BENEFICIOS DE LA
CERVEZA SIN ALCOHOL
Creada a principios del siglo XX
tomando como base a la cerveza tradicional, esta refrescante bebida
cuenta con numerosas virtudes alimenticias que la convierten en una
opción nutricional muy recomendable, de acuerdo con estudios
recientes.
Muchas investigaciones han demostrado
que el consumo de cerveza ofrece numerosos beneficios para el ser
humano, ya que además de estimular la producción de “colesterol
bueno”, que previene la formación de depósitos de grasa en las
arterias y disminuye el riesgo de padecer infarto en corazón y
cerebro, contiene antioxidantes que frenan el envejecimiento y
deterioro de las células del organismo, e incluso ayudan a prevenir
el cáncer.
Sin embargo, científicos y
nutriólogos han señalado con mucha razón que tales ventajas no son
motivo para iniciar peculiares cruzadas por la salud y dedicarse
alegremente al consumo desmedido de esta bebida, pues no hay que
perder de vista que también posee considerable porcentaje de alcohol
etílico, mismo que al entorpecer reflejos y funciones mentales es
responsable de numerosos accidentes laborales y automovilísticos,
sin olvidar alguna que otra discusión conyugal.
Pues bien, nuevos estudios han
encontrado que desde hace varias décadas contamos con una manera de
sacar provecho de las cualidades nutricionales de la cerveza sin
sufrir efectos adversos: beber la que carece de alcohol.
Evidentemente, el consumo de esta modalidad del producto genera
menos algarabía que el de la tradicional, pero también es cierto que
de esta manera se pueden explotar de mejor forma las propiedades de
la milenaria bebida.
Un poco de historia
La cebada es un grano que ha sido
empleado por el hombre cuando menos desde el año 3,000 antes de
nuestra era, ya que hay vestigios de su presencia en la dieta de
pueblos asiáticos y europeos; crece con mayor facilidad en clima
frío, de modo que no es extraño que su cultivo haya prosperado en
países como Alemania e Inglaterra. Su semilla es muy dura, por lo
que se tenía la costumbre de sumergirla en agua y hervirla para
ablandarla y facilitar su aprovechamiento.
Hay pruebas arqueológicas de que este
grano era almacenado en cuevas, así que se cree que en alguna
ocasión un tipo de hongo microscópico (levadura) invadió las bolsas
húmedas donde se almacenaba, y que al entrar en contacto con el agua
y una temperatura adecuada inició su fermentación (proceso mediante
el cual los microorganismos se alimentan de los carbohidratos de las
semillas y los transforman en alcohol), dando lugar a rústica
cerveza.
Con el paso del tiempo se fueron
añadiendo nuevos ingredientes, como romero, tomillo, frutas u otros
granos, a fin de que la bebida tuviera un sabor más agradable y para
evitar que se echara a perder. Existe la creencia de que el gusto
por experimentar nuevas recetas alcanzó su punto culminante en el
siglo XV, cuando los comerciantes holandeses introdujeron hojas de
lúpulo (planta trepadora) en la fórmula; tal combinación no sólo
sirvió para que la cerveza tuviera cierto sabor amargo, sino ha sido
la base de la abrumadora mayoría de los procedimientos empleados en
su elaboración desde el siglo XVIII.
Concretamente, el origen de la
cerveza sin alcohol se remonta a 1919, cuando se prohibió la
comercialización de cualquier vino, licor o similar en Estados
Unidos (Ley Seca). Para satisfacer el gusto de miles de personas se
comenzó a experimentar con productos de porcentaje alcohólico no
superior al 2.5% (la cerveza tradicional posee entre 4% y 5%), hasta
que se obtuvieron y comercializaron bebidas con contenido que
variaba entre 0.1 y 0.3 %.
El proceso de elaboración consistía,
a grandes rasgos, en someter a la cerveza tradicional a altas
temperaturas (destilación), aprovechando la cualidad química del
alcohol de evaporarse mucho antes que el agua durante este proceso.
Actualmente se sigue empleando dicho método, aunque hay innovaciones
importantes que consisten en utilizar levaduras especiales o filtrar
la bebida en forma especial.
Así pues, se considera que una
“cerveza sin”, como se le conoce, es aquella con nivel de alcohol
inferior al 1% del volumen total; de acuerdo con catadores expertos,
su sabor es agradable al paladar, casi igual al de una cerveza con
alcohol, aunque suelen comentar que es un poco más dulce y
proporciona menos energía.
¡Brindis a su salud!
