CÓMO ES EL
TRASTORNO OBSESIVO-COMPULSIVO EN LOS NIÑOS
Alissa Welker enciende las luces, las apaga, las enciende, las
apaga, las enciende, las apaga, cuantas veces sea necesario para
que se sienta “correcto”. Cuando tenía 9 años, ella pasaba el
equivalente a una jornada laboral de un adulto haciendo este
tipo de rituales. También se lavaba las manos en exceso, evitaba
a los enfermos y apenas comía, por temor a una intoxicación
alimentaria.
Mistery Almond sentía que tenía que lavarse las manos más que la
mayoría de la
gente, hasta el punto en que sus compañeros de clase se burlaban
de ella. Además veía palabras escritas en su cabeza —era “como leer
un libro”— que le decían que hiciera cosas, como pegarle a una niña
de segundo grado que se mofaba de ella por obsesionarse con el
lavado de manos.
Alissa, de 17 años y Mistery, de 10, tienen síntomas diferentes,
pero ambas han tenido la sensación de tener que actuar de ciertas
maneras que están fuera de lo común, así como miedos intensos. Estos
son síntomas del trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), que se cree
afecta a 1 de cada 100 niños, de acuerdo con la Fundación
Internacional del TOC.
“A veces con mi TOC, me siento triste. Se siente como si una
oscuridad se hubiera apoderado de mí. Es una sensación realmente
mala”, dice Mistery.
Niños de tan sólo 3 o 4 años pueden mostrar signos del trastorno
obsesivo-compulsivo, dice Jeff Szymanski, director ejecutivo de la
Fundación Internacional del TOC.
Pero el inicio del trastorno suele ser entre los 10 a 12 años o
de 18 a 22 años. Los niños tienden a tener síntomas más temprano en
la vida que las niñas, éstos incluyen pensamientos no deseados que
producen miedo, ansiedad y conductas repetitivas dirigidas a
deshacerse de esas ideas.
Los médicos trazan la línea entre las conductas normales de la
infancia y los signos del trastorno obsesivo-compulsivo cuando los
niños se involucran en conductas repetitivas que consumen su tiempo.
Los
infantes pueden llegar a quedarse atrapados en pensamientos que
simplemente no se van. Y no necesariamente se dan cuenta de que no
están actuando con normalidad.
“En su mayor parte, los adultos se dan cuenta de que estos
síntomas no tienen ningún sentido”, dijo Szymanski. “Los niños no
necesariamente tienen esa perspectiva”.
La terapia de exposición es un tipo de terapia
cognitiva-conductual estándar dirigida a reducir la ansiedad
asociada con fenómenos particulares. Para los niños, esto a menudo
implica nombrar al TOC como el “acosador' o “monstruo” y hacer que
se marche, dice Szymanski. Esto ayuda mucho a los niños con sus
pensamientos atemorizantes y no deseados.
También se les puede prescribir
medicamentos. Un estudio reciente publicado en el
Journal of the American Medical
Association encontró que los niños que recibieron terapia
cognitivo-conductual para el TOC, además de medicación, tendían a
mostrar una mayor mejoría que quienes sólo tomaron los medicamentos.
Algunos niños reciben un buen tratamiento y nunca experimentan
los síntomas del TOC de nuevo, mientras que otros lo tendrán durante
toda su vida, con algunos periodos mejores que otros. Puede
desaparecer en la infancia y volver a aparecer en la edad adulta.
La madre de Alissa, Vicki González, nunca había oído hablar del
TOC antes de que su hija se le acercara y le contara acerca de estos
sentimientos. González recurrió a internet y descubrió que los
síntomas de Alissa parecían coincidir con esa condición.
A los 10 años, Alissa comenzó a ver a un terapeuta y a tomar
sertralina, un antidepresivo que se prescribe comúnmente para tratar
el TOC. Es un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina,
un tipo de medicamento que modifica el equilibrio de la serotonina
en el cerebro.
