CÓMO FINALIZA LA
RELACIÓN ENTRE CALDERÓN Y EU
Semanas después de la elección presidencial, analistas,
académicos y
funcionarios estadounidenses analizan el estado de la
relación México-Estados Unidos. Evalúan los avances, retrocesos
y asuntos pendientes del gobierno del presidente Felipe
Calderón, y analizan las perspectivas y desafíos de la nueva
administración.
Los funcionarios consultados advierten un
balance de contrastes en la relación bilateral entre Estados
Unidos y el gobierno del Partido de Acción Nacional. Entre lo
positivo, destacan que la cooperación en seguridad y narcotráfico se
expandió de manera exponencial en comparación con la colaboración
con los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Se
suscribieron acuerdos históricos con la Marina y la Secretaría de la
Defensa en materia de inteligencia y las extradiciones de
narcotraficantes rompieron todos los récords. Aumentaron de cuatro
en 1995 a 89 en el primer año de régimen calderonista. Entre
diciembre de 2006 y diciembre de 2010, el gobierno mexicano envío a
EU a 374 hombres y mujeres acusados de distintos delitos.
En junio se resolvió un conflicto que durante 14 años impidió
que, como parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte,
los camiones de carga mexicanos circularan en EU, y en estas semanas
se solucionaron otros diferendos que impedían la importación de papa
y becerro producidos en EU.
La reciente incorporación de México al Acuerdo de Asociación
Transpacífico (TPP) se inscribe en la idea de que Estados Unidos
necesita enfrentar a los países asiáticos desde una sociedad cada
vez más estrecha con México y Canadá, sus dos socios más importantes
en la región. “Representa un paso geoestratégico clave que incidirá
en la competitividad, el empleo y el crecimiento económico de
Norteamérica", dijo el embajador de México en Washington, Arturo
Sarukhán.
El adiós del embajador
Entre los saldos negativos, sobresale lo que para el gobierno de
Washington es una paradoja: a nivel operativo la cooperación fue
extensa, constante e innovadora, pero al más alto nivel sufrió un
resquebrajamiento grave que nunca se restañó después del escándalo
desatado por la publicación de los cables de Wikileaks.
El embajador de EU en México, Carlos Pascual, renunció en marzo
de 2011 después de que el presidente Calderón dijo haberle perdido
la confianza a raíz de las críticas que, de acuerdo con el sitio
Wikileaks, el diplomático hizo de la lucha mexicana contra el
narcotráfico. Pascual había criticado al Ejército mexicano por ser
“lento y tener aversión al riesgo”.
Una fuente de alto nivel de la Casa Blanca dijo a CNNMéxico que,
aunque nunca fue muy cálido, el trato del presidente Barack Obama y
de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, con Calderón se volvió
"gélido" después de las airadas protestas del presidente mexicano
por las revelaciones de los cables confidenciales. Para el gobierno
estadounidense, el embajador Pascual no había incurrido en ninguna
falta. Cumplía su misión en México y como parte de ello escribía
análisis y redactaba memorándums como lo hacen todas las misiones
diplomáticas del mundo.
Rodrigo Aguilar Benignos socio director de Aguilar Kubli y
Asociados, una empresa de consultoría internacional, dijo que uno de
los grandes pendientes en la relación bilateral es la falta de una
política exterior específica respecto de Estados Unidos.
"En este sexenio esa política fue monotemática y se concentró en
seguridad regional y narcotráfico", dijo. Aguilar citó las
operaciones de mantenimiento de paz y la insistencia de Estados
Unidos en que México acepte participar. "Pero parece que a México no
le interesan estas posiciones en el concierto internacional y esa es
una diferencia con el papel de la política exterior de Brasil, que
apunta hacia un liderazgo en la región", añadió.
Andrew Selee, director del Instituto México en el Woodrow Wilson
Center, advierte que la relación bilateral ha mejorado de manera
significativa y refleja la realidad de un incremento gradual en la
integración económica y social entre ambos países.
