EXCESO DE ALCOHOL
EN LA ADOLESCENCIA CAUSA PÉRDIDA DE MEMORIA EN LA ADULTEZ
¿Dificultad para
aprender y concentrarse? ¿Pérdida de la
memoria? Los científicos han descubierto que los daños
neuronales por el
consumo excesivo de bebidas
etílicas en la adolescencia aparecen durante la edad adulta
Ninguno de los cuatro tiene más de 15 años. Sus sonrisas todavía
conservan cierto aire infantil, aunque se empeñen en borrar
cualquier cosa que los muestre como inexpertos, como niños, sobre
todo ahora que hablan de alcohol. Es viernes. Los
estudiantes de secundaria planean lo que beberán en la fiesta
del sábado. Llevarán cervezas, tequila y quizá ron. Alardean de su
experiencia como bebedores y se retan entre ellos, como si se
tratara de un juego donde gana aquél capaz de beber más. Están
seguros de que su juventud es una especie de escudo protector contra
los daños físicos que ocasiona el alcohol. Creen que las
consecuencias de tomar cuatro, cinco, ocho o más tragos las
resentirán sólo al día siguiente con la resaca. Ni siquiera
sospechan que el alcohol que consumen cada fin de semana deja una
marca en su cuerpo y, en especial, en su cerebro.
Los cuatro estudiantes de secundaria forman parte de los 392 mil
adolescentes, de entre 12 y 17 años, que tienen dependencia al
alcohol; de ellos, 146 mil son mujeres, de acuerdo con cifras del
Centro de Integración Juvenil (CIJ). Lo que más preocupa a
especialistas es que la edad de inicio en el consumo de bebidas
alcohólicas va a la baja: si hace 10 años comenzaban a beber entre
los 16 y 18 años; ahora lo hacen a los 14 años. “Incluso, en las
encuestas que hacemos hay quienes dicen que tomaron su primera copa
entre los siete y los nueve años”, dice Jorge Villatoro Velásquez,
investigador del Instituto Nacional de Psiquiatría y especialista en
encuestas sobre adicciones.

Estas cifras, así como las evidencias científicas que muestran
los daños que causa el alcohol en los cerebros jóvenes, tienen
preocupados a investigadores y médicos, porque observan que en el
país crece un ejército de
adolescentes que no podrá desarrollar todas sus capacidades
cerebrales por culpa del alcohol.
Los estudiantes de secundaria que ahora están en la fiesta de 15
años de su compañera de salón brindan sin disimulo. Chocan sus vasos
con singular alegría. El etanol —sustancia responsable de causar la
borrachera— llegará a su torrente sanguíneo entre 30 y 90 minutos
después. Será entonces cuando comience a circular por todos sus
órganos, incluido su cerebro. Un cerebro que está en la etapa de
pleno ajuste y eso lo hace más vulnerable.
Cerebros alcoholizados
En un artículo reciente, publicado en National Geographic, el
periodista David Dobbs definió el cerebro de los adolescentes como
“una obra en construcción”. Y es verdad. El cerebro humano, de
acuerdo con las
investigaciones científicas, termina su desarrollo poco después
de los 20 años.
En los años 90, los Institutos Nacionales de Salud de los Estados
Unidos elaboraron los primeros estudios para conocer cómo
funcionaban los cerebros de los adolescentes. Encontraron que entre
los 12 y 25 años el cerebro sufre muchos ajustes.
El neurocientífico mexicano Ranulfo Romo lo explica así: “Durante
la adolescencia, el cerebro tiene una inundación de hormonas; además
cambia la forma de percibir, de aprender, así como de interpretar el
mundo”.
Un cerebro en formación, como el de los adolescentes, expuesto al
alcohol en forma excesiva y constante sufre alteraciones
importantes, sobre todo en zonas cruciales para su vida futura. La
ciencia lo ha comprobado.
Investigadores de la Universidad de San Diego, de la Universidad
de Cincinnatti y la española Marta Torrens han practicado diversos
experimentos para evaluar los daños del etanol en cerebros jóvenes.
Uno de los experimentos consistió en tomar imágenes de distintas
áreas de los cerebros de jóvenes, 12 y 48 horas después de que
bebieron varios tragos. Los científicos encontraron alteraciones en
varias zonas cerebrales, en especial en la corteza prefrontal, un
área vital porque ahí se realizan conexiones neuronales relacionadas
con la atención, la concentración, la toma de
decisiones, la acertividad y el control del impulso. “No importa
que la concentración del etanol en la sangre haya disminuido, no
importa que pasen 12 ó 48 horas después de que se consumió alcohol,
las alteraciones permanecen”, explica la doctora Rosa Díaz Martínez,
del Instituto Nacional de Psiquiatría.
