CÓMO SABER SI ES
UN MAL AMANTE
Si no hay buena
cama es difícil que lo demás funcione. En cuestión de sexo el ego
masculino es mal consejero y puede hacerte pensar que el problema
eres tú. Aquí tienes ocho situaciones para medir sus
aptitudes sexuales y valorar si puede progresar adecuadamente.
Sexo oral... para él
Siempre te lo pide, le vuelve
loco y le hace prometerte amor eterno. Pero cuando llega la hora
de intercambiar los papeles se hace el perezoso, te dice que no le
gusta, lo hace sin ningún tipo de interés o francamente mal.
Veredicto. Muy buen amante no puede ser quien no sabe proporcionarle
placer a su pareja y tampoco se le podría calificar de generoso en
la cama. Solución. Si le da pereza, cierra el grifo, que tampoco
haya sexo oral para él. Si el problema es que lo hace muy mal, dale
una oportunidad, seguro que agradecerá que le guíes con la voz o con
las manos.
No quiere usar juguetes
¿Puso mala cara cuando le dijiste que tenías un
vibrador? ¿Se ha negado en rotundo a introducirlo en vuestras
relaciones? ¿Crees que nunca ha utilizado un complemento erótico?
Veredicto. Está claro que se siete atacado e intimidado por ellos.
Seguramente es de los que piensa que si utilizas un dildo es porque
él no te satisface lo suficiente. Sea lo que sea, su falta de
apertura mental le convierte en un mal amante. Solución. Si de
verdad te gusta, ármate de paciencia para explicarle que tu juguete
nunca le va a sustituir a él. Para que no se sienta intimidado,
comienza con la
cosmética erótica (aceites de masaje, lubricantes comestibles,
etc.), continúa con complementos para los dos (antifaces, esposas),
juguetes para él (anillas vibradoras) y, finalmente, juguetes para
ti.
El sexo dura poco
¿No puedes recodar una noche de sexo apasionado con él? ¿Siempre
lo hacéis en cinco minutos, sin apenas preliminares ni pasión? ¿Si
os alargáis más suele perder la
erección?
Veredicto. O sólo le interesas para el sexo (y encima malo), o estás
ante un hombre con problemas de erección o una gran falta de
experiencia. Solución. Por tu parte, pasa por tomar la iniciativa y
alargar los preliminares y el coito para ver qué pasa. Por la suya,
reconocer un posible problema de erección o falta de experiencia.
Necesita llevar el ritmo
Tiene que ser él quien tome la iniciativa, quien decida la
postura y quien lleve el ritmo, que normalmente no coincide con el
tuyo y casi nunca consigues llegar al orgasmo. Es tan dominante en
la cama como fuera de ella y no admite una crítica
en ninguna situación, incluso te hace sentir que si no llegas al
clímax es culpa tuya. Veredicto. Estás ante un pésimo amante,
absolutamente dominado por su
ego. Por muy viril que sea y muy buenos atributos que tenga, si
no te hace disfrutar es él quien tiene un problema, no tú. Solución.
Con un hombre así jamás finjas un orgasmo, no harías sino alimentar
su ego. Es más, háblale claramente de su narcisismo sexual y dile
que ese “trío” no te apetece montártelo.
No conoce tus puntos erógenos
Ni los suyos. Te acaricia mal, de forma brusca y en el lugar
equivocado. No sabe que tu cuello es tu punto débil, que te encanta
que te besen el pecho, que su perineo es un punto lleno de
placenteras terminaciones nerviosas. Veredicto. Tu pareja carece de
la información sexual básica acerca del erotismo femenino y del suyo
propio. Lo bueno es que, si está dispuesto, puede mejorar
exponencialmente. Solución. Necesita
educación sexual, mediante libros y prácticas contigo: dedica un
día a enseñarle cuáles son tus zonas erógenas y cómo te gusta que
las estimule. Después, hazle el favor de mostrarle las suyas.
Siempre te quedas a medias
No existen mujeres anorgásmicas sino malos amantes. A no ser que
tú tengas algún tipo de bloqueo o problema real, él no te está
estimulando lo suficiente (en tiempo y calidad) como para que
llegues al
clímax. O falla en tamaño y no te enteras de nada, o es
eyaculador precoz, o hace el amor en plan peli porno o cuando él
llega al clímax pasa olímpicamente de ti. Veredicto. O es un mal
amante al que nunca se lo han dicho, no es consciente de que la
falta de tamaño hay que compensarla con otras cosas o es un egoísta.
Solución. No se te ocurra fingir el orgasmo, dile claramente que tú
no disfrutas, que necesitas más dedicación y te gustaría enseñarle
lo que necesitas para llegar al clímax.
Casi no hay besos
El beso es el preliminar más potente que existe, un acto
profundamente sensual y sexual. Se puede prescindir de ellos cuando
se trata de sexo rápido (muy rápido), pero no si hablamos de un
coito normal. Sin besos, el sexo es sólo eso, sexo. Veredicto. O tu
chico es un amante tan poco inteligente como para prescindir de los
besos, o la rutina se ha instalado en vuestra relación, o no
siente mucho amor por ti. Solución. Bésale tú y demuéstrale, con
oportunos gemidos, el efecto que produce en tu libido. Si no te
corresponde, tal vez no merezca la pena seguir compartiendo cama con
él.
Siempre en la misma postura
Aunque consigues llegar al orgasmo, el
sexo con él te resulta aburrido. Los mismos preliminares, el
mismo escenario, las mismas posturas… Cuando has intentado cambiar
la “performance” se ha bloqueado e incluso se le ha bajado la
erección. Veredicto. O estás ante un amante poco experimentado, ante
uno muy puritano o ante uno muy poco osado. Solución. Tirar de
diplomacia y hablarlo con él, empezar a tomar la iniciativa en la
cama o regalarle un Kama Sutra para que se instruya e inspire. Fuente
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