"Hay que reconocer que, en general, ha habido un trato respetuoso
y pragmático entre los dos gobiernos en años recientes", dice Selee.
"El tema en el que más se ha avanzado es el de seguridad, por la
apremiante situación en México, pero en materia económica se han
resuelto problemas antes de que lleguen a ser conflictos mayores y
se ha elevado la cooperación en temas económicos globales a raíz de
la participación de México en el G-20".
Selee considera que en materia migratoria no hubo avances
sustantivos y sigue siendo el irritante mayor de la relación
bilateral, de ambos lados, aunque la disminución del flujo
migratorio abre posibilidades para ser más creativos en el futuro.
El regreso del PRI
El analista cree que la victoria de
Enrique Peña Nieto (PRI) no implica grandes diferencias en la
relación. “Habrá un periodo de ajuste de ambos lados, ya que
regresarían muchos cuadros priistas ausentes en los últimos años, y
debido a algunas reticencias del gobierno norteamericano sobre las
intenciones del PRI, pero dentro de muy poco tiempo llegarán a un
relación fluida".
En el caso de que hubiera ganado López Obrador, Selee sostiene
que se habría reajustado la agenda bilateral, pero duda que fueran
de fondo y permanentes. "Se trataría de conciliar estilos y aprender
a manejar nuevos códigos", advierte.
En cuanto al tráfico de armas, el escándalo de
Rápido y Furioso ha sepultado
cualquier intento serio de ir contra las redes de distribución de EU
a México, y es poco probable que haya avances en el futuro, en
opinión de Selee. En cambio, los esfuerzos contra el lavado de
dinero han aumentado notablemente. Un ejemplo es el expediente
abierto contra el exgobernador Tomás Yarrington y “es probable que
continúen con mayor energía a largo plazo”.
Sobre el futuro de la relación con México, un alto funcionario
del Departamento de Estado dijo que hasta hace un año en la
administración Obama existía una gran preocupación sobre la
posibilidad de que el Partido Revolucionario Institucional (PRI)
pudiera volver a gobernar. 
"Esa percepción se ha matizado y los círculos de poder en
Washington están más tranquilos porque han comprendido que México es
un país muy distinto al de las administraciones de Echeverría, López
Portillo y Salinas, por citar sólo algunos ejemplos. Ahora existen
equilibrios y contra pesos: hay una sociedad civil más activa y
organizada, y el poder está dividido. Sería imposible que los
gobernadores surgidos del PAN y los gobernadores perredistas
permanecieran callados ante cualquier intento de restauración del
autoritarismo priista de otros tiempos".
Un pasado de acuerdos
Uno de los puntos clave de la relación bilateral durante los
gobiernos priistas fue la firma en 1988 del Tratado de Libre
Comercio (TCL), con el que se pretendía facilitar el comercio entre
México y sus vecinos del norte, Estados Unidos y Canadá. En esa
época, tras la crisis mundial de los energéticos de los 70, el
presidente Miguel de la Madrid (1982-1988) adoptaba el método
liberal, con la reducción de la participación del Estado en la vida
económica. La venta, liquidación, fusión o traspaso de las
empresas públicas es una realidad, beneficiando al sector privado.
Salinas de Gortari, George Bush y el primer ministro canadiense,
Brian Mulroney, firmaron el TCL en 1992 y entró en vigor en 1994.
Ese año, México usó su relación con Cuba como un punto de definición
de las relaciones con EU, durante la
crisis de los balseros, cuando unos 35,000 cubanos se hicieron
a la mar, con cualquier tipo de embarcación capaz de conducirlos de
manera ilegal al país norteño.
En un texto publicado en agosto de 2010, Fidel Castro escribió
que en aquel momento de crisis migratoria, “William Clinton,
presidente de EU, que no deseaba a (Jimmy) Carter, quien se había
propuesto como mediador y a quien nosotros preferíamos, designó a
Salinas y no tuve otra alternativa que aceptarlo”.
