QUÉ HACER ANTE UN
CORTE INESPERADO DE INTERNET
¿Qué puede
faltarle a un día largo y complicado, quiero decir lleno de
contratiempos? Llegar a tu casa y que la conexión con Internet se
haya caído.
Ya saben cómo se siente. Uno pasa por tres etapas. Primero, la
negación. En ese breve período reiniciamos la computadora, el router
Wi-Fi y el termotanque. Si no se resuelve, nos deslizamos
suavemente hacia la segunda etapa, la desesperación. Malas
experiencias pasadas nos han enseñado que una semana sin Internet
empieza siempre por diez minutos sin Internet.
Y esos diez minutos ya se han cumplido.
La desesperación no es buena consejera. Maltratamos el
teléfono al llamar al soporte para dar aviso del problema,
sospechando, claro está, que ellos ya lo saben y que existe una gran
conspiración mundial destinada a dejarnos hoy ( justo hoy ) sin
Internet. Catorce millonésimas de segundo de espera nos indignan y
detestamos profundamente al sujeto que nos atiende antes siquiera de
que nos diga hola.
Por eso, quizá, fue bueno que el lunes pasado el soporte de mi
proveedor de Internet no respondiera. No era el día ideal para
hablar con alguien que lo primero que te manda a hacer es ir a
Inicio> Configuración>
Conexiones de red y mirar cosas que ya miraste once veces.
La falta de respuesta me catapultó a la tercera etapa: resolver ;
uno entra en ese estado cuando deja las emociones de lado -tanto
como sea posible- y empieza a razonar. Era muy extraño, medité, que
ni siquiera apareciera un contestador o algo. Supuse, así, que mi
pésima memoria era la responsable, si bien el teléfono de soporte es
algo que, me imagino, se graba en los registros de alta definición
del cerebro, junto con datos fundamentales para la supervivencia.
Disqué algunas variantes, pero no obtuve sino mensajes de error.
Así que llamé al 110, donde me atendió una máquina capaz de
interpretar el habla. Hubiera funcionado, pero todavía estaba
gruñendo entre dientes, así que decidí calmarme antes de volver a
intentar y entonces, mientras hacía lo posible para que mis
mandíbulas se separaran, se me ocurrió una idea.
Llamé a mi amigo Eduardo Suárez ( @esuarez ), administrador de la
red de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP,
con quien no sólo compartimos las penas
informáticas, sino también el proveedor de Internet. Cuando me
atendió le pregunté si se acordaba el número de soporte y, en lugar
de responderme, soltó:
-Son los DNS, estoy usando uno de Google: 8.8.8.8.
Eso no era ni una respuesta negativa ni una afirmativa, de hecho
no parecía tampoco una oración con mucho sentido en español. No
obstante, hizo que saltara en la silla, abriera la configuración de
la conexión de red, cambiara la dirección IP del servidor de nombres
de dominio y volviera a intentar conectarme.
Por supuesto, funcionó.
¿Me lo traduce?
Ahora, si él, en La Plata, y yo aquí, en el centro de la ciudad
autónoma, teníamos problemas con el mismo proveedor, entonces debía
haber muchísima gente apretando los dientes y llamando al soporte.
De allí que no respondiera ni el contestador.
Me fui a Twitter y, en efecto, el asunto echaba humo. Así que me
pasé un buen rato difundiendo la
solución y contestando consultas, justo hasta que vi que había
mucha gente que retwitteaba mi mensaje sin siquiera citarme. Eso era
bueno, al menos en este caso, porque me relevaba de seguir allí
sentado por varias horas.
A continuación, con cierto orden, trataré de explicar el
significado de la esotérica frase de Eduardo y por qué en la
siguiente media hora un montón de gente volvió a recuperar su
conexión usando esta receta.
Las siglas DNS vienen de Domain Name System y es el servicio de
Internet que convierte una dirección comprensible y fácil de
memorizar para los humanos, como www.lanacion.com.ar , en lo único
que entienden las computadoras: números. En este caso, números IP.
En rigor, DNS es mucho más que esto, pero no ahondaremos. No anda
Internet y eso ya es bastante malo para soportar una cátedra.
Y no anda
Internet porque nada funciona sin DNS, así que su falla resulta
devastadora; una típica consecuencia que resulta de la caída de los
servidores de nombres de dominio de un proveedor es que nos quedamos
sin Internet en una zona tan amplia como para incluir la ciudad
autónoma y La Plata, por ejemplo.
La función de estos servidores es transparente para nosotros,
pero los programas (el navegador, el de correo electrónico, y así)
los consultan cada vez que deben contactar otro host. Por supuesto,
como todo en la Red, los DNS tienen sus propias direcciones IP, que
nuestra computadora, tablet o smartphone deben conocer.
A todo esto, los números IPv4 adoptan el formato de cuatro
bloques de 0 a 255 separados por un punto. Por ejemplo, 192.168.1.1.
