TODO LO QUE HAY
QUE SABER SOBRE EL COLESTEROL
Hemos escuchado con bastante
frecuencia que la ingesta excesiva de grasas es nociva para
la
salud. Esta aseveración es producto de más de 100 años de
correlacionar este ingrediente con la alteración de las
arterias.
Pero las grasas, incluyendo el colesterol, son indispensables
para la
formación e integración de las estructuras y los tejidos que
constituyen el cuerpo. Y el hígado es el órgano donde se meboliza
este componente.
Los
excedentes de colesterol, es decir, el colesterol que el cuerpo
no necesita para sus funciones normales, son atrapados por las
lipoproteínas alfa y beta (dos tipos de proteínas afines a la
grasa).
El llamado ‘colesterol bueno’ es atrapado por las liproteínas alfa o
lipoproteínas de alta densidad (en inglés High Density
Lipoprotein o HDL).
Pero cuando el colesterol se esterifica (se une a moléculas de
glicerol), es atrapado por las lipoproteínas beta o lipoproteínas de
baja densidad (en inglés Low Density Lipoprotein o LDL) Es lo que se
conoce como ‘colesterol malo’.
La suma de ambos
colesteroles es llamada ‘colesterol total’.
Los excedentes de colesterol (el bueno y el malo) se vierten en el
torrente sanguíneo y se expresan en ‘miligramos de colesterol por
decilitro de sangre (o simplemente mg/dl).
Las cifras del caso
Las cifras normales de colesterol al nacer son de aproximadamente
100 miligramos/ decilitro de sangre (mg/dl). Pero se elevan durante
el primer año de vida a
niveles no mayores de 160 miligramos.
A partir de la adolescencia las cifras de colesterol total se
incrementan en relación directa a los
hábitos alimenticios de cada persona, pudiendo alcanzar hasta
300-350 mg/dl.
Pero los organizaciones
médicas han acordado que el valor normal de colesterol total en
las personas adultas no debería ser superior a 200 mg/dl.
Cuando las cifras de colesterol total son superiores a 200 mg/dl se
sugiere realizar una determinación de los llamados colesteroles ‘malo’
y ‘bueno’.
La Organización Mundial de la Salud (OMS)
recomienda que los niveles de colesterol malo o LDL sean menores de
115 mg/dl, y que los niveles de colesterol bueno o HDL sean
superiores a 45 mg/dl.
Y los triglicéridos, un tipo de
colesterol ‘muy malo’, conocido como VLDL (Very Low Density
Lipoprotein o lipoproteína de muy baja densidad), deben permanecer
por debajo de 150 mg/dl.
La OMS recomienda que para la valoración de las lipoproteínas
sanguíneas se utilice la ‘clasficación de Frederickson’, que
establece seis grupos de hiperlipidemias o acumulación de
triglicéridos en la sangre:
Tipo 1. Es
hereditario y es muy raro. Es frecuente antes de los 10 años de
edad. Está relacionado con la inflamación del páncreas
(pancreatitis).
Tipo IIa. Se presenta a cualquier edad, pero es más frecuente en
personas jóvenes. Está relacionado con las enfermedades
cardiovasculares. Se recomienda dieta baja en
grasas.
Tipo IIb. Se manifiesta con triglicéridos elevados. Es frecuente en
personas jóvenes.Se recomienda dieta baja en grasas.
Tipo III. Es sumamente raro. Se manifiesta con
aumento de colesterol total y triglicéridos. Se presenta en la
cuarta o quinta década de la vida. Está asociado con diabetes
mellitus y la enfermedad cardiovascular. Se controla con
dieta baja en grasas y medicamentos.
Tipo IV. Hay aumento de triglicéridos, pero el colesterol total
permanece
normal o ligeramente elevado. Está asociado con la obesidad,
exceso de ácido úrico (gota), alcoholismo, diabetes mellitus,
hipotiroidismo y mujeres que toman anticonceptivos. Se controla con
dieta baja en grasas.
Tipo V. Hay aumento de los triglicéridos. El
colesterol total permanece normal o ligeramente elevado. Está
asociado con la obesidad, exceso de ácido úrico (gota), alcoholismo,
diabetes mellitus, hipotiroidismo, insuficiencia renal y mujeres que
utilizan anticonceptivos orales. Produce pancreatitis. Se maneja con
dieta baja en grasa.
Efecto en las cardiopatías
Hace 10 años el Instituto Nacional para el Estudio de las
Enfermedades del Corazón, Pulmón y Sangre (NHLBI), de Estados
Unidos, dio a conocer los resultados de un estudio
clínico-epidemiológico (causaefecto) sobre las enfermedades de las
arterias
coronarias y su relación con la ingesta de grasas.
Esos resultados demostraron que con la disminución en el consumo de
grasa animal —y por tanto de colesterol—, se reducían los ataques
cardiacos mortales y no mortales. Y se observó que por cada uno por
ciento que se reduce el colesterol total, disminuye en dos por
ciento el riesgo de enfermedades coronarias.
Otro estudio llamado ‘enfermedades cardiacas de Framingham’, también
realizado en Estados Unidos, encontró que la reducción del
colesterol sanguíneo es inversamente proporcional a la
probabilidad de morir de una enfermedad coronaria (o sea que a
menos colesterol se presentan menos cardiopatía).
En México y en Coahuila
En México, las
enfermedades cardiovasculares relacionadas con las arterias
coronarias son cada vez más frecuentes en la población mayor de 35
años.
A partir de este grupo de edad las cardiopatías se sitúan dentro de
las primeras cinco
causas de muerte, y el riesgo de muerte aumenta conforme se
incrementa la edad mencionada.
A nivel nacional se ha estimado una tasa de mortalidad de 23
personas por 100 mil habitantes (muerte por enfermedad coronaria).
Los estados de la frontera norte están por encima de este
índice. Coahuila tiene una tasa de mortalidad cardiaca superior
a 24 por 100 mil habitantes.
El problema es que los mexicanos consumimos en gran cantidad las
grasas de origen animal —carne roja, quesos, leche y huevos.
Existen datos sólidos y coherentes que fundamentan y demuestran que
cuando el
colesterol sanguíneo de baja densidad o colesterol malo aumenta,
se incrementan las lesiones en las arterias del organismo.
Para evitar este daño los
expertos recomiendan que la cantidad de calorías derivadas de
grasas animales (grasas saturadas) sea menor a 10 por ciento del
total de calorías ingeridas (para lograr esta meta deberá moderarse
el consumo de productos de origen animal y aumentar la ingesta de
granos y vegetales).
Estudios
epidemiológicos efectuados en poblaciones que consumen pescado y
aceites vegetales (como el de cártamo, oliva, soya, canola y
algodón), se ha observado una baja incidencia de
enfermedades coronarias.
Los ácidos grasos de esos aceites elevan las lipoproteínas de alta
densidad (es decir el colesterol bueno) e inhiben la síntesis de las
lipoproteínas de muy baja densidad (LDMB), reduciendo los
triglicéridos sanguíneos.
Además ejercen un efecto de retardo en la
coagulación sanguínea, así como también disminuyen la
adhesividad de las plaquetas, evitando la formación de trombos
sanguíneos, lo que quiere decir que los aceites vegetales actúan
como protectores coronarios. Fuente
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