NIÑOS
ALCOHÓLICOS. CAUSAS, SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO
Aumenta cifra de menores que
padecen la
enfermedad; ven especialistas como causa la ausencia de sus
padres
MÉXICO, DF.- Se despertó al cuarto
para las 18:00 horas, 15 minutos antes de que llegaran del trabajo
los papás de su compañero de escuela, tras vomitar y dormir dos
horas en cama ajena, estaba lista para presentarse en casa como si
nada hubiera pasado en las últimas cinco horas, sería creíble el
cuento de que había hecho un trabajo escolar de biología, nadie en
la familia pensaría que Paola de 12 años pudiera
beber hasta caer ebria un martes en la tarde.
Tampoco los papás de Mario, el
anfitrión, sospechaban que en casa hubo una reunión protagonizada
por una decena de niños entre 12 y 13 años consumiendo alcohol, para
las 18:00 horas , la casa no tenía rastro de envases de cerveza y
las colillas de cigarro.
No es la primera vez ni de Paola ni
de Mario, apenas tienen 12 y 13 años, confiesan que beben desde hace
meses por lo menos dos veces por semana, ella unas cinco cervezas
por ocasión, él hasta 8. Los escenarios son los mismos; casas con
ausencia de padres y los protagonistas, los compañeros de la
Secundaria.
Paola y Mario ponen carne y hueso a
una cifra que mantiene
preocupados a las autoridades sanitarias: el 52% de
adolescentes, entre los 13 años y 16 años tienen contacto con
alcohol tres o más veces a la semana, no es todo, 14 de cada 100
adolescentes en el DF van más allá e incluyen a mariguana y cocaína,
según datos de la última Encuesta Nacional de Adicciones.
El alcohol entre adolescentes llega a
todas las clases sociales, se presenta en diferentes formas, es
parte esencial de las fiestas y reuniones en casas donde hay
ausencia de padres. Algunos empezaron desde antes de ser
adolescentes, aunque son los menos, no deja de impresionar que ocho
de cada 100 niños de Primaria sean consumidores de alcohol.
No es gratuito que la ingesta de
alcohol sea uno de los principales detonadores de problemas en las
Secundarias capitalinas, no importa la clase social, pues entre una
escuela pública y una privada, sólo cambian dos aspectos; los sitios
para beber y la calidad de las bebidas.
Paola es estudiante de una escuela
privada, sus padres pagan 6 mil pesos de colegiatura y no saben que
la niña consume alcohol los viernes. En casa se lo prohiben, aunque
sus padres beben periódicamente, a Mario en cambio le dejan beber
dos cervezas cuando está en familia. Ambos dicen hacerlo porque les
gusta la sensación de sentirse borrachos. Aunque ninguno sabe qué
contestar cuando se les pregunta si saben qué daño puede hacerles
beber tan jóvenes.
Efectos a largo plazo
Laura León es doctora y especialista
en trato a adolescentes en los Centros de Integración Juvenil, ella
sabe el daño que causa el alcohol en cerebros en formación y asegura
que es muy grave y dañino, pues durante la adolescencia el cuerpo
comienza a producir hormonas del crecimiento que ayudan a que el
cerebro alcance madurez, “el alcohol altera la bioquímica cerebral
de los adolescentes, les niega una plenitud máxima y dejará ver sus
efectos 10 ó 15 años después de los primeros consumos”.
“El cerebro tiene un mecanismo para
aprender, primero hay un proceso de concentración luego viene el
entendimiento y más tarde la memoria, es así como los cerebros
procesan información. El alcohol es un enemigo de éste proceso
porque interrumpe y altera la concentración de los chicos”.
Dice que el problema con el alcohol
es que deja ver sus efectos a largo plazo y después de ingerirlo con
cierta frecuencia, cantidad y periodicidad, sin embargo, el
deterioro en el cerebro comienza desde que el menor se enfrenta por
primera vez al
alcohol, “es por eso que es alarmante que los chicos muy jóvenes
comiencen con el consumo de ésta droga legal”, dice la especialista.
El daño dependerá de la
predisposición biológica de cada ser humano, sin embargo, una
mayoría de los adolescentes cuando lleguen a los 25, 30 ó 40 años
presentarán cambios en el estado de ánimo como depresión, deterioro
cognitivo y, en casos muy graves, demencia.
Explica que desde ahora los
adolescentes presentan problemas de aprendizaje por un déficit de
atención, cuestión que puede servir a los padres de familia como
primer señal de alarma de que algo no está funcionando con sus
hijos.
Para la doctora es importante vigilar
las cantidades y frecuencia con la que beben los adolescentes, pues
en México se acostumbra a beber explosivamente, es decir una vez
cada semana, pero en grandes cantidades, “con el tiempo este consumo
va cambia de comportamiento, los adolescentes
beben dos o tres veces por semana y al llegar a adultos el
cuerpo les pide con señales de angustia o ansiedad el alcohol”,
dice.
Victoria es directora de una
Secundaria privada de un buen nivel. Lleva 20 años como profesora de
Secundaria y en los últimos años tiene decenas de historias
relacionadas con el alcohol. “Los estudiantes ven al alcohol como
inofensivo, es parte de su cotidianidad, lo consumen en fiestas, XV
años, en reuniones con amigos, casas con ausencia de padres y cuando
salen de paseo”.
Además de tener al
alcohol como compañía que no puede faltar en sus reuniones,
beben porque las condiciones están hechas para que así ocurra; “más
de 60% de nuestros alumnos son niños que sus papás los dejan solos
todo el día, las casas de éstos compañeritos son los sitios más
peligrosos para los adolescentes”, dice Victoria.
Existe una mayor permisividad de los
padres ahora que en años anteriores, un ejemplo es Diego que con
apenas 14 años cuenta que su primera
borrachera se la puso en su casa y con su padre, “me dijo que
bebiera con él porque me quería enseñar a tomar para que luego no me
pusiera mal cuando saliera con mis amigos, ese día me emborraché con
4 cervezas fue agradable”, dice.
El papá de Víctor no es diferente a
miles de padres de familia que introducen el alcohol a sus hijos, en
un país donde se brinda con cualquier pretexto es difícil erradicar
el alcohol, incluso en jóvenes.
Victoria, también dice: “es común que
alumnos metan botellas de alcohol o bien bebidas preparadas con
alcohol como parte del lunch, la mayoría de las veces los
sorprendemos, por el olor o porque suelen hacerlo público e invitar
a sus compañeros, afortunadamente siempre hay la intervención
oportuna de algún profesor o alguno alumnos que los delata”, cuenta
.
Para
beber dentro del colegio tienen muchas mañas, desde beberse la
botella que utilizaron en la ofrenda del Día de Muertos hasta
inyectar con alcohol envases de naranjada o refresco.
Pero beber en la adolescencia deja de
ser una travesura para convertirse en un problema de
salud pública, pues según cifras del Consejo Nacional contra las
Adicciones (Conadic), 18% de los adolescentes ya son
alcohólicos.
Fuente

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