El horror dentro del cine y la
literatura, más que un género es un pacto, un pacto morboso y
retorcido, pero un pacto al fin y al cabo. Por un lado, el director
pretende asustar a su audiencia y, por el otro, los espectadores
pagamos la entrada al cine para que el director nos espante.
¿En cabeza de quien cabe una idea tan
tonta? Digo, no suena inteligente eso de pagar por que te hagan
sufrir y tampoco es sano que a alguien le paguen por atormentar
gente -para fines de este articulo ignoraré a los torturadores
profesionales de la CIA; hablaremos de ellos en otra ocasión- ¿De
dónde viene el gusto por asustar y asustarse?
Si lo pensamos un poco, en realidad
la idea no es tan loca. Producir o ver una película de horror es una
forma segura de explorar lo desconocido, aquello que nos da miedo o
lo que no conocemos. Aunque en un primer nivel las películas de
horror espantan con monstruos, asesinos seriales y el diablo, lo que
en realidad nos da miedo son cosas más sencillas y personales.
Un ejemplo, en
Saw, "el juego macabro" (2004)
nos espantan con muertes horribles a manos de un loco. Pero lo que
realmente da horror es ver los límites de la ética en una persona
común y corriente. No me digas que al verla no te preguntaste, por
lo menos una vez ¿qué harías tú en ese caso?
En esta misma línea,
Frankenstein de Mary Shelly
(1994) juega con el miedo que tenemos a que Dios no exista;
Alien (1979), con el miedo a las
otras personas y a sus ideas; El
exorcista (1973) y Juegos
diabólicos (1982), con el miedo a que alguien se meta en
nuestras casas o en nuestras vidas.
El resplandor (1980) explora el miedo a
que un ser amado nos traicione y
Pesadilla en la calle del infierno (1984).... Bueno, esa serie
es simplemente mala, pero Freddy es divertido. Para que todo esto
funcione, el horror tiene que ser personal, tenemos que
identificarnos con la víctima, sentirla cercana.
Si la chica se parece a nuestra mejor
amiga, mejor. La sensación de pérdida es personal y enfrentamos un
miedo propio; de ahí que los protagonistas suelan ser personas
comunes y corrientes viviendo en los suburbios, con trabajos
normales y vidas ordinarias. Si eso les sucedió a ellos ¿Qué podría
pasarnos a nosotros al salir del cine y entrar al estacionamiento?
De ahí que las películas de horror
orientales no nos parezcan tan buenas. Son realmente espeluznantes,
pero hay un montón de cosas que nos son ajenas. Nosotros comemos
tacos o hamburguesas; ellos, arroz con tofu (si alguien sabe de qué
está hecho el tofu, deje un comentario abajo; la verdad, sigo
intrigado). Y no solo sus costumbres son distintas, también sus
formas de abordar el horror.
Películas como
Old Boy (2003),
Señora Venganza (2005) e
Ichi, el asesino (2001) hacen
algo distinto. De hecho, ni siquiera intentan asustarnos; utilizan
medios muy perversos para intentar relajarnos. Sí, lo digo en serio,
lo que buscan es liberarte.
El cine de horror oriental es lento,
cruel, miserable y sus monstruos suelen ser humanos locos.
Construyen tensión poco a poco, pero de manera constante. No te dan
un solo minuto de respiro y van escalando en violencia y crueldad
hasta el punto en el que quieres que la película termine para dejar
de estresarte.
Pero la película sigue escalando y,
por algún motivo, no quieres dejar de verla. La boca te sabe amarga
y los golpes y los asesinatos son cada vez más crueles e
innecesariamente sangrientos; sudas, intentas distraerte con algo,
pero no quieres perderte un solo detalle de la historia.
Así, el ritmo es uno de los elementos
que aportan más diferencias entre el terror oriental y el
occidental. El ritmo de las películas de terror orientales es mucho
más intenso. La tensión está siempre presente. En las películas de
Hollywood, la tensión tiene puntos cumbre y llanuras. Incluso la
música avisa al espectador cuando algo "fuerte va a pasar".
Otros detalles culturales, como la
utilización en Oriente del color blanco para denotar luto en lugar
del negro, y la concepción de que un fantasma que se aparece en una
casa es solo energía perdida y no el ánima de algún difunto, llegan
a lejar al espectado occidental del cine de terror oriental.
En el siguiente video de
Deslactosados se enumeran más diferencias entre el horror de
Hollywood y el de la industria asiática. Además se sugieren muestras
de cada una de estas propuestas.
¿Por qué la atracción y el morbo ante
algo que realmente te choca y que seguramente te provocará
pesadillas? Pues porque estamos tan tensos que queremos que toda
esa miseria termine. Necesitamos la seguridad de que esas cosas
terribles que estamos viendo no serán eternas. Al final, la película
siempre te arroja una verdad contundente que explica toda la locura
y llega la tranquilidad.
El horror ya no está en ti. A punta
de presionarte hasta que no lo aguantas más, se sale de ti en el
último grito que pegas y se lleva un poco del miedo a lo cotidiano
que todos cargamos. Estos orientales mañosos. Y bueno, también hay
otras cosas en el horror que no necesariamente asustan y que no
intentan jugar con nuestra cabeza,
La serie de "Resident Evil" es más
acción que miedo; Sexto sentido
(1999), con todo y los fantasmas, es un drama, y
Shaun of the dead (2004)
("Muertos de risa, en español") es la comedia más divertida que he
visto desde Tira a mamá del tren
(1987).
Lo que nos deja claro que el cine de
horror no se trata de monstruos, se trata de miedo y, para disfrutar
adecuadamente el espectáculo, hay que tener el valor de dejarse
asustar. De otro modo, la magia se cae.
Fuente