Como cualquier medida, el pH posee una escala
propia que indica con exactitud un valor. Ésta es una tabla que va
del número cero al catorce, siendo de esta manera el siete el número
del medio. Si el pH es de cero a seis, la solución es considerada
ácida; por el contrario, si el pH es de ocho a catorce, la solución
se considera alcalina. Si la sustancia es más ácida, más cerca del
cero estará; y entre más alcalina el resultado será más cerca del
catorce. Si la solución posee un pH siete, es considerada neutra.
Sin embargo el pH siete neutro se limita con seguridad, tan sólo a
las soluciones acuosas, pues las que no son, si no están a una
temperatura y presión normal, el valor de la neutralidad puede
variar.
Hay distintas formas de medir el pH de una
sustancia. La más sencilla es sumergir un papel indicador o tornasol
en la solución durante varios segundos y éste cambiará de color
según si es ácida (color rosa) o alcalina (color azul). Este método
no es tan preciso como otros, pues indica ambiguamente qué tan ácida
o qué tan alcalina es la sustancia, pese a la evolución que han
experimentado los papeles en cuanto a su exactitud. Otra desventaja
que presentan los papeles tornasol es que no pueden ser utilizados
para ciertas sustancias, como por ejemplo, aquellas que son muy
coloreadas o turbias.
La manera más exacta para la medición del pH, es
utilizando un pHmetro y dos electrodos, uno de referencia y otro de
cristal. Un pHmetro es un voltímetro que junto con los electrodos,
al ser sumergidos en una sustancia, generan una corriente eléctrica.
Esta corriente eléctrica dependerá de la concentración de iones de
hidrógeno que presente la solución. El pHmetro mide la diferencia de
potencial entre el electrodo de referencia (plata) y el de cristal
que es sensible a los iones de hidrógeno. Para obtener con exactitud
el pH de una sustancia, se debe calibrar el pH con soluciones de
valores de pH llamadas buffer que resisten los cambios
experimentados por el pH y tiene un valor de pH específico.