VIOLENCIA
DIFICULTA AYUDA HUMANITARIA
La
inseguridad que impera en al menos 8 regiones del país paralizó
actividades sociales gratuitas que ofrecían asociaciones médicas y
religiosas de Estados Unidos, sobre todo en ciudades fronterizas de
los estados de Chihuahua y Tamaulipas
La violencia ejercida por grupos
estatales y paraestatales ha restringido trabajos de ayuda
comunitaria en al menos ocho estados de la República, afectando con
ello a miles de personas que viven bajo niveles de extrema pobreza.
Organizaciones que tradicionalmente
llevaban asistencia médica y legal, defensa de los derechos humanos,
programas de desarrollo social y alimentos, suspendieron algunas de
sus incursiones de campo y han adoptado protocolos de seguridad en
previsión de agresiones, dijeron sus coordinadores.
Medidas igualmente drásticas tomaron
instituciones de educación superior para proteger a sus alumnos,
entre ellos el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de
Monterrey (ITESM), y las sedes de la Universidad La Salle en La
Laguna y Ciudad Victoria.
El creciente nivel de asesinatos,
secuestros y extorsiones paralizó también labores gratuitas que
ofrecían asociaciones médicas y religiosas de Estados Unidos, sobre
todo en ciudades fronterizas de los estados de Chihuahua y
Tamaulipas.
“La situación es tan grave, que
incluso hasta programas de gobierno como Oportunidades y Procampo
han suprimido la asignación de recursos en poblaciones alejadas de
las cabeceras municipales en zonas de Guerrero”, dice Rosaura
Rodríguez Carrillo, presidenta del Comité Directivo Estatal La Unión
de Mujeres, cuya sede está en Acapulco.
La organización coordinada por
Rodríguez opera con unos 15 mil asociados. Todos ellos tienen la
orden de laborar con límites de horario y evitar zonas de alto
riesgo, inclusive dentro de ese puerto y de la capital Chilpancingo.
Los trabajos de asesoría financiera y elaboración de proyectos para
desarrollo social, fueron suspendidos en comunidades de Ayutla, La
Unión y Coahuayutla.
Tales medidas, dice Rodríguez,
afectan directamente a cientos de pobladores de las regiones más
pobres del estado. “Son las otras víctimas colaterales de la
violencia”, resume.
Poderes fácticos,
coludidos
Guerrero ha vivido durante años bajo
control de “poderes fácticos” que, en el actual contexto de
debilitamiento, ha desactivado no sólo ayuda humanitaria sino la
propia defensa de los derechos civiles, dice Santiago Aguirre,
abogado del Centro de Derechos Humanos de La Montaña, Tlachinollan.
“Los poderes fácticos comienzan a
tejer alianzas unos con otros. Ahora se han sumado caciques y grupos
de narcotraficantes que si bien es cierto no agreden directamente a
los abogados del centro, que solemos acudir a comunidades y luego
regresarnos a nuestra sede en Tlapa, sí lo hacen con nuestros
representantes en esos lugares, y también con nuestros defendidos”.
La hostilidad contra organismos
derechohumanistas es una constante en la región, pero, señala
Aguirre, el mensaje de impunidad emitido por los gobiernos federal y
el estatal es de tal magnitud, que las agresiones subieron de nivel
los meses recientes. En febrero de 2009, sus dos representantes en
Ayutla, Raúl Lucas Lucía y Manuel Ponce Rosas, fueron asesinados.
Hasta la fecha, esa oficina permanece cerrada por falta de garantías
de seguridad.
“No solamente son agentes no
estatales quienes agreden y amenazan, sino policías ministeriales y
militares. Ello ocurre por la gran corrupción e impunidad con que se
cometen delitos en el estado”.
En Michoacán, el grupo criminal La
Familia es quien somete a poblaciones enteras, con todo y
autoridades. Trabajadores de programas de asesoría y desarrollo
comunitario mantienen ciertas garantías de operación, pero siguen “a
rajatabla principios de conducta” que hasta hoy los mantienen a
salvo, dice uno de los coordinadores de proyectos en la zona, que
habló bajo anonimato.