Los adolescentes son impulsivos por naturaleza. La explosión de
hormonas que hay en su cerebro y los reacomodos neuronales que
presentan hacen que no midan el peligro, que no se tomen el tiempo
suficiente para reflexionar sobre sus actos. Si a ello se le suma la
acción del alcohol en la corteza prefrontal, el coctel puede ser
fatal.
Y como muestra, Víctor Márquez Soto, director de tratamiento y
rehabilitación de los Centros de Integración Juvenil, menciona la
siguiente cifra: 23% de las muertes en los conductores intoxicados
por alcohol ocurren entre jóvenes de entre 15 y 24 años de edad.
En el libro Los jóvenes y el alcohol en México, escrito por
investigadores de los Centros de Integración Juvenil, se explica que
los circuitos cerebrales implicados en la memoria “son más
vulnerables al consumo del alcohol”.
Además, se documenta que el mayor daño cerebral se presenta
después de consumir fuertes cantidades de
alcohol durante cuatro días seguidos.
En la fiesta de 15 años, los estudiantes de secundaria se miran
felices. El alcohol produce esa euforia, gracias a que reprime los
mecanismos regulatorios en la subcorteza cerebral. Si continúan
bebiendo, seguro que más de uno terminará en una silla, desguanzado,
con una reducción en su agudeza visual, sin poder articular largas
frases, sin controlar sus movimientos, sin poder mantenerse en
equilibrio y con notoria desorientación.
La afectación en el área prefrontal, señala la doctora Díaz
Martínez, también puede provocar un bajo rendimiento escolar, sexo
inseguro (por la disminución en el control de impulsos) e incluso
violencia.
Futuros marcados
En el Instituto Nacional de Psiquiatría, la doctora Rosa Díaz
Martínez ha dedicado varios años a investigar los efectos del
alcohol en el organismo. Su más reciente estudio lo hizo, junto con
otros colegas, en estudiantes preparatorianos y universitarios. El
objetivo fue conocer cuál es la relación entre el desempeño escolar
y el consumo de alcohol. Los
resultados no son alentadores.
“Encontramos que los
bebedores excesivos —aquellos que beben más de lo debido y en
forma recurrente— presentan un desempeño escolar bajo, tienen más
días de ausencia a los planteles educativos, aumenta el número de
materias reprobadas y la deserción escolar”, explica Díaz Martínez.
Lo más preocupante, agrega, es que el estudio mostró que 21% de
la población estudiantil tiene consumos excesivos de alcohol y la
mayoría comenzó a beber cuando tenía 14 años. Tomar los primeros
tragos cuando aún se es niño o en la primera etapa de la
adolescencia no sólo incrementa la posibilidad de daño en el cerebro
y otros órganos, como el hígado y el intestino delgado. “Hay tres
veces más probabilidades de que estos chicos desarrollen la
dependencia al alcohol, que sean alcohólicos en su edad adulta”,
alerta Díaz Martínez.
El cerebro tiene una característica que sigue maravillando a los
especialistas. Cuando algunas neuronas fallan, existe la posibilidad
de que otras se “especialicen” en el trabajo de sus compañeras y
sustituyan a las que ya no funcionan. A esta capacidad se le conoce
como “plasticidad neuronal”. Algunas de las alteraciones provocadas
por el etanol, pueden desaparecer gracias a la “plastividad
neuronal”. El problema —advierte la doctora Díaz Martínez— es que
este mecanismo de “reparación del cerebro” deja de funcionar si se
tiene un consumo de alcohol excesivo y frecuente. “Y el riesgo es
mayor cuando se trata de cerebros jóvenes”, insiste.
Así que si un adolescente bebe en forma excesiva y continua es
posible que su cerebro tenga una afectación de por vida en el área
prefrontal. Si esto se traduce a la vida cotidiana, entonces este
adolescente llegará a la etapa adulta con problemas congnitivos, de
atención, concentración y memoria.
En el libro Los jóvenes y el alcohol en México también se alerta:
“El alcohol causa daño irreversible a las neuronas, produciendo
deterioro en las funciones superiores y un deterioro lento y gradual
hasta llegar a cuadros clínicos de difícil control como: neuropatía
periférica, produciendo alteraciones de sensibilidad que causan
dolores muy intensos en diversas partes del cuerpo y disminución de
la fuerza”.
El daño por el alcohol no es evidente en los primeros años de
consumo, dice la doctora Díaz Martínez. En el México actual,
estas afectaciones se observan en personas que tienen más de 35 o 40
años. En los próximos años es probable que los problemas físicos se
observen en individuos más jóvenes, sobre todo si continúa a la baja
la edad de inicio en el consumo del alcohol.
En la fiesta de 15 años, los cuatro estudiantes de secundaria se
abrazan para mantener el equilibrio. Para ellos es muy divertido
este juego de beberse al mundo. La ciencia alerta que, si continúan
con este juego, su vida como adultos no será muy divertida. Fuente
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