¿QUE PASA EN
EGIPTO LUEGO DE MUBARAK?
Los planes del Ejército prevén
una breve fase de transición de seis meses. Un plazo, sin embargo,
muy corto para que se asiente partidos y políticos como alternativas
al aparato de Mubarak.
El Cairo/Estambul.- ¿Qué pasará en
Egipto? Tras la caída del régimen de Hosni Mubarak se barajan muchos
escenarios para el país a orillas del Nilo. En medio de la
incertidumbre se pueden vislumbrar ya algunas tendencias y
preferencias en la sociedad.
Cinco son los grupos en los que se divide Egipto estos días: los que
no acaban de celebrar, los que no han dejado de preocuparse por el
futuro del país, los beneficiados por la revolución, los perdedores
y los estrategas. Éste último es más bien un grupo pequeño de
aquellos que ya piensan en las elecciones de septiembrem, reseñó
DPA.
Los planes del Ejército prevén una breve fase de transición de seis
meses. Un plazo, sin embargo, muy corto para que se asiente partidos
y políticos como alternativas al aparato de Mubarak.
La euforia por la caída del régimen sigue siendo fuerte entre los
más jóvenes, que no acaban de creerse que el único presidente que
conocieron desde su nacimiento ya no esté. Al mismo tiempo, son el
grupo que exige que todos los funcionarios, oficiales de policía,
empresarios y vándalos implicados en la represión de los
manifestantes sean llevados a juicio.
La segunda exigencia importante de ese grupo, formado entre otros
por el movimiento juvenil 6 de abril, es la liberación de todos los
presos políticos. En sus planes no están hasta ahora sin embargo la
creación de nuevos partidos políticos o una visión concreta para el
futuro del país.
Los más preocupados, por lo general aquellos que no participaron en
la revuelta por miedo a la represión, esperan sólo que la transición
termine sin más derramamientos de sangre o pérdidas económicas. Son
gente que no solía ir a votar en el pasado y entre ellos hay muchos
empresarios preocupados por sus ahorros.
Grande es en cambio el grupo de los potenciales beneficiarios de la
revolución. Entre ellos hay policías que se sentían humillados por
sus superiores en el pasado, periodistas frustrados por cómo
transcurrió hasta ahora su carrera debido su posición crítica,
enfermeras mal pagadas y ex funcionarios que tienen la esperanza de
encontrar un lugar en el nuevo sistema.
Los perdedores, por su parte, han desaparecido estos días. Entre
ellos están los funcionarios del Partido Nacional Democrático (PND)
de Mubarak, así como empresarios corruptos beneficiados por el
régimen. Incluso el locuaz ministro de Exteriores Ahmed Abul Gheit,
leal hasta último momento al presidente, está sumido en el silencio.
Entre los pocos que se preparan ya para las elecciones están los
antiguos partidos de la oposición, algunos políticos que se
distanciaron de Mubarak en los últimos 20 años y los Hermanos
Musulmanes.
Éstos últimos, considerados el grupo opositor más influyente, han
anunciado que sólo participarán en los comicios parlamentarios y que
no nominarán a un candidato presidencial propio. Los islamistas, sin
embargo, recomendarán posiblemente a sus seguidores que apoyen a un
candidato determinado.
Algunos expertos estiman que los Hermanos Musulmanes podrían obtener
una cuarta parte de los apoyos en las eleccciones parlamentarias,
aunque ya no cuentan con tantos simpatizantes como hace cinco años.
Una gran ventaja para ellos es que el resto de la oposición no está
bien organizada.
Todavía no está claro qué pasará en los comicios, para los cuales ni
siquiera se conocen aún las condiciones. Entre los que ya han
hablado de una posible candidatura está el secretario general de la
Liga Árabe, Amre Mussa, al que se le atribuyen buenas opciones.
Mussa parece hablar el lenguaje de los jóvenes y es considerado lo
suficientemente maduro y serio para no espantar a la burguesía. El
secretario de la Liga Árabe aboga por el liberalismo, la lucha
contra la corrupción y la independencia de la Justicia, y tiene una
posición crítica frente a Israel.
A diferencia de Mussa y su defensa del liberalismo, el premio Nobel
de la Paz Mohammed el Baradei es más cercano a las exigencias de
"islamización" de los Hermanos Musulmanes.
Los egipcios, por lo demás, parecen pensar poco en los supuestos
modelos viables que barajan los analistas occidentales estos días,
desde el modelo radical islámico de Arabia Saudí hasta el Estado
islámico moderno de Turquía.
Por el contrario, la mirada en busca de opciones para el futuro
parece girarse hacia el propio pasado, desde los tiempos de las
revueltas contra los británicos hasta el nacionalismo árabe del
presidente Gamal Abdel Nasser. Fuente

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