Ciudad de México.-
Los
sonidos forman parte de la vida cotidiana, pero difícilmente
adquieren notoriedad como una herencia cultural: en la Fonoteca
Nacional se han dado a la tarea de divulgar su importancia,
mediante una serie de actividades que buscan poner en valor el
patrimonio sonoro del país.
En ese esquema de actividades, la
institución se propuso conocer cuáles son los sonidos que más
extrañan los mexicanos en los ámbitos de la naturaleza, la
tecnología y el ser humano: el canto de las aves, el tren y el
afilador resultaron ser los que más nostalgia despiertan.
“La encuesta nos dejó ver el
imaginario que forma parte de nuestro país. Desde el punto de
vista patrimonial, sabemos que los sonidos son elementos
efímeros y que forman parte de nuestra cultura, nos identifican
y nos distinguen de otras culturas, aunque siempre están en un
proceso de cambio, muchos de ellos de desaparición por
diferentes factores, por lo que es importante llamar la atención
de la gente para que sepa que esos sonidos le pertenecen”, a
decir de Perla Olivia Rodríguez, directora de Promoción y
Difusión del Sonido de la Fonoteca Nacional.
Se contó con alrededor de mil
votos de gente de todo el país, a través de internet —incluso
hubo votantes de Nueva York y Los Ángeles, en Estados Unidos,
Chile y el sur del continente—, además de los participantes en
la segunda
Semana del Sonido, celebrada en la institución, quienes
respondieron a la pregunta “¿Cuál es el sonido que más
extrañas?”.
“Esto habla de la importancia que
tiene el sonido como parte del imaginario de los mexicanos, de
una identidad sonora que se transforma; hay sonidos de oficios,
como el del afilador, por ejemplo, que determinan ciertos
rostros de la sociedad, pero a veces la gente no se detiene a
pensar que esos sonidos le pertenecen y le representan en una
época y una geografía determinadas.”
Una tarea de identidad
De acuerdo con la directora de
Promoción y Difusión de la Fonoteca Nacional, la encuesta se
dividió en tres categorías: sonidos de la naturaleza, en el que
se nombró en más ocasiones el canto de las aves, desde el gallo,
las golondrinas, el jilguero o los canarios.
Sonidos del hombre fue la
segunda, en la que el afilador de cuchillos obtuvo el mayor
número de votos, aunque hubo menciones sobre sonidos de voces
familiares, cantos, palabras, frases, ruidos característicos, de
abuelos, padres de familia, amigos y parejas.
La tercera categoría se refirió a
los
sonidos de la tecnología, donde el que más se extraña es el
del tren, luego el de la máquina de escribir y en tercer lugar
el sonido que emitía el módem telefónico al conectarse a
internet.
“Es una forma de evocar el paso
del tiempo, de entender nuestra historia. La encuesta misma es
una invitación a la gente a detenerse y pensar en las
sonoridades que le son propias y, por supuesto, tendrá que ser
un ámbito de estudio en el cual se pueda dar continuidad más
adelante”, destacó Perla Olivia Rodríguez.
Ya han transcurrido 25 años desde
que la Unesco reconoció el
valor patrimonial del sonido y, en especial, llamó a su
salvaguarda y conservación, siendo países europeos los que más
han trabajado al respecto: la herencia sonora y audiovisual del
mundo está compuesta por más de 200 millones de horas, 40 por
ciento de ellas se encuentran bajo resguardo de archivos en
Europa, Australia y Estados Unidos, los cuales cuentan con las
condiciones idóneas de preservación.
En ese contexto surgió la
Fonoteca Nacional, primera de su tipo en América Latina,
concebida como un modelo integral de salvaguarda y promoción del
sonido, mediante las mejores condiciones de conservación y
empeñada en que no se extinga una parte de nuestro patrimonio,
elemento fundamental de la identidad y cultura de nuestros
pueblos.
En peligro de extinción
La encuesta desarrollada por la
Fonoteca Nacional tenía como intención conocer los sonidos que
más se extrañan, pero dentro de sus actividades hay un marcado
interés por despertar conciencia acerca de aquellos sonidos que
poco a poco desaparecen de nuestra realidad, como se ejemplifica
en una grabación titulada Sonidos
en peligro de extinción, resultado de un trabajo de
investigación y que consta de 30 cápsulas, divididas en tres
grupos de sonidos: lenguas indígenas, animales y oficios.
Se trata de “mantener viva la
historia de nuestros pueblos, ha sido, muchas veces, una carrera
contra el tiempo, la tecnología y el olvido: un testimonio que
da cuenta de la herencia sonora de
México”, en palabras de Álvaro Hegewisch, director general
de la Fonoteca.
En el disco compacto se recuperan
ejemplos de lenguas como el kumiai, con 221 hablantes; el cucapá,
que cuenta con 119 hablantes y el kiliwa, con 29 hablantes. En
la parte de animales hay sonidos del quetzal, el pájaro Toh, el
ocelote, el jaguar y el mono araña.
En el caso de los sonidos de
oficios en peligro se encuentran los del afilador, el
organillero, el merenguero, el tamalero o el heladero.
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