Hay como 25 mil
cosas que me gustan del sexo. Una de ellas es poderme sentir
sometida y traviesa, lujuriosa, una diablilla y al mismo tiempo
hacerme la inocente. En los deseos sexuales de los lectores de Nina
que publicamos la semana pasada, lo mismo de hombres como de
mujeres, estaba la infaltable posición que todos conocemos como de
"perrito".
No hay que explicar cuál es. Creo que
todos alguna vez hemos estado detrás o delante. Sí, detrás. ¿Conocen
el strap on para mujeres? Bueno, tema para un siguiente post.
Por lo pronto estamos con el trasero.
Una de las razones por la que nos gusta tan socorrida posición es
que precisamente hay un contacto directo, hermoso y alucinante con
las nalgas: esa parte trasera del cuerpo venerada por todos.
También, claro, porque siempre está la idea consciente o
inconsciente de los hombres del sexo anal. Esta posición de perrito
y todas en las que ella le da la espalda a él, tienen esta idea
intrínseca.
Las nalgas. Hermosa superficie y
cúpula corporal flexible y agradable al tacto y a la vista. Y no
sólo hablo aquí del trasero femenino. No. También del masculino. Mi
hombre tiene un trasero por demás lindo: me encanta verlo cuando él
se adelanta y camina por la calle o tocarlo cuando él está sobre mí
penetrándome. Tocarlo y sentir su piel mientras al mismo tiempo su
miembro me penetra y él me susurra palabras sucias al oído, me ponen
a mil.
A él también le gusta acariciar mi
trasero y tenerlo a su disposición, sobre todo en momentos previos
al sexo anal. Le gusta mirar, acariciar, tocar, lamer y luego,
plenamente excitado, penetrar con la lubricación que con un dedo
toma de mi vagina. Después, una vez que ha eyaculado, también. Le
gusta verlo así, un trasero abierto para él, a expensas suya.
Miles de juegos podemos hacer con el
trasero involucrado: a mí, por ejemplo, me encanta montarlo a él y
cuando estoy en el movimiento intenso, con mi clítoris tocando su
pubis, sentir entonces una, dos, tres nalgadas. A veces si el juego
se pone muy intenso, toma su dedo medio, lo introduce en mi boca y
luego juega a acariciar mi ano hasta introducirlo en él y casi
provocarme una convulsión de placer.
¿Qué juegos podemos hacer con el
trasero? Muchísimos. Aquí algunas sugerencias para que no olviden a
esa parte maravillosa y dadora de placer:
1. Masturbación:
¿han intentado masturbar el pene con las nalgas de su chica? Bueno,
altamente recomendable. A veces lo hacemos antes o durante el juego
previo, a veces a él le gusta hacerlo después. Cuando ha eyaculado
sobre el trasero (cosa que le encanta hacer, como a la mayoría de
los hombres) y entonces con su mismo semen y su pene todavía en
erección, le encanta frotarlo entre mis nalgas. Así hasta que,
exhausto, pierde erección y yo he tenido un orgasmo de aquellos.
2. Spanking:
ya he hablado sobre esta práctica antes y saben que me fascina. Si
ustedes son principiantes en ésta, pueden intentar a jugar a dar
nalgadas primero con ella montada sobre él o ella recargada sobre la
pared o por ejemplo en la ducha. Pueden empezar de a poco y luego
ir subiendo el tono, de acuerdo con lo que le guste a él o a ella y
su umbral de dolor. Recuerden siempre poner reglas. Sólo se trata de
aumentar el fuego en el sexo, no de una práctica absoluta de BDSM.
Pero las nalgadas no deben limitarse al sexo. A mí me encanta que
mi pareja me tome por asalto mientras vamos en una plaza caminando o
esperando la mesa en un restaurante. Él sabe que sentir su palmada
en mi nalga de vez en cuando, me excita y a él le hace sentir que
soy suya, sólo para él, para marcar la pertenencia de ese trasero
que también otros miran. Eso me pone.
3. Penetración doble:
Ésta es otra de las fantasías de muchos hombres. Que su mujer sea
poseída por muchos hombres a la vez (dos por lo menos). Para ir
ensayando tal acción, lo ideal es probar con un dildo en el trasero
mientras ella es penetrada por la vagina. Hay algunas posiciones más
fáciles para ello, pero la de ella montada a horcadas sobre él es
la mejor. A los hombres les gusta sentir con su pene que tocan el
dildo que está en el ano. Pero ojo, hay que tener mucho cuidado de
no lastimarla a ella. El que debe moverse menos en este caso es el
que penetra por vagina y jugar un poco más con el dildo que debe
estar perfectamente lubricado. Si les ha gustado la experiencia, la
próxima vez pueden intentar a hacerlo con otro dildo, más real y de
carne.
4. Usar ropa especial:
Necesitamos fantasear más con las nalgas. Por ejemplo, a mí me gusta
usar de vez en cuando unas medias de red que están descubiertas de
atrás y usar un vestido o una falda con la cual él pueda penetrarme
rápidamente por ejemplo en el estacionamiento de algún sitio o en
alguna escalera vacía... Darles poder y pensar en el deseo que
provocan es mi consejo de hoy.
5. Ponerle sabor:
¿han intentado a ponerle sabor al trasero? A nosotros nos gusta
hacerlo justo al salir de la ducha, por la noche, por ejemplo. A él
le encanta llenarme de crema chantilly y comerlo. También le fascina
rociar algunas gotas de té caliente y lamerlo sobre mis nalgas. Le
gusta que la sensación caliente y su lengua en mis nalgas se
confunda. De ahí es muy común que él viaje (yo en posición de
perrito y él debajo de mí con su boca en mi vulva) debajo para
hacerme un delicioso sexo oral con sabor a tisana. A mí, por
supuesto me encanta...