“Hay ciertos protocolos de seguridad
laboral que seguimos para el desempeño del trabajo; este protocolo
es producto de un curso en línea que certifica la ONU. Conocemos qué
comunidades no visitar y cuáles sí; sabemos a qué horas salir de las
reuniones”, explica.
El coordinador describe situaciones
de verdadero poder fáctico. “En algunos municipios del estado, de
los cuales sí me consta, los presidentes o el ayuntamiento en
general, tienen que sujetarse a los requerimientos (del narco) o les
aplican lo del chinito: ‘O coopelas o cuello’”.
La situación, sin embargo, no es tan
grave como en Guerrero o Durango, donde la incorporación de jóvenes
del medio rural a las filas de los grupos delictivos eleva la
amenaza de activistas, asesores y misioneros.
“Derivado de la necesidad económica,
estos jóvenes son entrenados y trasladados a otros lugares, como el
estado de México y Guerrero. Otros se van a Estados Unidos a sembrar
mariguana, lo cual les deja ingresos de más de 50 mil dólares en
tres meses”, cuenta.
La zona de ese estado colindante con
Chihuahua y Sinaloa queda, debido a ello, fuera de cualquier
cobertura de las organizaciones civiles, dice Adriana Fernández,
portavoz de Cáritas del Guadiana, en Durango, cuyo campo de acción
se limita a la región sur del estado.
“No sabemos de organizaciones que
trabajen en la zona norte, que es la más peligrosa”, precisa el
activista.
Desprotección en salud
El estrangulamiento de ayuda
comunitaria en esa y otras zonas del país alcanza también a
organismos extranjeros.
Durante 45 años, médicos del
Instituto Shriners atendieron a familias de escasos recursos de
Ciudad Juárez. Hasta 2008 efectuaron infinidad de cirugías y
regalaron prótesis a miles de infantes. La ayuda comenzó a
trastocarse justo cuando recrudeció la violencia. En 2009 acudieron
sólo en una ocasión, en vez de las cuatro anuales que acostumbraban,
pero atendieron pacientes que pudieron sacar cita previa mediante
correo electrónico o teléfono con su sede en Utah, Estados Unidos.
Este año, la mayoría de las labores
altruistas quedaron suspendidas allí y en otras localidades
igualmente inseguras. Pero de ello no se brindan detalles.
“Shriners es una institución seria,
filantrópica, que se mantiene al margen de este tipo de situaciones.
No queremos ser ni foco de atención ni nada. No creemos que sea buen
momento para emitir algún tipo de comentario”. Justifica la ausencia
Araceli Nogare, administradora de Shriners México.
Otros organismos estadounidenses han
tomado la misma decisión. Se trata de grupos altruistas que
históricamente trabajaron en coordinación con clubes rotarios o con
algunas instituciones religiosas.
Better Together México solía enviar
medicamento y ortodoncistas a poblados de la sierra de Chihuahua,
pero suspendieron operaciones después de que autoridades cerraron el
pequeño aeropuerto de Ciudad Madera, corazón de actividades del
narcotráfico.
En octubre, sin embargo, la
organización prevé realizar un campamento en Ojo Caliente, un sitio
de aguas termales al sur de Ciudad Juárez, Chihuahua, con niños que
han quedado huérfanos y que residen en una de las colonias más
pobres del municipio, Anapra.
Para ello, pide a los voluntarios que
lleven como medidas de seguridad un GPS y los encomienda a Dios:
“Salmo 9:11: Por que él ordenará que
sus ángeles te cuiden en todos tus caminos”.
La falta de garantías de seguridad
también hizo suspender viajes a México a personal de Friends Feeding
Friends, Shine on México y Therapy Missions, un grupo de terapeutas
norteamericanas que solían atender anualmente a unos 800 menores de
edad con discapacidad permanente en Villa Integra, el único centro
de rehabilitación que opera en Juárez.
