¿QUÉ ES LA
ALCOHOREXIA?
La alcohorexia es ingerir grandes cantidades de alcohol y dejar
de comer. Una saltillense, que llevó esta peligrosa práctica al
extremo, relata cómo sobrevivió de milagro
A los 17 años Carmen comenzó o consumir alcohol y a dejar de
comer. Sobrevivió de milagro, dice, pues si se combinan un trastorno
alimenticio con una adicción, sólo puede esperarse una fatalidad.
Ahora, Carmen tiene 26 años, así que la llamada “alcohorexia” ya
existía en Saltillo desde hace una década, o probablemente más.
Actualmente este trastorno está de moda por afectar a cientos de
mujeres jóvenes y tener un nombre para identificarlo: alcohorexia.
¿Qué es? Consiste en ingerir bebidas alcohólicas en grandes
cantidades y eliminar lo más posible el consumo de alimentos.
Además hay quienes mezclan la bulimia, al provocarse el vómito
durante la ebriedad para continuar consumiendo alcohol.
“Yo comencé de esta manera”, cuenta Carmen (a quien se le concedió
el anonimato), “en las fiestas tomaba bastante, pero como no
aguantaba tanto como mis amigos, me provocaba el vómito cuando
sentía que ya no podía tomar, se me vaciaba el estómago y luego
seguía tomando unas dos o tres horas más. Hubo días en que vomité
hasta tres veces en la misma noche, y luego seguía bebiendo”.
Esta “moda” se convirtió en un hábito para Carmen, ya que la ponía
en práctica de dos a tres veces por semana. Hasta que,
inevitablemente, se vio envuelta en la adicción.
“Fue cuando mi novio terminó conmigo, me deprimí mucho, mucho, y
comencé a tomar más seguido, casi todos los días, desde que salía de
la escuela. Algunas veces me corría todas las clases para irme a
tomar. Vomitaba para que se me bajara y no se dieran cuenta en la
noche, cuando regresaba a mi casa.
“Pero lo más peligroso fue que dejé de comer. Me sentía gorda y
estaba hinchada y demacrada por tanto alcohol, así que pensaba que
con dieta todo se arreglaría, pero imagínate, tomaba de seis a diez
cervezas, o una botella completa de algún vino barato; todo ese
alcohol en mis órganos ¡y ni una vitamina! Ni un alimento en mi
cuerpo, nada de nutrientes, porque lo poco que comía era pura comida
chatarra y de la calle”.
¿Cuánto soportó su organismo? Dos años. Luego se enfrentó a las
consecuencias, un cuadro severo de anemia, un daño en el riñón y
otras infecciones.
“Mis papás no se daban cuenta porque bajé poco de peso y me cuidaba
mucho de que no me cacharan borracha, pero un día me comencé a
sentir súper mal, vomité, y vomité con sangre, me comenzó a faltar
la respiración porque tenía una bronquitis y ninguna defensa en mi
cuerpo… sentí que me iba a morir, pensé sinceramente que me
moriría”, recuerda la saltillense.
“Me llevaron a urgencias, me internaron, me comenzaron a hacer
estudios, pero el problema es que no podían darme medicamentos para
los bronquios por lo débil que estaba, tenían miedo de que me diera
un paro cardiaco. Fue espantoso, sobreviví de verdadero milagro”.
Al salir del hospital, una semana después, sus papás se hicieron
responsables de su recuperación. “Lo más triste fue ver a mi mamá
destrozada, llorando, culpándose… no se enojó conmigo y eso me puso
peor, porque yo estaba furiosa conmigo misma, me sentía chinche.
“Me sacaron de la escuela un semestre para tenerme en la casa y que
fuera a terapia, vigilaban mis comidas, tuvieron que hacer todo eso
para que yo me recuperara. Lo peor de todo fue darme cuenta de que
sí era alcohólica. Batallé para dejar de tomar, batallé muchísimo.
Extrañaba el alcohol, me ponía histérica encerrada en la casa. Me
deprimí por todo lo que había pasado y tuve que ir a mucha terapia,
porque si no me había matado lo del hospital, me iba a matar la
culpabilidad tarde o temprano. No veía la salida, estaba en un hoyo
negro, sin fondo”.
Tardó más de dos años en sentir que se recuperaba –“aunque tal vez
nunca te recuperas por completo de algo así”, asegura–. Terminó la
escuela, consiguió trabajo y dejó completamente el alcohol. Pero aún
hoy se siente triste, más cuando recuerda el daño que le provocó a
su cuerpo y a su familia.
