LA HISTORIA DE LA
DEMOCRACIA EN MÉXICO
Bajo la célebre máxima de “el que pega primero pega dos veces”,
los representantes de los partidos que llegaban primero a la
casilla el día de la
elección presidencial, tomaban su control. Desde luego, los
miembros del partido oficial se encargaban de madrugar, para
madrugar a la oposición.
La institucionalización de la
revolución en la forma de partido político (1929) no contempló
la instauración de un régimen democrático a pesar de estar señalado
en la Constitución. La democracia sólo fue parte del discurso y de
la retórica política, y el sistema se encargó de construir
una democracia simulada, donde el propio gobierno era juez
y parte de las elecciones. Si entre 1910 y 1929, las
elecciones estuvieron manchadas por el fantasma de la violencia
armada, a partir de 1934 comenzó la sofisticación y
sistematización del fraude electoral, con el cual, invariablemente,
el partido oficial obtenía “carro completo”.
Si algo tuvieron los operadores políticos del partido
oficial fue una imaginación sin límites para realizar los fraudes
electorales. Del robo de urnas con ametralladoras Thompson
en mano –como lo describe el cacique potosino Gonzalo N. Santos en
sus Memorias- a la urna embarazada –la cual era retacada de
boletas antes de iniciar la jornada electoral; de la intervención
de la fuerza pública para amedrentar a la oposición, al carrusel o
el ratón loco –seudociudadanos eran llevados a votar en todas las
casillas posibles-; del padrón inflado en el que hasta los muertos
votaban al conteo doble; de la sustitución de identidad de los
electores a la compra de votos o la coacción; de la alteración de
actas a la manipulación de los sistemas de cómputo; de la violación
de los topes de campaña a la utilización de recursos públicos para
favorecer a un candidato.
Así, la sofisticación del fraude permitió transitar de las jornadas
violentas a la pacífica simulación. En 1940, el candidato oficial
Ávila Camacho le ganó al opositor Juan Andrew Almazán, en unas
sangrientas elecciones; en 1946, la maquinaria del estado se
movilizó a favor de Alemán para derrotar a Ezequiel Padilla y en
1952, la designación de Ruiz Cortines como candidato, provocó
un cisma al interior del partido, lo que significó la salida del
general Miguel Henríquez Guzmán para lanzar su candidatura apoyado
por la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano.
De 1958 a 1982, no hubo problemas en las elecciones debido a
que el
fraude se volvió parte del sistema. En 1988, la caída
del sistema de Bartlett puso al país de cabeza; los asesinatos
políticos de 1994 empañaron el proceso electoral de ese año y a la
postre provocaron una terrible crisis económica; la oposición
denunció falta de equidad en la contienda pues el partido oficial se
benefició con mucho mayor tiempo en los medios de comunicación para
su candidato.
Con un régimen que actuó como juez y parte, la expectación generada
al aproximarse una nueva sucesión presidencial no recaía en saber
quién ganaría la elección, que de antemano estaba definida para el
candidato oficial, sino en el tipo de fraude que se
emplearía para garantizar su triunfo.
Sexenio tras sexenio, el ejercicio libre y pleno del
sufragio fue violentado y el voto a favor de la oposición
perdió su valor. Los cargos de elección popular dependían
de la voluntad presidencial, de los gobernadores, de los líderes
charros pero no del voto. El antiguo régimen fue incluso capaz
de cometer fraude contra sus propios candidatos.
La democracia no tenía significado para la “familia revolucionaria”
–era simple y llana retórica-; los miembros del partido oficial
consideraban el poder como su propiedad; una
propiedad que merecían por haber sido los vencedores de la
Revolución. La democracia, los derechos políticos, la libertad del
sufragio, eran términos que relacionaban con las oscuras fuerzas de
la reacción.
En 1946, en el trigésimo sexto aniversario de la Revolución
Mexicana, Alejandro Gómez Maganda, diputado del PRI, señaló en la
tribuna del Congreso: “El sufragio efectivo es impracticable
en México, porque el poder está en poder de las fuerzas
reaccionarias y sería inconcebible y absurdo que la Revolución, por
tonto sentido de honrada generosidad, dijera a la reacción: ‘Toma el
sufragio efectivo, que para eso lo gané, tómalo y derrúmbame en las
urnas electorales’.
Con todo cinismo, los diputados hablaban abiertamente de los
instrumentos de control social para favorecer al partido en los
procesos electorales. La creación de sectores dentro del
PRI no tenía como fin la unión para la defensa de los intereses
gremiales, sino la construcción de un entramado de control que
garantizara el voto corporativo de los obreros, los campesinos y la
burocracia, a cambio de concesiones y prebendas otorgadas a los
líderes gremiales, en la forma de curules, presidencias municipales
o negocios al amparo del poder.
Durante el siglo XX, México no vivió bajo un régimen
democrático –como está estipulado en el artículo 40 de la
Constitución de 1917-; el sistema político surgido de la revolución
levantó el andamiaje de la simulación para construir una ficción
democrática. El sistema hizo de la política una mentira y de la
simulación un arte.
“Pero la mentira es una realidad política fundamental –escribió
Gabriel Zaid-. Las democracias simuladas no gobiernan por
la simple fuerza bruta, sino por la trampa: apoderándose de
la verdad. Los ciudadanos están a merced de las autoridades, en
primer lugar, porque no pueden demostrarles nada. Hay toda una
industria de la verdad oficial: triunfos electorales, leyes,
noticias, libros de texto, sentencias judiciales, adhesiones,
desfiles, celebraciones, manifiestos. El crecimiento del estado y la
corrupción son casi efectos derivados: adueñarse de la verdad
facilita adueñarse de todo lo demás”.
Una vez que el país comenzó a navegar por las aguas de la
estabilidad política a partir de la década de los treinta, todos los
procesos electorales se realizaron de acuerdo con las fechas
previstas; se montaban las casillas, había representantes incluso de
la oposición –que no pocas veces fueron acosados en las jornadas
electorales-, la gente votaba, se calificaban las elecciones, se
tomaban las protestas de los candidatos ganadores. Pero detrás del
gran montaje, del escenario de la simulación se encontraba la
maquinaria electoral al servicio del partido oficial.
Cada elección ganada por el PRI desde los dominios de la
alquimia electoral abatía el ánimo ciudadano, sin dolor,
sin sobresaltos, lentamente y de manera casi imperceptible, tan
sutilmente que al paso de los años estaba casi exterminado.
La trampa como ejercicio cotidiano; la trampa como sistema…
la trampa se enquistó en la cultura política y permeó a la sociedad
que ante la
simulación democrática pronto olvidó el significado de la frase
que la retórica oficial pronunciaba en cada aniversario luctuoso de
Madero o que invariablemente aparecía al calce de los documentos
oficiales: “Sufragio efectivo-No reelección”. Fuente
|
Compartir este articulo : | | | | |
POLÍTICA EN MEXICO
ORGANIZACIONES POLÍTICAS EN MEXICO
NI NEOLIBERALISMO NI POPULISMO DEMOCRACIA
¿LA DEMOCRACIA SATISFACE A LOS MEXICANOS?
ALGUIEN QUIERE LO QUE TU TIENES, ALGUIEN TIENE LO QUE
TU QUIERES.
- Como vender por Internet
- Como comprar por Internet
- Guías de compras (Lo que debes
saber antes de comprar)


|
|