Un hecho que marcó a Alissa fue la conferencia de la Fundación
Internacional del TOC en 2006 en Atlanta. Ella no quería ir, pero su
madre la convenció para que asistieran. Fue allí donde conoció a
otros jóvenes con este
trastorno, cuyos síntomas habían mejorado, algo que Alissa no
sabía que fuera posible.
“Antes de ir a la conferencia, yo no creía que fuera posible
pasar de hacer entre 8 y 10 horas de rituales del día, a ser libre
de síntomas y vivir una vida normal”, dijo.
A ella le gustó la conferencia, tanto que volvió al año
siguiente, cuando se realizó en Houston, y conoció a dos
niñas, que siguen siendo sus mejores amigas.
“Nos entendemos y sabemos que no tenemos que ocultar nada entre
nosotras. No nos juzgamos por lo que está pasando en nuestras vidas.
Siempre estamos ahí para las demás”, dijo.
El ejercicio también le ha ayudado. Alissa es una nadadora de la
selección de su escuela; cuando su TOC se puso difícil, sentía un
alivio general del estrés al sumergirse en su pasión por el deporte.
Ahora,
Alissa está en el último año de la escuela preparatoria y maneja
mejor que antes su TOC, aunque todavía tiene altibajos. A veces pasa
meses o años sin síntomas, pero este otoño, se sorprendió a sí misma
golpeado sus dedos cierto número de veces y teniendo otros
pensamientos no deseados, debido al estrés del proceso de admisión a
la universidad. Ella todavía toma la medicación y va a terapia cada
dos o tres meses.
El caso de Mystery
La travesía de Mystery a través del
TOC comenzó temprano, cuando tenía alrededor de 5 años. Empezó a
tener más crisis, a lavarse excesivamente las manos y a revisar las
cerraduras de las puertas.
La escritura en la cabeza le molestaba hasta el punto de que no
podía dormir. Por la noche tenía miedo de que algún tipo de “animal
malo” o "el monstruo" estuviera fuera de su ventana y tenía
pesadillas vívidas, de las que se despertaba llorando. Otros niños
la molestaban cuando ella les sugería lavarse las manos antes de
comer en la escuela.
Con base en encuestas informales, muchos niños con TOC reportan
sentirse intimidados y dicen que el trastorno interfiere con sus
tareas escolares, comenta Szymanski.
La
terapia y los medicamentos han ayudado a Mystery, quien también
tiene el síndrome de Asperger, lo que significa que tiene problemas
con las interacciones sociales y las conductas repetitivas. Ella
pasó por varias combinaciones de tratamientos antes de encontrar una
combinación que le sentara bien: un antipsicótico, el antidepresivo
duloxetina, el antipsicótico ziprasidona y el medicamento contra el
trastorno de déficit de atención con hiperactividad, guanfacina.
“Me siento mejor. Me siento más feliz. Ya no tengo que lavarme
las manos tanto, porque no estoy preocupada”, dice.
Con su terapeuta, también ha hablado de hacer amigos y de ser
menos acosada, a pesar de que “los niños siempre serán niños”,
afirma.
Mystery también tiene un terapeuta ocupacional y realiza terapia
ecuestre para controlar el síndrome de Asperger, lo que implica el
desarrollo de habilidades interpersonales a través de la interacción
con caballos.
“Nosotros no queremos cambiarla. Sólo queremos ayudarle a
entender el mundo un poco mejor”, dijo su padre, Vince Almond. “No
está mal o equivocada ni nada de eso. Ella es diferente”.
En su tiempo libre, Mystery escribe poesía, a veces sobre el TOC.
Ella leerá su poema Special and Proud
en una conferencia sobre este transtorno:
“Ella es valiente,
Pero a veces tiene miedo,
De cosas que no debería de ser
Puede que se moleste
Y es difícil para ella olvidar
Cuando empieza a repetir cosas”. Fuente
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