EL PODER DE LAS
CARICIAS
Existen caricias que causan
ternura. Otras consuelan y las hay que animan. Algunas son muestras
de amistad y muchas desatan el deseo y la pasión. Pero todas ellas
forman parte de un lenguaje íntimo que nos ayuda a expresar nuestros
sentimientos. Una forma de comunicación al alcance de nuestras
manos.
Acariciar y ser acariciado no es sólo
un inmenso placer sino también una necesidad para nuestro equilibrio
emocional. Un código de comunicación más rico y sofisticado que las
propias palabras.
Pero, cada vez nos alejamos más del contacto físico. La comunicación
táctil es una de las que menos se prodigan, a pesar de ser el mejor
vehículo para crear bienestar entre dos personas, para reforzar la
palabra que a veces se queda un poco huérfana. Y es que en la
caricia, instinto arcaico, convive lo animal y lo humano, por ser la
piel receptor de sensaciones.
Pero las caricias no sólo se enmarcan en el ámbito social, también
son claves para no cometer errores en el intercambio sexual. La
forma en que nos toca nuestra pareja, nos roza la cara o nos coge la
mano, son un código íntimo sólo descifrable entre dos.
¿Por qué es tan importante acariciar y ser acariciado?
El hombre no se mantiene únicamente con alimentos y líquidos,
también necesita del afecto para sobrevivir. Somos seres sociales
por naturaleza y sin contacto físico podemos enfermar e incluso
morir. Estudios científicos del siglo XX aportados por los doctores
Chapín, Banning, Spitz y Bowlby, entre otros, así lo ratifican.
Estos especialistas han demostrado, con años de rigurosa
investigación, que la falta de caricias puede provocar retraso en el
desarrollo psicológico y una degeneración física capaz de acabar en
un desenlace fatal, a pesar de tener el alimento e higiene
necesarios para asegurar la supervivencia.
Desde el punto de vista psicológico, los especialistas también han
constatado que quienes durante su infancia no sintieron el contacto
de una caricia son más proclives a mostrar dificultades para dar o
recibir afecto y expresar su emotividad. Son los que habitualmente
reciben el calificativo de personas ‘frías’, que consideran el
contacto físico con los demás como algo ‘sucio’.
Esta incapacidad para ‘tocar’ y ser ‘tocado’ conlleva problemas en
la comunicación y en la gestión de la agresividad. Estar con el
ánimo bajo, triste e irritable, pueden ser síntomas de que alguien
se encuentra ‘desacariciado’. Porque acariciar estimula las
endorfinas que nos hacen llevaderas el dolor y conducen al
bienestar. El mejor medicamento para paliar el estrés y la ansiedad.

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TU QUIERES.
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