UN VOTO, UNA
TARJETA. LA ESTRATEGIA ELECTORAL EN EDOMEX
La región sur del
Estado de México, colindante con el estado de Guerrero,
concentra algunos de los ayuntamientos más pobres.
Ahí, los operadores electorales se confunden con los promotores de
programas sociales o con autoridades constituidas.
En el municipio de
Amatepec, Nicolás Ramírez,
un poblador de 86 años, relata lo qué ocurrió el pasado jueves 19 de
mayo, cuatro días antes de que acudiera a la zona el candidato de
izquierda Alejandro Encinas Rodríguez que encabeza la Coalición
Unidos Podemos Más, integrada por el Partido de la Revolución
Democrática (PRD),
del Trabajo (PT) y Convergencia.
“Vinieron unas señoritas del
Oportunidades (programa federal de apoyo social) por el papeleo, se
lo llevaron y no dejaron que lo trajéramos acá, que para que no nos
los quiten pero se lo llevaron ellas”, refiriéndose al programa
social federal, y asegura que entre el “papeleo” se llevaron
credenciales de elector y documentación original.
En Amatepec 68% de su población es
analfabeta; 34% no tiene drenaje; 51% de sus pobladores carece de
servicios de salud; y 38% vive en pobreza alimentaria.
Sus pobladores aceptaron entregar sus
documentos a cambio de apoyos,
de quien sea, de cara a las elecciones a gobernador en el Estado de
México el próximo 3 de julio.
Campesinos de la zona dicen esperar a
que algún partido les dé costales de fertilizante, pues cada uno
cuesta 3,000 pesos. En 2009, previo a las elecciones municipales,
aseguran Rosalío Martínez y Vicente Martínez, fue el
PRI, — que ha gobernado 18 años
el municipio— el que “nos dio todo, nos dio semilla,
fertilizante” pero eso apenas duró tres meses, se quejan.
En su recorrido de campaña por el
lugar, realizado el 23 de mayo,
Encinas Rodríguez ofreció terminar con el abuso. Para
evitar que tengan que esperar dádivas a cambio de su voto, anuncia
que casa por casa se entregará La Cumplidora, una tarjeta con
espacio para escribir los datos del beneficiario y, aparentemente,
sin más valor que la promesa de contar con programas sociales si el
PRD gana las elecciones.
La Cumplidora, de Encinas, promueve
programas sociales en beneficio de estudiantes y mujeres.
Eruviel Ávila, su contrincante
priista, ofrece en su campaña una tarjeta similar en forma y
propósitos, ésta llamada La Efectiva.
"Con la
Tarjeta La Efectiva, podrás elegir dos programas de tu
preferencia, de los cuales serás beneficiario durante los seis años
de mi gestión como gobernador
del Estado de México", dice el portal oficial del
candidato.
Tarjetas que sólo prometen
Al parecer esas tarjetas son sólo una
estrategia de campaña, no
un condicionamiento del voto a cambio de una ayuda social, expone el
sociólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México, Manuel
Ramírez Mercado.
Considera que no podría definirlas
como muestra de clientelismo o uso electoral de programas sociales,
pues hoy sólo se trata de promesas. "Si no tenemos plenamente un
referente o evidencia de que así sea, es arriesgado poder hacer
juicios en este sentido. Uno puede inducir o pensar que se está
usando así, pero sería irresponsable anticipar".
Sin embargo, mientras se pretenda
incidir en la participación electoral, sea con promesas de apoyos
sociales, sea con esas tarjetas, con dádivas o mecanismos como
nóminas ocultas “vamos a tener una calificación negativa al proceso
de la construcción democrática en este país”, plantea Ramírez
Todos los colores
En realidad las
prácticas de clientelismo
no son exclusivas de un partido, sostiene el investigador del Centro
de Investigación y Estudios Avanzados en Ciencias Sociales y
Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM),
Edgar Hernández Muñoz.
El doctor en Sociología, quien ha
escrito sobre el uso político de la pobreza en el país, explica a
CNNMéxico: “el clientelismo no tiene colores, se reproduce en todos
los niveles”.
Por ejemplo, aunque no son los
únicos,
PRI y PRD tienen “amplias bases
sociales, cuadros formados en la gestión de bienes y
servicios, una organización territorial acreditada y, por supuesto,
la capacidad igualmente reconocida de movilizar a sus adherentes en
las campañas”.
Pero es un fenómeno que tiene que ver
con la forma de hacer política, pues hay quienes inician sus
carreras en las localidades y para ellos “ocuparse de quienes están
en pobreza es políticamente
correcto y electoralmente rentable, en todo caso es válido
y tiene sentido porque la vocación de servicio público presupone
trabajar por la gente”.
Sin embargo reconoce que cuando estos
apoyos se vinculan a procesos electorales no sólo existe la
intención, sino que se logra influenciar el sentido del voto. “El
reparto de bienes públicos, sobre todo los que satisfacen
necesidades primarias y cotidianas
como lo son los de consumo popular, sí inciden en el ánimo de los
electores que se hallan en situación de pobreza y marginalidad”,
plantea el investigador.
Los beneficiarios los reciben,
explica, no sólo como regalos, sino que ven en ellos una
expresión concreta de la
intención de quienes los entregan, sean operadores partidistas o de
gobierno, “de incorporarlos a los padrones de beneficiarios”.
Y ser incluidos en esos esquemas
“siempre será atractivo para quienes, pese al carácter condicionado
y por supuesto manipulador de este tipo de apoyos, ciertamente
dependen de ellos debido a su
notoria desventaja económica o su vulnerabilidad social”.
Es por eso que el experto considera
que “si lo que queremos es una democracia más sólida y de mayor
calidad” se precisa un rediseño de
toda la política social, de manera paralela al fomento a
una cultura
cívica en donde la ciudadanía se interese más por la oferta
electoral y la credibilidad, “en lugar de apostar a la entrega de
regalos, que no es sino la compra de conciencias”.
Por lo pronto, valora que aún es
prematuro saber si los blindajes que se han instaurado en torno a
los programas sociales hayan servido para desalentar las prácticas
clientelares, neutralizar sus efectos y perseguir a sus operadores.
Esto se debe a que esas medidas son
relativamente recientes y a que hay resistencias.
Los operadores electorales se han
profesionalizado, tienen “acreditado oficio y experiencia
en la materia (y) van a seguir entregando los recursos haciéndolos
pasar como dádivas a las que se debe reciprocar con votos”, indica
Hernández.
En el
Estado de México, a unas semanas de la elección, todavía está
por verse si esas prácticas prevalecen, y si impactan al ánimo del
electorado en pobreza.
Fuente

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