CÓMO RECONOCER A
LOS AMIGOS 'TÓXICOS'
¡Qué difíciles somos a veces las mujeres cuando nos
relacionamos con otras
mujeres!
Por ejemplo, respecto del trabajo la
gente siempre dice: “¡más vale que no te toque una jefa!” Los celos,
la envidia, la competencia serán mucho más evidentes que cuando se
trata de cabezas masculinas. Lo mismo ocurre con las relaciones de
amistad. No quiere decir que no existan las
conexiones deliciosas, pero sí es cierto que a veces tenemos
algunas actitudes de brujas
para con nuestras propias camaradas.
Sin ir más lejos, el otro día un conocido me preguntaba por qué
me había distanciado de una
amiga y cuando le conté el motivo me dijo: “¡No te puedo creer!
Entre hombres eso se soluciona, primero, con una palabrota y, luego,
con una invitación a tomar un café.” Hay que reconocer que ellos son
más básicos y eso muchas veces viene bien.
Pero las relaciones de amistad ya vienen complicadas
desde que somos niñas
Tengo ejemplos muy cercanos que así lo demuestran. Precisamente
son mis dos hijas. Cuando la mayor comenzó el kinder, a los 2 años,
se había obsesionado con una
amiguita. Ella sentía devoción por Lola, pero tanta que “Lola”
se cansó y comenzó a maltratarla. Mi hija sufría… parecía que hasta
le gustaba, y que a su pequeña colega le encantaba hacerlo. No sabía
si debía entrometerme, pero eran tan pequeñas que no hubiera sido
justa con la otra niña. Incluso, recuerdo que dudé si mi chiquita de
adulta sería una verdadera mártir. Por suerte estaba realmente
equivocada. Al año siguiente entraron niñas nuevas al kinder e Inés
abrió su corazón y se le pasó el amor con exclusividad.
Con Mora, en cambio, tuve dos episodios
distintos. Primero formó un grupito cerrado junto con dos
amiguitas y no dejaban que se integre ninguna otra niña. Me enteraba
por las otras madres de algunas actitudes realmente feas que no
podía creer de ¡“mi propia hija”! Aunque supongo que no debe haber
sido tan terrible, ya que nunca recibí notita de la maestra en el
cuaderno, no aceptaba que esa horrible actitud viniera de ella, ¡la
sangre de mi sangre! Yo por ejemplo siempre estuve del otro lado, de
las perdedoras, y sé lo que es sufrir esos desplantes. Por eso me
tomé el trabajo de hablarle, hablarle y hablarle hasta que cambió.
Pero no sé si habré hecho del todo bien porque este año fue a Mora a
la que dejaron afuera. De acuerdo el
humor que tenían las otras niñas ese día, le decían que eran
amigas íntimas o no, y si entraba en el grupo o no. Era muy feo
verla sufrir. Entonces, otra vez, volví a tomarme el trabajo de
hablarle, hablarle y hablarle, explicándole que es lindo tener
muchos amigos diferentes, que es más divertido variar, etcétera. No
sé realmente si sirvió de algo, pero me di cuenta de que siguió mi
consejo porque comenzó a hablarme de otras nuevas amigas.

¿Intervenir o no intervenir? Esa es la cuestión.
Creo que la mejor herramienta para
ayudar a un hijo pequeño en estas situaciones es el diálogo. Hay
que hablarles hasta el cansancio porque la letra con sangre entra.
También cuando crecemos
Ya de adultas tenemos otro tipo de filtros y evitamos decir lo
primero que pensamos, pero a la vez también se acentúa cada
personalidad, tanto en lo bueno como en lo malo. Y a veces por la
vida nos cruzamos con distintos tipos de mujeres con las que
entablamos relaciones que no son siempre sanas en todos los
aspectos. Estas son algunas de las variantes:
-Las avasallantes: se llevan el mundo por
delante. Si desean algo no dudan en llevarlo a cabo cueste lo que
cueste, sin importar si perjudican a sus seres queridos (o sea,
nosotras) por el camino.
-Las absorbentes: son las víctimas eternas,
tienen siempre guardado un problema bajo la manga para que estemos
encima de ellas. No les gusta demasiado que tengamos otras
amigas y suelen relacionarse únicamente cuando estamos solas.
-Las que no escuchan: somos el oído que
necesitan para canalizar todos sus problemas pero cuando les
contamos los nuestros no nos prestan atención. Ponen cara de
interesadas aunque sabemos que no están atentas a la conversación.
Se nota especialmente cuando nos preguntan algo que les acabamos de
contar.
-Las que desbordan malas ondas: a veces se dejan
llevar por la envidia pero a su manera nos quieren. Siempre tienen
la crítica y las
palabras de desaliento perfectas para nosotras. Consejo: a no
enrollarse.
-Las que nos buscan cuando están solas: suelen
ser muy sociables y por eso tienen tantos amigos como compromisos y
muy poco tiempo para dedicarnos. A veces nos cansamos de las
constantes negativas, en especial, porque no tenemos esa actitud
para con ellas. Pero hay que aprovechar al máximo cuando nos buscan.
-Las que sacan ventajas: sabemos que siempre
están atentas para ver en qué podemos serles
útiles. Y no tienen reparos a la hora de pedir lo que sea, hasta
lo más disparatado. A veces nos sentimos en aprietos cuando no
queremos ceder pero hay que pensar que ellas están mucho más
acostumbradas a recibir no como respuesta.
En este breve resumen quedan afuera unas cuantas amigas
estupendas. Pero aún con todos sus defectos y virtudes (yo también
debo tener de ambos) las quiero y me nutro de todas en el aspecto
más interesante que tengan para brindarme. Cada una de ellas a su
manera es buena para mí y no me arrepiento de haberlas elegido. Fuente
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