Normalmente, para hacernos las cosas más fáciles, se configura la
conexión con el proveedor para que busque automáticamente los
servidores DNS. Esto tiene una ventaja adicional: si la empresa
cambia esa dirección
IP, nosotros no tenemos que editar las Propiedades de la
conexión, lo que para mucha gente, no sin razón, es un engorro.
Claro que hasta el peor engorro informático es preferible a
quedarse sin Internet. Así que, ¿es posible usar servidores de
nombres de dominio alternativos?

Sí, y es aquí donde la segunda parte de la frase de Eduardo se
aclara. Sus muchos años administrando redes le habían hecho
sospechar que la falla estaba en los DNS. Es decir, que el resto de
la infraestructura de conexión de ese proveedor estaba OK, sólo que
los servidores DNS no respondían. Así que empezó a usar los
servidores de nombre que Google ofrece sin cargo. Sus dos IP son
8.8.8.8 y 8.8.4.4.
Otra posibilidad es OpenDNS ( www.opendns.com/home ;
208.67.222.222 y 208.67.220.220); incluso
Norton tiene un servicio gratis de esta clase (
www.nortondns.com/faq/ ). Debo decir, eso sí, que los números de
Google son los más fáciles de recordar.
Sin Wi-Fi
¿Cómo hacer para usar estos u otros DNS públicos?
Hay, grosso modo, dos formas de cambiar los servidores DNS del
proveedor de Internet que tengamos contratado. Una es editar la
configuración de la conexión en la propia computadora. Sirve para
quienes tienen una sola máquina sin router Wi-Fi. Caso contrario,
hay que editar las configuración del router y añadir allí las
direcciones de los servidores alternativos.
Para el primer escenario, los pasos son así:
1. En XP, ir a Botón Inicio> Configuración> Conexiones de red y
abrir las Propiedades de la que nos conecta con Internet ( botón
secundario sobre el icono> Propiedades ). Posiblemente sea el único
ícono de red que haya en esa carpeta. En todo caso, si estamos en
línea (aunque no tengamos Internet estaremos en línea igual, si lo
que fallan son los DNS), será la conexión que se encuentra activa.
2. Al abrir las Propiedades veremos una lista de cosas. Hay que
ubicar la línea que dice Protocolo de Internet (TCP/IP) ,
seleccionarlo con un clic y apretar el botón Propiedades que se ve
en esa misma
ventana. Se abre una nueva ventana con dos secciones: Dirección
IP y Servidor DNS . Ambas estarán, salvo excepciones, en automático.
3. La que nos interesa es, claro, la segunda. Hay que hacer clic
en la opción Usar las siguientes direcciones de servidor DNS: . Las
dos casillas que están abajo ( Servidor DNS preferido y Servidor DNS
alternativo ) se activan entonces. Ahora, sólo queda escribir
8.8.8.8 en la primera y 8.8.4.4 en la otra.
En Windows 7, los pasos son parecidos, sólo que en el medio se
interpondrá el irritante Centro de redes y recursos compartidos .
Hágale caso omiso y dele clic directamente a Cambiar la
configuración del adaptador, arriba a la izquierda. Aparecerá, de
nuevo, la conexión de red y luego los pasos son los mismos o
equivalentes.
No hace falta reiniciar ni la conexión ni la máquina.
Con Wi-Fi
Si se usa Wi-Fi, lo más lógico (es decir, lo más cómodo) es
cambiar los DNS en el router, y no en cada uno de los dispositivos
que se conectan a Internet por medio de él (PC, notebook smartphone,
tablet, y así).
Aunque la forma de hacer esto depende de cada fabricante, los
pasos por seguir son:
1. Abrir el navegador
Web.
2. Escribir la dirección IP del router en la barra de
direcciones. Suele ser 192.168.1.1 o 192.168.2.1. El dato, en caso
de que ninguno de estos dos funcione, figura en el manual. El
técnico podría haber personalizado estos valores, así que en caso de
que ningún IP permita el acceso al router, hay que consultarle a él.
3. Buscar la página o pestaña donde se consignan los datos
correspondientes al proveedor de Internet (tipo, nombre,
contraseña); suele ser la primera. En esa página habrá una sección
dedicada a los servidores DNS.
4. Ahora, de nuevo, sólo hay que ingresar las dos direcciones IP,
una por casilla, y guardar la configuración del router. Tal vez
encuentre una casilla para un tercer servidor DNS; puede dejarla en
blanco.
Hay muchos motivos por los que se puede caer la conexión con el
proveedor, desde una falla en los servidores de autenticación
hasta que el perro se haya masticado el cable de teléfono. En todo
caso, si como ocurrió el lunes, el problema está en los DNS, el
procedimiento descripto arriba puede ser un as en la manga para
volver a estar online.
¿Se pueden dejar los de Google, OpenDNS o Norton configurados
indefinidamente? Sí, y ahora que lo pienso, mi router quedó con los
DNS de Google desde el lunes. Creo que de momento lo voy a dejar
así. Andan muy bien.
Por supuesto, los de Google, Norton u OpenDNS también pueden
fallar. El as en la manga no es un servicio en particular, sino
saber que podemos cambiar de servidores de nombre cuando se nos
ocurra ;) Fuente
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