¿CÓMO PREVENIR EL
ROBO DE NIÑOS?
En todos los lugares del mundo
sucede y es considerado una de las peores desgracias que pueden
ocurrirle a una familia. Se trata del robo de niños, uno de los
actos que ponen de manifiesto que el grado de maldad en ciertos
individuos no tiene límites.
Definir al secuestro o rapto como la
"industria del terror" resulta por demás acertado, pues los
criminales se valen del miedo para extorsionar a los familiares,
quienes temen por la vida de la persona que permanece cautiva, y el
horror crece cuando el secuestrado es un niño.
En algunos casos existe la
posibilidad de recuperarlo, ya sea pagando rescate o mediante acción
policíaca; sin embargo, cuando un pequeño es raptado y no se conoce
su paradero, ni se pide dinero por su devolución, la incertidumbre
alcanza niveles increíbles y la búsqueda se convierte en terrible
tormento que consume recursos, salud y, concretamente, la vida.
Para no pasar por esta cruel
experiencia es indispensable que los padres se mantengan alertas y
no pierdan de vista a sus hijos ni por un momento, ya que la más
leve distracción puede convertirse en tragedia. Considere que las
medidas de seguridad nunca sobran, por ejemplo, mantener siempre la
casa cerrada con llave y no permitir la entrada a extraños, o cuando
alguien acuda al hogar por motivos de trabajo (llenar el tanque de
gas, reparar una tubería o revisar el teléfono) hay que vigilar al
niño en todo momento.
Aunque siempre se esté al pendiente
de los niños hay que considerar que nunca están exentos de tener
desagradable encuentro con desconocidos que pretendan hacerles daño.
Además, también debe tomarse en cuenta que la mayoría de los
pequeños se dejan llevar por la curiosidad, y si algo llama su
atención simplemente irán tras él; asimismo, suelen responder
amablemente a aquellas personas que los tratan con dulzura.
Medidas de prevención
Mantener buena comunicación con los
hijos es la mejor arma para protegerlo, ya que mediante el diálogo
es posible hacerle entender que no toda la gente es buena. Para que
lo anterior quede muy claro puede tomar como ejemplos personajes que
le sean familiares, como los que forman parte de cuentos de hadas,
donde siempre hay quienes pertenecen a algún bando: malos o buenos.
A partir de los cuatro años se le deberá indicar lo siguiente: "No
siempre voy a estar cerca de ti para protegerte, por lo que es
necesario que sepas que no debes confiar en extraños, aunque
parezcan personas dulces" y "si alguna vez estás solo en la calle,
no permitas que nadie se te acerque o te toque, ni aceptes regalos".
A partir de que el chico ingresa a la
escuela ya no es posible vigilarlo todo el tiempo, pero los padres,
un familiar cercano o algún vecino de confianza podrán llevarlo al
colegio y recogerlo después. Asimismo, es necesario indicarle al
infante que nunca debe aceptar que un extraño lo lleve a casa; si
percibe que alguien lo sigue debe caminar más rápido y tratar de
perder a la persona; de no ser así, entrar a un lugar público y
llamar a sus padres o algún familiar cercano. Para ello, es
conveniente que al pequeño se le proporcione una tarjeta para hablar
por teléfono y enseñarlo a usarla con responsabilidad, así como a
memorizar los números para comunicarse al trabajo de los padres o
con otro familiar.
En caso que el niño experimente acoso
marcado por parte de un extraño deberá gritar para llamar la
atención de los demás transeúntes con el propósito de asustar al
agresor y, si existiera la opción, recurrir a un policía.
Cabe destacar que hace algunos años
era común que los niños salieran a la calle a jugar, pero esto ha
cambiado ante el peligro de ser raptados; por tal motivo, deberán ir
acompañados al parque o sitio donde desarrollen alguna actividad
deportiva. Aunque para algunos progenitores puede resultar tedioso
observar una práctica de futbol o ensayos de ballet, valdrá la pena
el sacrificio con tal de que sus hijos vuelvan a casa.
En caso que no puedan asistir,
deberán delegar la responsabilidad en alguien de su entera
confianza, de lo contrario será mejor no dejar que los pequeños
asistan a un lugar público solos, sin importar que derramen
lágrimas.
Cuando vaya al cine, teatro, circo u
otros espectáculos, el niño deberá ir acompañado por los padres o
alguien cercano a la familia, pues en estos sitios los posibles
raptores encuentran terreno propicio para cometer sus fechorías.
Incluso algo tan común, como ir al baño, puede convertirse en la
mejor posibilidad para consumar un secuestro.
Es común que, por falta de tiempo o
ánimo, se mande a los niños a realizar alguna compra, pero pocas
veces se reflexiona sobre el peligro que esto representa. Por lo
anterior, sólo se les debe destinar dichas tareas cuando están
suficientemente grandes y pueden correr y defenderse ante un ataque
y, además, no se les debe enviar a sitios muy lejanos, aunque esto
también depende de la peligrosidad del rumbo en donde se viva.
Como puede ver, durante la infancia
se corren muchos peligros, y uno de los más graves es el rapto; si
el niño es vigilado en todo momento y se le enseña la forma de
actuar en caso de emergencia, se reducirán las posibilidades de que
esto ocurra. Recordemos una cosa: antes del secuestro se puede hacer
mucho, pero después de consumado, casi nada.
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