“Muchas amigas hacían lo mismo que yo y también hombres, aunque
ellos menos lo de dejar de comer. Todas, tarde o temprano, debieron
enfrentar el problema, o unas simplemente lo dejaron atrás cuando
entraron a carrera o tuvieron su primer hijo.
“Lo que creo que hace la diferencia son dos cosas: los límites y la
autoestima. Los que tendemos a la baja autoestima somos los que no
podemos controlar la alcohorexia, como se le dice ahora… o sea, la
mayoría de los jóvenes en la actualidad, pienso”, opina.
Afecta más a las mujeres
La alcohorexia (también llamada ebriorexia) se dio a conocer como
tal en 2008, gracias a un reportaje de The New York Times. Aunque no
hay cifras oficiales, los expertos consideran que la afecta
principalmente a las mujeres de entre 15 y 25 años. Sin embargo, no
se puede descartar a los hombres, sobre todo desde que se incrementó
notablemente un aumento de los trastornos alimenticios en el sexo
masculino.
Muchas de las investigaciones sobre el tema partieron de la
observación de ciertas figuras públicas, como algunas artistas, que
eran conocidas por sus problemas tanto con la bebida como con la
mala alimentación. El caso más dramático fue el de la cantante
británica Amy Winehouse, quien adelgazó de manera alarmante y fue
captada en estado de ebriedad en bastantes ocasiones.
Amy falleció en julio pasado, a los 27 años. Finalmente, su
organismo no pudo resistir tantos excesos. Sus padres hasta llegaron
a expresar que dejar la bebida abruptamente fue lo que le causó la
muerte, pues su cuerpo ya estaba demasiado acostumbrado a la nociva
sustancia y además presentaba desnutrición, lo que le provocaría un
colapso tarde o temprano.
Victoria Osborne, investigadora de la Universidad de Missouri, en
Estados Unidos, concluyó que este trastorno afecta tres veces más a
las mujeres.
Según la revista Muy Interesante, Osborne encontró que las jóvenes
comienzan a beber y dejan de comer por tres razones más comunes:
evitar ganar peso, emborracharse más rápido (con el estómago vacío)
y ahorrar dinero de la comida para comprar bebidas embriagantes.
Sin embargo en el primer caso, apuntó que ni siquiera es factible
adelgazar con esta combinación, ya que el alcohol posee una gran
cantidad de calorías, retiene líquidos y hasta estimula el apetito
en cierto momento, por lo que provoca que una persona en estado de
ebriedad coma compulsivamente.
Desnutrición, ansiedad y daños psicológicos
Según investigaciones recientes, la desnutrición causada por la
alcohorexia es más peligrosa que la provocada por la anorexia, ya
que no sólo se detiene la ingesta de nutrientes, sino que el alcohol
destruye los pocos que existen en el cuerpo.
La revista española Consumer señaló que el alcohol se “alimenta” de
grandes cantidades de vitaminas del grupo B del organismo para
conseguir su degradación. Mencionó principalmente la vitamina B6,
cuya carencia provoca problemas neurológicos y psíquicos.
Osborne añadió que esta fatídica combinación de patologías afecta no
sólo física, sino también mentalmente.
“Puede provocar problemas cognitivos a corto y largo plazo,
incluyendo dificultad de concentración, pérdida de la capacidad de
estudiar y problemas a la hora de tomar decisiones”, explicó.
Los psicólogos médicos añaden que una de las causas de este
padecimiento es la baja autoestima o los problemas de depresión en
los jóvenes, pero a diferencia de los daños emocionales causados por
la anorexia o la bulima, la alcohorexia también se acompaña de
comportamientos violentos motivados por la bebida.
Todos estos expertos coinciden en que si los jóvenes combinan estas
dos prácticas desde muy temprana edad, en caso de superar después el
problema, pueden persistir enfermedades crónicas o daños a los
órganos
Los daños
El uso prolongado de grandes dosis de alcohol puede dañar el
cerebro, el corazón, el páncreas, estómago e hígado y producir
cirrosis hepática.
Si tomas en el embarazo, el bebé puede nacer con el “Síndrome de
alcoholismo fetal”: sufrir temblores, inquietud e insomnio.
Si se combinan los trastornos alimenticios con el alcoholismo,
además es posible desarrollar cuadros de anemia severa, que podrían
llevar al joven a la muerte. Fuente
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