COACHING DE
EQUIPOS
Constituir y hacer funcionar un
equipo de trabajo competente puede ser una labor compleja. El éxito
no es resultado de la buena suerte, ni de la casualidad. Un equipo
eficaz es aquél que consigue coordinar de manera óptima el esfuerzo
de sus componentes, obteniendo así el máximo rendimiento. Esto le
permite funcionar fluidamente, de forma compenetrada, alcanzando las
metas propuestas por la organización
Detrás del éxito se encuentran una
serie de factores que lo hacen posible. Uno de esos factores es el
empleo de habilidades de liderazgo, principalmente aquellas
vinculadas a la inteligencia emocional del líder y de los demás
integrantes del equipo.
No obstante, el trabajo en equipo no es simplemente la sumatoria de
aportes individuales, sino más bien, un grupo de personas trabajando
de manera coordinada en la ejecución de un proyecto, de manera tal
que es el equipo el que responde del resultado final y no las
personas que lo conforman.
Por tal motivo, uno de los factores críticos de éxito es el empleo
de las llamadas "habilidades sociales" de la inteligencia emocional.
Es precisamente en el tipo de relación y de interacciones que se
producen a diario entre los miembros de un equipo, lo que más
contribuye con su efectividad. Más aún que el "nivel de inteligencia
-racional o emocional-individual de los integrantes y que las
competencias técnicas necesarias.
El coaching de equipos tiene como propósito fundamental crear
situaciones de aprendizaje para que el equipo desarrolle
precisamente esas habilidades sociales en las cuales se apoya toda
su gestión y los resultados que pueden obtener.
El ser capaces de desarrollar estas habilidades sociales requiere
una cuota de esfuerzo, y la suficiente voluntad de parte del líder -
coach, como también conocer las características del funcionamiento
de la conducta humana en situaciones sociales.
Si partimos de la premisa de que los seres humanos actuamos muy
fuertemente influenciados por nuestra naturaleza instintiva,
nuestras respuestas más primarias e impulsivas -cuya actividad
localizamos en las áreas más profundas de nuestro cerebro-,
observaremos que la competencia, la agresividad y la desconfianza,
que pueden experimentar mutuamente los miembros de un equipo, están
asociadas al instinto de supervivencia.
Las personas podemos tener relativamente poco control y
administración de estas conductas. Necesitamos hacer algún esfuerzo
por "dominar" y mantener bajo control nuestra naturaleza instintiva
y emocional, para poder convivir con otros. Cosa que también
necesitamos dada nuestra naturaleza gregaria, nuestra necesidad de
estar con otros, de vivir en grupos, de formar parte de ellos.
De este modo, es habitual que en un equipo de trabajo coexistan
conductas, ideas, opiniones, conversaciones y observaciones marcadas
por uno u otro instinto. Las personas que conforman un equipo deben
ser capaces de sobrevivir ya no individualmente, sino desde su
propia capacidad social; porque es justamente la supervivencia del
equipo lo que garantiza la propia. Esto representa un gran desafío y
lo es aún más para el líder que busca habilitar a su equipo para el
logro de su autonomía responsable.
El coaching de equipos facilita el desarrollo de estas competencias
sociales. El punto de partida para este desarrollo dependerá del
estadio o etapa en que el equipo se encuentre -situación actual-, y
hacia qué nueva etapa evolutiva -como equipo- se dirige.
Considero particularmente importante el desarrollo de las
competencias comunicacionales de los miembros del equipo, porque es
en base a estas competencias -hablar, escuchar, proponer, indagar,
emocionalidad de sus conversaciones, etc.-, que un equipo obtiene
sus resultados.
El tipo de conversaciones e interacciones que se dan entre los
miembros -del tipo que sean y por los canales que ocurran-,
determina lo que es posible o no para el equipo.
La pregunta clave es: ¿Cómo se desarrollan esas competencias?
Propongo como respuesta: facilitando un proceso de aprendizaje
grupal planificado. Un proceso en el cual el sujeto de aprendizaje
no es la persona, sino el equipo como tal, a través de sus miembros.
Un verdadero proceso de coaching para el desarrollo de las
competencias sociales de un equipo, parte necesariamente de un
diagnóstico que permita acceder a la información del estado actual
del equipo (status quo) en el desempeño de estas competencias;
proporcionando así, datos de las necesidades que identifican los
miembros y haciendo posible la definición de cuáles son aquellas
competencias críticas que el equipo requiere desarrollar para un
desempeño exitoso.
De igual modo que se definen las competencias críticas de un perfil,
se definen aquellas que hacen a la integración y cohesión grupal,
con especificación de indicadores de desempeño, para la medición y
evaluación correspondientes. Este monitoreo proporciona la brecha de
efectividad existente entre el estado actual y el estado deseado de
la evolución de las relaciones e integración del equipo.
Identificado el objetivo que surge de esta brecha, se realiza el
entrenamiento y prácticas que permitan al equipo integrar las nuevas
distinciones y desarrollar nuevos comportamientos y actitudes en
forma autónoma, en la actualidad y en el futuro.
La metodología de este aprendizaje puede variar en función de las
necesidades del equipo (capacitación, coaching individual, coaching
grupal, coaching entre pares, etc.). Lo que sí considero muy valioso
es la realización de reuniones de coaching para fijar aprendizajes y
facilitar su asociación con la situación laboral y personal, es
decir: su aplicación en la gestión habitual.
El proceso de coaching de equipos debe proporcionar además,
instancias de evaluación, autoevaluación y feedback de fortalezas y
áreas de mejora del equipo, de modo que los integrantes perciban
claramente cómo están y hacia dónde quieren dirigirse en el
desarrollo de las competencias que quieren dominar.
Periódicamente el líder coach debe monitorear el nivel de
efectividad posterior a los entrenamientos y seguimientos realizados
y comunicar los resultados de tales observaciones y evaluaciones a
los miembros.
Como los adultos aprendemos mejor haciendo, debe lograr que las
reuniones sean interactivas y todo el proceso de aprendizaje sea
altamente participativo.
En algunas ocasiones, cuando los miembros de un equipo no se hallan
integrados, mantienen relaciones de tipo defensivo, muy marcadas por
la desconfianza mutua y con obstáculos para el entendimiento. Es en
esas situaciones en las que se requiere la intervención de un coach
externo (una mirada externa) para iniciar los cambios necesarios y
comenzar a construir -o reconstruir- la confianza en los demás y en
la capacidad del equipo mismo, porque ya no resulta viable para el
equipo lograrlo por sí mismo.
No obstante, cuando el equipo logra dar sus primeros pasos en el
camino de su evolución social inteligente, ha comenzado a tener
éxito y es altamente probable que comience a observar cambios
positivos en sus resultados, lo cual tiene un efecto motivador que
refuerza la dirección del cambio.
Cada paso que somos capaces de dar en el desarrollo de nuestra
inteligencia emocional social, nos hace crecer también como
personas. A medida que aprendemos a comportarnos efectivamente en
diversos grupos y/o equipos estamos también creciendo
individualmente y ya no nos sentimos tan tironeados por nuestras
conductas instintivas de supervivencia individual o socialización,
sino que las integramos de tal modo que al ser más competentes
socialmente, se amplían nuestras posibilidades de sobrevivir en el
mundo actual.
Fuente
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