¿LA DEMOCRACIA
SATISFACE A LOS MEXICANOS?
La mayoría de los
mexicanos se declara insatisfecha con la
democracia pero sigue confiando en que su voto sirve para
influir en lo que sucede en el país, de acuerdo con encuestas
realizadas por el Centro de Investigación y Docencia Económicas
(CIDE) desde 1996.
Mientras en 2000, cuando ocurrió la alternancia en el gobierno
federal, el 27% de las personas dijo estar muy satisfecho con la
democracia, ese porcentaje bajó al 11% en 2006 y al 4% en 2009,
según los ejercicios elaborados por el CIDE para su Estudio Nacional
Electoral de México.
El proyecto forma parte del programa
Comparative Study of
Electoral Systems (CSES), que inició a mediados de la década de
1990 con la participación de instituciones educativas de más de 50
países, señaló la académica Rosario Aguilar, una de sus
coordinadoras.
La meta del CSES es que cada cuatro años todas las organizaciones
involucradas realicen encuestas por módulos temáticos, cuyos
resultados permitan conocer y comparar el comportamiento político de
los ciudadanos de varias naciones. Las encuestas son postelectorales
y se aplican a muestras de entre 1,000 y 1,200 personas.
En el módulo 1 (1996-2001) se analizó cómo influyen las
instituciones de un país —parlamentario
o presidencial— en la conducta de sus habitantes. En el 2
(2002-2006), si la gente concibe las elecciones como un medio para
hacer que los gobiernos rindan cuentas o como una vía para
garantizar que será representada. En el 3 (2007-2011), cómo
responden las personas ante las opciones políticas que se presentan
y en el 4 (2012-2016) se observará la incidencia de factores
socioeconómicos o políticos en un elector.
Para el caso de México, los datos hasta ahora recabados muestran
que a la par de que baja la satisfacción con la democracia, se
mantiene o incluso crece la confianza de la ciudadanía en el voto.
En 1997, el porcentaje de personas que declaró pensar que el
sufragio influye en lo que pasa en el país era del 73%. La cifra
subió al 76% en 2000, tuvo su pico más bajo en 2003 con 58%, volvió
a aumentar en 2006 con 72% y regresó al 73% en 2009.
"Por un lado está el desencanto, pero por el otro está también un
lado más positivo: que la gente hasta ahora sí cree que su voto es
relevante y que es importante ir a votar. Esas son dos cosas que
parecieran contradictorias, pero en realidad no lo son y dependen
mucho de la oferta política que haya", dijo Aguilar.
"Si las personas perciben que hay una oferta diferente entre los
partidos, y que sí traerá como consecuencia una manera distinta de
gobernar dependiendo quién gane, pueden de alguna manera expresar
mejor sus preferencias y tienen mucho más incentivos para votar",
señaló.
De acuerdo con la académica, el crecimiento de la insatisfacción
con la democracia era previsible, debido a que no se han cumplido
muchas de las expectativas que generó el triunfo del Partido Acción
Nacional (PAN) en las presidenciales del 2000, tras 71 años de
gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
"La situación en el país no ha ayudado, por la cuestión de
inseguridad y de conflicto interno, a que la gente se sienta muy
satisfecha con el gobierno. Eso también va en demérito de la
democracia", dijo.
"Creo que tenemos que llevar, tanto los políticos como la
ciudadanía, un proceso de aprendizaje de qué tanto te puede dar la
democracia, pero también que la gente entienda que el voto sí es la
herramienta para castigar o para premiar al político", agregó.
Las calificaciones de los partidos
Las encuestas del CIDE —financiadas por el Instituto Federal
Electoral (IFE)
y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt)— también
muestran que la preferencia hacia el PAN bajó de una calificación de
6.6 en el 2000 a 5.9 en 2009, en tanto que la del PRI subió de 4.8 a
6.6 en el mismo lapso.
En ese periodo, la del Partido de la Revolución Democrática (PRD)
tuvo un ligero aumento, de 4.3 a 4.9, pero incluso fue superado por
el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), uno de los llamados
"partidos pequeños" que en 2009 alcanzó un puntaje de 5.2.
Para la última medición, los encuestados identificaron al PAN y
al PRI como partidos tendientes a la derecha (con 7.2 y 6.9 puntos,
respectivamente, en una escala del cero al 10), al PVEM como uno de
centro (5.4) y al PRD como uno cercano a la izquierda (4.1).
La mayoría de la ciudadanía se ubicó más cerca de la derecha (con
una nota de 7.1) y, desde el 2000, ha expresado una disminución en
su disposición al cambio político. Mientras en el 2000 el 66% de las
personas dijo identificarse más con el enunciado "El que no arriesga
no gana", ese porcentaje cayó hasta el 36% en 2009.
En contraste, la cantidad de ciudadanos que se relacionan con la
frase "Más vale malo conocido que bueno por conocer" ha permanecido
entre el 32% y el 29% en estos años.
Al igual que el desencanto con la democracia, el aumento de la
aversión al cambio después de la "fiesta democrática" del 2000 se
relaciona con las expectativas no cumplidas por los
gobiernos del PAN, según Aguilar.
"La gente esperaba que muchas cosas iban a cambiar y como que
sienten que los políticos no están respondiendo a sus necesidades o
a sus intereses", dijo la académica.
"Es riesgoso que la gente no esté muy satisfecha, porque entonces
no le da un valor a la democracia. (…) Hay un poco de riesgo de que
el electorado se sienta atraído por discursos que no sean tan
democráticos, pero que le prometan seguridad, mejor economía, que
prometan cosas que necesita ahorita", aseguró. "Sí se puede dar el
caso de que un electorado vote por opciones poco democráticas, y más
en una democracia tan joven". Fuente
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