Universitarios
paralizan labor
La parálisis de trabajos comunitarios
debido al miedo, llegó este año a instituciones educativas de nivel
superior.
“Hemos ido acotando nuestras
misiones, hasta suspenderlas definitivamente esta última Semana
Santa”, dice Miguel Ángel Valdez, rector de la Universidad La Salle
Ciudad Victoria. “Es la primera ocasión que tomamos una decisión así
en 23 años, porque poner a los jóvenes en las calles o en ejidos
para brindar ayuda, es un alto riesgo”, argumenta el directivo.
El campus manejado por Valdez cuenta
con alrededor de mil alumnos, cada uno de los cuales brindaba 550
horas promedio de trabajo comunitario en la zona del altiplano
tamaulipeco, de gran marginación.
Unas 16 mil 500 personas dejaron de
recibir con ello asistencia médica, alfabetización, así como ayuda
para construir y remozar viviendas, aulas y clínicas de salud,
refiere.
El gran centro de operaciones
criminales en que está convertida la región de La Laguna, que
comparten los municipios de Lerdo y Gómez Palacio, Durango con
Torreón, Coahuila, frenó igualmente cualquier iniciativa de los
estudiantes por salir a las calles a brindar servicio social, de
acuerdo con Felipe Pérez Gavilán, rector de la Universidad La Salle
en Gómez Palacio.
Allí no sólo diversas organizaciones
emprendieron la retirada, sino también 10% de la población, afirma.
Bajo tal escenario, los padres de los
poco más de 800 alumnos de la universidad pidieron suspender las
pastorales que por años realizaron en la sierra y comunidades
próximas a la zona conurbada. Con ello, señala el rector, alrededor
de 5 mil habitantes han sido afectados.
“La situación es muy lamentable,
triste. ¿Hasta cuándo sostendremos esta suspensión? No lo sabemos.
Ahora lo que puedo decirle es que cualquier persona refiere que uno
de sus familiares o algún amigo han sufrido asaltos u otro tipo de
atentados.
“El miedo es mucho y eso nos obliga a
suspender, como muchas otras organizaciones, los trabajos de ayuda
en las zonas más necesitadas”.
Medidas similares adoptó el ITESM,
donde unos 600 estudiantes en promedio partían cada año a
comunidades alejadas de Nuevo León, Durango y Tamaulipas, para
construir parques infantiles y viviendas, y dar asesoría en procesos
de desarrollo y administración a unas 30 ONG de esas regiones.
La inseguridad les llevó a suspender
toda actividad de servicio comunitario en los municipios de
Santiago, Escobedo, Juárez, Zaragoza, Mina y Pesquería, así como en
colonias de Monterrey como Moderna y Sierra Ventana, donde la
actividad criminal es elevada, dice Jorge Lozano Guzmán, director de
comunicación de ese instituto.
Misioneros, afectados
Organismos menos identificados,
ligados sobre todo a instituciones religiosas, tomaron la misma ruta
de la suspensión de los servicios comunitarios.
Arturo Farela, presidente de la
Cofraternidad Nacional de Iglesias Cristianas y Evangélicas (Cofraternice),
considera que la cifra de misioneros ausentes en el país “es de
miles, tan sólo en las entidades que sufren el mismo flagelo de esta
guerra entre el gobierno federal y los grupos de narcotraficantes”.
Se trata, sintetiza el líder
religioso, “de un grave trastorno para el país, en donde miles y
miles de jóvenes tienen cancelada la posibilidad del trabajo y la
escuela y en donde la pobreza se vuelve más aguda conforme pasa el
tiempo. Y esta violencia, que genera inseguridad, afecta sobre todo
a los mexicanos que menos tienen”.
ALGUIEN QUIERE LO QUE TU TIENES, ALGUIEN TIENE LO QUE
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