POBLADORES BUSCAN REFUGIO EN ZONAS DE RIESGO
Dos deslaves en Oaxaca
y Chiapas revivieron los temores de otra pesadilla
como la de Angangueo, una comunidad que desapareció
bajo la tierra y los escombros de un cerro desgajado en el estado
sureño de Michoacán, en febrero pasado.
Tras la desgracia, los habitantes
exigieron la recuperación de sus bienes y del lugar que eligieron
para vivir, mientras que el
presidente Felipe Calderón prometía transformar la región
en un “pueblo mágico”.
Nunca se habló de iniciar un programa
para evitar la deforestación
y erosión del suelo, aún
cuando según autoridades estatales y federales, ésta fue la
principal causa del deslizamiento de tierra que dejó a 10,000
personas sin casa.
México está entre los cinco países
con los niveles más altos de deforestación en el mundo. Según el
Instituto de Geografía de la UNAM,
cada año se pierden 500,000 hectáreas de bosques y selvas.
“La deforestación deja al suelo
expuesto a problemas de erosión
eólica e hídrica, lo que provoca que se saturen de agua.
Las raíces de los árboles le dan consistencia al suelo y cuando ésta
se pierde los cerros se desgajan” dijo a CNNMéxico Luis Ayala Pérez,
profesor del Departamento del Hombre y su Ambiente de la Universidad
Autónoma de México (UAM).
El miércoles 29 de septiembre, un
deslave en la comunidad Reforma y Planada en Chiapas dejó 16
muertos, 16 heridos y cuatro desaparecidos.
Apenas un día antes, un desgajamiento
en la región Mixe de Oaxaca,
puso en alerta a las autoridades cuando el gobernador Ulises Ruiz
dijo que había casi 1,000 muertos bajo los escombros. Finalmente, la
autoridad municipal -hasta el momento- ha confirmado cinco muertos,
aunque el total de desaparecidos y afectados aún no se precisa.
Marginación y deterioro
El gobierno federal calcula que 13.5
millones de mexicanos habitan en zonas marginadas deforestadas.
Héctor Magallón, coordinador de la
campaña de bosques y selvas de
Greenpeace, dijo a CNNMéxico que una causa directa de los
deslaves es el crecimiento urbano
desorganizado, que los bosques son convertidos en zonas de
pastizales para ganado y cultivos y la tala ilegal -el 70% del
mercado nacional de madera tiene procedencia ilícita según este
organismo-.
Los afectados por los deslaves suelen
ser reubicados, pero según el urbanista Alberto Cedeño, la mayoría
de las zonas de alto riesgo en las laderas de ríos, arroyos o al pie
de cerros, vuelven a ser ocupadas porque no hay programas
consolidados de vivienda.
“Los asentamientos irregulares y
peligrosos representan un problema estructural que no se ha atendido
desde hace muchos años, es muy difícil cambiarlo, la gente
simplemente buscará un lugar en donde vivir y no verá el riesgo”.
Greenpeace también considera que no
hay incentivos para propiciar un ordenamiento habitacional.
“Cuando hay crecimiento urbano
desorganizado lo que se hace es desplazar las zonas agrícolas y
ganaderas a las zonas altas en donde están los bosques. Lo que las
autoridades deben hacer es promover opciones para que la gente pueda
vivir dignamente de sus bosques sin necesidad de destruirlos. Se
debe fomentar el manejo correcto de los recursos forestales”, dijo
Magallón.
El Instituto de Geografía de la
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha denunciado que la
mayoría de los terrenos con suelo erosionado son bosques destruidos
por los pobladores que buscan tener tierras de cultivo.
“Con el crecimiento desmedido de la
población aumenta la demanda de cultivos y el asentamiento en
lugares con relieve muy accidentado”, explicó en entrevista Rosa
Irma Trejo de ese instituto.
Según Greenpeace, los deslaves pueden
ocurrir porque se asientan poblaciones en lugares donde no hay
bosques para frenar la caída directa del agua de lluvia, lo
que complica la tarea de filtración hacia los mantos freáticos.
El titular de la Comisión Nacional
del Agua (Conagua), José Luis Luege Tamargo, atribuyó el
desgajamiento de un cerro en la comunidad de Tlahultotepec, Oaxaca,
a la deforestación.
En su comparecencia en el Senado de
la República, el funcionario dijo que hubo “un deslizamiento de
tierra que está muy vinculado al problema de la deforestación y la
construcción de caminos mal diseñados en pendientes muy altas”.
ProÁrbol y el programa
de reforestación federal
En 2007 el gobierno federal anunció
que el programa ProÁrbol
combatiría la deforestación con la plantación de 250 millones de
árboles.
Con una inversión inicial de 6,000
millones de pesos, el objetivo era “generar desarrollo e incrementar
el nivel de vida de las poblaciones asentadas en las zonas de mayor
marginación a través del correcto uso de recursos forestales”.
El presidente Calderón convocó a una
campaña de reforestación nacional como parte de ese programa. En
sólo un año, 2008, se rompió un récord mundial al sembrarse 280
millones de árboles en zonas deforestadas.
Un año después, Greenpreace denunció
que del total de árboles plantados, sólo el 10% sobreviviría porque
no fueron sembrados en zonas aptas para su crecimiento.
La Comisión Nacional Forestal,
encargada del programa, admitió que hubo problemas con el plan de
reforestación y se ordenó una reestructura de los lineamientos de
ProÁrbol para 2010.
“Los programas de reforestación no
compensan la deforestación. Si se pierde un bosque, éste no se
recupera sembrando arbolitos. Por más que se siembre, esos campos no
tienen la capacidad de retener y absorber el agua porque no son
maduros. Sembrar arbolitos es una falsa solución al problema. Lo
necesario son programas para incentivar el freno de la
deforestación”, dijo el activista de Greenpeace.

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