Clinton “cumplió los acuerdos migratorios suscritos, pero mantuvo
el bloqueo económico, la ley de ajuste cubano, y en cuanto tuvo una
oportunidad endureció la presión económica con la Ley Helms-Burton”
y el mandatario mexicano, como mediador, “se portó bien. Mantuvo la
práctica de visitar Cuba con determinada frecuencia, intercambiaba
conmigo y nunca trató de engañarme”.
Entre tratados y crisis
Con Ernesto Zedillo (1994-2000), se priorizó la diplomacia
comercial, pero también sin modificar la sustancia histórica. A
finales de diciembre de 1994, y sin cumplir siquiera un mes en el
cargo, Zedillo enfrentó la crisis del peso, que casi obligaba a
México a incumplir con sus obligaciones financieras internacionales
a principios de 1995. La amenaza de suspensión causó pánico en los
mercados, y la única salida era gestionar un conjunto de medidas de
asistencia, en las que intervino EU en el marco del TLC, con un
préstamo de 20,000 millones de dólares que se formalizaron en el
Acuerdo marco entre EU y México para la estabilización de la
economía mexicana.
En este caso, el gobierno de México debía cumplir compromisos
monetarios, financieros y petroleros, sometidos a jurisdicción
exclusiva de la Corte de Distrito de EU. La rigidez del acuerdo
logró que México liquidara sus adeudos a EU antes de 1997. Con el
último gobierno priista del siglo XX, se cimentaron las bases de dos
temas prioritarios en los dos mandatos panistas: la migración y la
lucha contra el narcotráfico.
Rumbo a la elección presidencial de 1996, en California se
promovió la Propuesta 187, que negaba o restringía los servicios
médicos, de bienestar social y educación pública a los
inmigrantes ilegales. Aunque la medida completa no prosperó, el
espíritu de estos lineamientos ha sido retomado en leyes como la
SB1070 de Arizona. Además, llevó a la aprobación de la Ley de
Reforma de la Inmigración Ilegal y la Responsabilidad del Inmigrante
(IIRIRA, por sus siglas en inglés).
Clinton firmó la IIRIRA en septiembre de 1996, dos meses antes la
elección presidencial en la que fue reelecto, y la ley entró en
plena vigencia en abril del siguiente año.
A la par, en 1995 México también luchaba por conseguir la llama
“certificación” anual, es decir, la calificación de los esfuerzos
antinarcóticos. Como el país debía cumplir con el pago de su
préstamo a raíz de la crisis del peso, el Congreso de EU condicionó
la extensión de garantías a menos que la administración de Zedillo
incrementara su cooperación con las autoridades estadounidenses.
Esto originó la creación del Grupo de Contacto de Alto Nivel (GCAN)
para favorecer la comunicación y coordinación antidrogas entre ambos
gobiernos, que operó a lo largo del gobierno, pero que no evitó
críticas del director de la Agencia de Control de Drogas (DEA, por
sus siglas en inglés), Thomas Constantine, al referirse a México
como “un paraíso” de lavado de dinero para los cárteles de la droga.
Dos años después, a principios de 1997, el director del Instituto
Nacional para el Combate a las Drogas (INCD), el general José
Gutiérrez Rebollo fue arrestado por sus presuntos
vínculos con el narcotraficante Amado Carrillo Fuentes, líder
del cártel de Juárez. Era la primera vez que se acusaba a un alto
mando militar de estar involucrado con el crimen organizado.
Eric Olson, especialista en seguridad del Woodrow Wilson Center,
asegura que la Casa Blanca espera que el nuevo presidente de México
mantenga en términos generales el mismo nivel de cooperación y los
esfuerzos en dos temas vitales: la construcción de una policía
nacional, y el entrenamiento de fiscales y policías a nivel estatal
y municipal. Fuente
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