¿CÓMO DISCIPLINAR
A NUESTROS HIJOS?
Disciplinar a los niños en
nuestros tiempos no es fácil
Tenemos que tomar en cuenta muchos
más factores que los que nuestros padres consideraron cuando nos
educaron. Hoy debemos evitar ser críticos, cuidar su autoestima,
evitar cualquier forma de violencia verbal y física; ser honesto y
coherente con nuestras acciones, etcétera.
No es de extrañar entonces que no
todos los métodos que utilizamos resulten los más adecuados para
lograr nuestro propósito. A continuación mencionaremos tres tácticas
“modernas” comunes de disciplina y por qué no debes usarlas.
Escenario 1: Es hora de irse y dejar
el patio de juegos. Aunque advertiste al pequeño Carlitos que “le
quedaban cinco minutos”, el niño sale corriendo en la dirección
opuesta cuando le dices que ya llegó el momento. Tú exclamas “Bueno
ok, ya me voy”, y empiezas a caminar lentamente hacia el
estacionamiento. En segundos, el niño te alcanza, te felicitas de tu
astucia y dominio eficiente de la situación.
Escenario 2: Diego está jugando con
Rodrigo, cuando el primero le arrebata un camión con el que estaba
entretenido, Rodrigo grita y llora. Como mamá de Diego, te levantas,
le quitas el juguete y se lo regresas a Rodrigo, después le dices a
Diego que se disculpe, lo que el niño hace.
La experta en crianza Susan
Glaser dice que hay mejores formas de manejar estas situaciones.
1. “Ya me voy ¿eh?”
¿Por qué no debes hacer esto?
“Usualmente funciona, por eso tantos padres lo ponen en práctica”
dice Glaser, “pero mina la confianza de los hijos en los padres,
pues ataca directamente a uno de los más grandes miedos de los
niños, el de ser abandonados. Por supuesto esa no es tu verdadera
intención, pero el pequeño no lo sabe. El mero pensamiento de que
podrías dejarlo ahí, solo, ya es dañino, pues erosiona la confianza
y finalmente está basado en una mentira.
¿Qué hacer entonces? Si ésta es una
conducta repetitiva en el niño, tal vez la respuesta sería unirse al
juego y decir algo como “OK, ya es hora de irnos ¡empieza a correr!”
Entonces lo persigues, lo cargas, riendo ambos, y lo llevas al
coche; si ya es demasiado grande para cargarlo, lo tomas de la mano
y te diriges, saltando alegremente, hacia la salida.
Si la táctica no funciona, o si
tienes un niño un poco mayor, dale voz a sus sentimientos: “Veo que
no quieres irte del parque porque te estás divirtiendo mucho,
entiendo que estás enojado, pero ya es hora de irnos” si el niño no
se mueve, ofrece dos opciones “¿caminamos o te cargo?” si se sienta
o corre, entonces dile “OK, ya elegiste, te llevaré cargando” y en
ese momento, levántalo y cárgalo, aunque patée y lloriquée todo el
camino. Puede ser que tengas que hacer esto varias veces antes de
que entienda la dinámica, pero con la mayoría de los niños basta una
sola vez.
La clave de ofrecerle elegir
es que ambas sean cosas que te convengan a ti.
2. La disculpa
¿Por qué no debes hacer esto? Esta
forma de actuar no beneficia a ninguno de los dos niños. Un “lo
siento” forzado no es sincero y no requiere enfrentar ninguna
responsabilidad por una acción inadecuada. El niño cuyo juguete fue
recuperado por la madre no se defendió por sí mismo, aprendió en
cambio a hacerse la víctima.
¿Qué hacer entonces? Arrodíllate o
inclínate para bajar al nivel en el que los niños están
interactuando, pon la mano sobre el juguete para que no pueda
convertirse en un arma, y dile a tu hijo: “Veo que te gusta el
camión con el que estaba jugando Rodri, pero ve su cara, está triste
y enojado porque se lo quitaste ¿qué puedes hacer para hacerlo
sentir mejor?”.
Fuente

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