicionado.
Complicadísimo”, recuerda.
Eran otros tiempos. Se esperaba que las mujeres se realizaran
exclusivamente a través del matrimonio y la crianza de los hijos,
pero Silvia logró conciliar su interés por estudiar el Universo y
por criar a una familia. Se casó a los 22 años y tuvo dos hijos.
“Lo hice dejando de lado muchos de los valores tradicionales
(como) tener una casa linda y ser buena cocinera”, recuerda. También
confiesa que hasta la fecha no sabe cocinar.
La tarea de desarrollarse como científica, sin embargo, no fue
sencilla. Su condición de mujer le implicó algunos obstáculos, como
cuando ella y su marido regresaron de estudiar un posgrado en la
Universidad de California, y a Silvia le pidieron que compartiera la
oficina de su esposo. Ella se negó.
“Me fui a otra oficina y decidí que yo tenía que mostrar que era
independiente”, recuerda.
A sus 71 años mantiene una vida laboral activa como investigadora
y docente: “Mi vida laboral está aquí (en Instituto de Astronomía),
estoy hasta las ocho o nueve de la noche, y si puedo venir en
sábado, vengo”.
Fuera de la universidad distribuye su tiempo entre su nieta de
dos años, sus dos hijos, su esposo y sus aficiones: teje, borda,
hace collares, sale con amigas y va a conciertos.
Considera que tiene las mismas
capacidades y debilidades que cualquier hombre. A lo largo de su
vida –dice– solo hay una circunstancia en la que se aprovecha de su
condición femenina; “solo trato de tomar ventaja de ser mujer para
(que me ayuden a) abrir el frasco de mayonesa”. Fuente
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