Para explicar el fenómeno lo nada más sencillo
que uno puede hacer es preguntarse el porqué el núcleo atómico tiene
tantas cargas positivas reunidas en un espacio tan pequeño sin que
estas tiendan a separarse. La explicación más simple fue esa: la
fuerza nuclear que supera en intensidad a la fuerza eléctrica pero
que actúa a muy cortas distancias. Esto último quiere decir que si
el núcleo atómico es muy grande no puede sostener tantas partículas
y se descompone. Es como una pila de libros (unos sobre otros),
entre más grande más difícil de manipular. El estudio de la energía
nuclear tiene sus orígenes en las investigaciones que sobre el átomo
se hicieron a principios del siglo XX, aunque su descubridor no
tenía idea de que estaba abriendo una “Caja de Pandora”.
Henry Becquerel descubre la radiación cuando un
trozo de pechblenda veló unas placas fotográficas. Luego determina,
al mismo tiempo que los esposos Curie, la existencia de varios
elementos que presentan el fenómeno de la radiación. Pronto se
descubrió que la radiación se debía a la descomposición de los
núcleos atómicos descubiertos por Ernest Rutherford, proceso que fue
llamado fisión nuclear. Es precisamente este último el primero en
conseguir que un núcleo atómico se dividiera artificialmente. Enrico
Fermi descubre que bombardeando núcleos atómicos no radiactivos
estos se volvían radioactivos, confirmado el fenómeno por
científicos alemanes. Son estos los primeros que se dan cuenta de
las posibilidades bélicas de la radiación e intentan construir armas
atómicas.
Varios científicos, entre ellos Albert Einstein,
previenen al presidente Franklin Delano Roosevelt del proyecto
alemán y toma la decisión de crear su propio programa de armas
nucleares a que llamaron Proyecto Manhattan a cargo del brillante J.
Robert Oppenheimer. Construyen los dos primeros reactores nucleares
artificiales del mundo, uno de uranio y otro mucho más grande de
plutonio. Con ellos logran crear las primera tres armas nucleares,
una usada en el desierto de Álamo Gordo en Nuevo México y las otras
dos tienen el dudoso honor de ser las primeras armas utilizando la
energía nuclear sobre poblaciones civiles.
La primera fue una bomba de uranio llamada Little
Boy que destruyó la ciudad de Iroshima el 6 de agosto de 1945 y el 9
de agosto del mismo año otra de plutonio llamada Fat Man sobre la
ciudad de Nagasaki provocando la muerte de casi 300 mil personas de
manera directa o indirecta los años posteriores. Luego la Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas desarrollan su propio programa
nuclear, en medio de un largo juego de intrigas y espionaje. En 1953
se construye la primera bomba de fusión nuclear cuya energía
liberada era miles de veces mayor que las armas anteriores.
Los reactores nucleares se han utilizado para
mover barcos (como el USS Enterprice, botado en 1960 y que fue el
primer barco propulsado por este tipo de reactores) y submarinos, el
primero de estos fue llamado Nautilus (el USS Nautilus (SSN-571)) en
honor a la máquina imaginada por Julio Verne en su libro “Veinte mil
leguas de viajes submarinos”, fue famoso porque fue el primero en
navegar por debajo del polo norte. También han sido usados para
fines pacíficos y hoy día todos conocemos las propiedades de la
radioterapia en el tratamiento del cáncer. Las aplicaciones de la
energía nuclear son muy amplias y todavía no se termina su
desarrollo. Tienen grandes peligros también pero está en nuestras
manos el prevenirlos.