CUIDADOS BÁSICOS
DEL PIERCING
La colocación de un
piercing es una práctica habitual que no está exenta de
problemas: en uno de cada tres casos provoca alguna
complicación. Las semanas que siguen a la implantación son
claves para evitar inflamaciones e infecciones. No se deben
menospreciar estos
efectos adversos y hay que ponerles
tratamiento, ya que se han dado casos de infecciones
generalizadas, incluso de hepatitis y tétanos secundarios.
También se han documentado infecciones de válvulas cardiacas
(endocarditis infecciosa) en personas con lesiones valvulares
previas.
Un piercing supone para el organismo la presencia de un elemento
extraño y, como tal, puede ser fuente de problemas. La
infección es uno de los
efectos que hay que tener en cuenta y, en este caso, son
fundamentales los cuidados a los que se somete durante su
colocación y las semanas siguientes. La infección se desarrolla en
el 10% de los piercings. Los gérmenes más habituales son los
estreptococos y, sobre todo, los estafilococos.
El tratamiento requiere de
antibióticos que pueden ser administrados de forma tópica o por
vía oral. En algunos casos la infección se ha extendido y se han
registrado casos de hepatitis, de tétanos e, incluso, de
endocarditis infecciosa (infección de las válvulas cardiacas) en
personas con lesiones valvulares previas.
Complicaciones del piercing
Las alergias son otra
de las
complicaciones que están relacionadas con el tipo de material y
la sensibilidad personal. La mayoría de los piercings son metálicos:
de acero inoxidable, oro, niobio, titanio o aleaciones. A pesar de
que hay una normativa para los materiales, resulta difícil evitar
que se produzcan alergias. El niobio y el titanio son los que menos
reacciones provocan así como el oro, que debe ser por lo menos de 14
quilates, aunque si se trata del primer implante se recomienda que
sea de
18 quilates o más para evitar alergias.
Algo similar ocurre con el acero inoxidable: el problema, en este
caso, está provocado por la cantidad de níquel que contiene.
En principio esta cantidad está limitada pero no siempre se cumple.
Por este motivo, es mejor no optar por este material en la primera
perforación y se recomienda reservarlos hasta que se haya
cicatrizado la zona.
Otros efectos adversos son la
inflamación local, que es la más frecuente, el
sangrado y el
desgarro. Algunos de estos
efectos adversos pueden evitarse siguiendo una serie de precauciones
y cuidados. Otras pueden tratarse aunque, en algunas ocasiones, no
hay más remedio que retirar el piercing. Aunque es frecuente la
inflamación de la
zona después de la colocación, si esta persiste, es posible que
se haya permitido un tipo de alergia o una infección. Las
infecciones se pueden tratar pero si perduran a pesar de los
antibióticos o si se forma un absceso, también habrá que retirarlo.
Las alergias o el desarrollo de granulomas (masa de tejido
redonda, abultada y dura) y reacciones de
cuerpo extraño también obligan a la retirada aunque en el caso
de alergias, se puede efectuar una nueva colocación con un material
distinto o uno de mayor pureza. En el caso de que deba practicarse
una intervención quirúrgica en la zona, también deberá retirarse el
piercing para evitar infecciones.
Un cuidado para cada piercing

Una de las
localizaciones más habituales son
el lóbulo de la oreja y el pabellón
auricular. Las complicaciones son frecuentes, sobre todo,
las alergias y las pequeñas infecciones. Los piercings que no se
colocan en el lóbulo sino en el cartílago del pabellón auricular se
infectan con más frecuencia dado que se trata de una zona no
vascularizada. También por este motivo tardan más en cicatrizar, una
media de tres meses. Es frecuente que las infecciones leves
desencadenen
episodios más importantes de todo el pabellón auricular. Por
este motivo hay que tratarlas todas, aunque sean de poca gravedad.
Un efecto indeseado es la formación de los antiestéticos y
molestos queloides, una anomalía en el proceso de cicatrización.
Este inconveniente es más habitual cuando se aplican con pistola y
su tratamiento puede precisar cirugía. Para evitar contrariedades se
recomienda utilizar materiales poco alergénicos y, durante la
cicatrización, lavar el piercing con suero fisiológico y moverlo con
cuidado dos veces al día. Este consejo es extensivo a cualquier
localización.
Los piercings faciales
deben colocarse y atenderse de forma especialmente cuidadosa dadas
las consecuencias antiestéticas de sus posibles complicaciones.
Durante su proceso de cicatrización, no debe maquillarse la zona de
implantación. Si se colocan en el tabique cartilaginoso de la nariz,
los sangrados pueden ser significativos, con hematomas. En esta
zona, las infecciones son corrientes, y se pueden complicarse con
necrosis o destrucción del cartílago. Se
recomienda evitar la zona nasal alta, entre ambos ojos, al
tratarse de un lugar de paso de nervios, arterias y conducto
lagrimal.
En cuanto a los implantes que se efectúan en la
lengua, el material
escogido es importante para sortear complicaciones. Según un trabajo
recientemente publicado en la revista "Journal of Adolescent Health",
los de acero inoxidable y titanio podrían recoger más patógenos que
los de plástico, lo que incrementa el riesgo de infección y de otras
contrariedades. En esta localización, los implantes metálicos
también provocan alteraciones en dientes y encías. Como es una zona
habitual de bacterias, se recomiendan los enjuagues con antisépticos
después de cada comida para evitar infecciones. Durante la
cicatrización no se debe masticar chicle ni fumar así como evitar el
alcohol y las
comidas picantes. También es recomendable evitar el sexo oral.
En cuanto a los piercings del
ombligo, pueden tardar bastante tiempo en cicatrizar debido
a que es una zona de fricción con la ropa. Por este motivo se
recomienda no usar prendas demasiado ajustadas durante todo el
proceso de cicatrización. Debe lavarse la zona después del ejercicio
ya que con frecuencia puede acumularse la sudoración y, no obstante,
evitar los baños de
inmersión. En cuanto a los
implantes genitales, es importante tener en cuenta que la
presencia de piercings puede favorecer la ruptura del preservativo o
la descolocación del diafragma. Se recomienda evitar joyas
puntiagudas y utilizar preservativos que no vayan muy ajustados o
utilizar doble preservativo. También hay que considerar que pueden
aumentar el riesgo de transmisión de enfermedades sexuales por
lesiones a nivel de mucosas o por perforación del
preservativo. Durante la cicatrización deben evitarse las
relaciones sexuales.
EL PIERCING ESTÁ DE MODA
Ponerse un
piercing está de moda, aunque lejos de lo que pueda parecer,
no es un fenómeno nuevo; se trata de una práctica antigua.
Sin embargo, desde hace unos años esta moda no ha dejado de
crecer; un estudio efectuado entre más de 10.000 individuos
muestra que casi uno de cada tres
jóvenes entre 16 y 24 años lleva un piercing (sin
incluir el lóbulo de la oreja en mujeres). La localización
más frecuente es el ombligo, seguida por la lengua y la
nariz. Las mujeres, tres veces más aficionadas que los
hombres, prefieren el ombligo y la nariz mientras que los
hombres prefieren los
pezones y las cejas. Por otra parte, ambos comparten su
afición por perforarse orejas en localizaciones distintas al
lóbulo. Fuente
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