A semejanza de la convencional, la
“cerveza sin” posee más de dos mil sustancias distintas, entre ellas
numerosas vitaminas, minerales, carbohidratos que proporcionan
energía y hasta proteínas, mismas que son responsables de la
cremosidad y estabilidad de su distintiva espuma o “cabeza”, como le
llaman los conocedores.
Sin embargo, las investigaciones
nutricionales en años recientes se han enfocado más en dos tipos de
componentes: los compuestos fenólicos o fenoles, que son un grupo de
antioxidantes que reducen el envejecimiento celular, previenen el
cáncer y detienen el deterioro del tejido cerebral, y los
antiagregantes plaquetarios, que ejercen función positiva en la
prevención de enfermedades del sistema circulatorio, como
aterosclerosis (endurecimiento de venas y arterias por acumulación
de grasa), presión arterial elevada e infarto en cerebro y corazón
(obstrucción del suministro de sangre a estos órganos, ya sea por
taponamiento o ruptura de vasos sanguíneos, lo que ocasiona muerte
de parte de sus tejidos).
A todo esto podemos incluir los
resultados del peculiar estudio Cerveza sin alcohol: sus
propiedades, realizado por los investigadores Jesús Román Martínez
Álvarez, Antonio Luis Villarino Marín y José María Cobo Sanz,
adscritos a la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la
Alimentación.
En el documento se revelan varios
detalles de importancia sobre esta bebida:
- La cerveza sin alcohol tiene
alto porcentaje de agua (95%), por lo que se puede considerar
una bebida con cualidades hidratantes.
- Es estupenda fuente de ácido
fólico, vitamina del complejo B que participa en la construcción
del ADN (ácido desoxirribonucleico, proteína que recoge el
material genético y rige al metabolismo de las células), así
como en la formación y maduración de glóbulos rojos en la
sangre. Dos botellas normales de esta bebida (cada una de 330
mililitros, aproximadamente) aportan 12.5% de la cantidad diaria
recomendada de dicho nutriente.
- Su contenido de minerales y
vitaminas la convierten en adecuado complemento dentro de la
dieta de la mujer, incluso durante el embarazo y la lactancia,
aunque en tales casos siempre bajo supervisión del ginecólogo o
pediatra, según corresponda.
- La “cerveza sin” se caracteriza
también por su bajo contenido en sodio (4.5 miligramos por cada
100 mililitros), por lo que puede recomendarse ocasionalmente a
personas con presión arterial elevada, siempre que lo autorice
el médico.
- Una botella de esta bebida
aporta alrededor de 10 miligramos de calcio, útil para el
funcionamiento del sistema óseo, a la vez que contiene
cantidades considerables de potasio (de 200 a 466 miligramos por
litro), el cual ayuda al buen funcionamiento de músculos y
corazón.
- Igualmente, puede ser muy
favorable al incluirla como bebida refrescante en la comida de
las personas de la tercera edad, especialmente en aquellas que
tengan problemas de deshidratación y desnutrición, pues aporta
antioxidantes y micronutrientes como calcio, magnesio, zinc,
potasio y vitaminas del complejo B.
- El consumo moderado de este
producto (entre 1 y 2 botellas al día) puede incluirse en dietas
de adelgazamiento gracias a su bajo valor energético (14
kilocalorías por cada 100 mililitros), aunque siempre requiere
la aprobación del nutriólogo.
- Este producto también aporta
razonable cantidad de fibra soluble, que en una dieta bien
balanceada puede contribuir a evitar el estreñimiento.
Por último, el estudio considera que
las personas con enfermedades del sistema digestivo, como úlcera
(perforación de la pared estomacal) o colon irritable (trastorno en
el funcionamiento del intestino grueso que causa dolor abdominal,
estreñimiento o diarrea), problemas en riñón o hígado, diabetes
(acumulación excesiva de glucosa en sangre debido al deterioro
absoluto o parcial de la secreción de la hormona insulina), altos
niveles de colesterol, que sufren alcoholismo o se encuentran bajo
tratamiento farmacológico deben ser valoradas minuciosamente por su
médico de cabecera antes de consumir cerveza sin alcohol, ya que la
falta de control en estos casos puede ser perjudicial.
Sólo nos resta señalar que aunque el
consumo de este producto todavía es reducido en México, existen ya
productores, distribuidores y locales que se dedican a proveer al
naciente mercado nacional de bebidas sin alcohol, entre ellas la
“cerveza sin”. No dude que en el futuro próximo se hable más de este
tipo de productos como una alternativa a las tradicionales.
ALGUIEN QUIERE LO QUE TU TIENES, ALGUIEN TIENE LO QUE
TU QUIERES.
- Como vender por Internet
- Como comprar por Internet
- Guías de compras (Lo que debes
saber antes de comprar)

|
|