¿CÓMO SON LOS
HIJOS DE MADRES SOLTERAS?
Cuando ciertas responsabilidades
les son entregadas, responden con gran madurez
Un tema que
siempre sale a la luz en las discusiones sobre lo concerniente al
enfoque que debe tomar la educación de un hijo, es a propósito de la
condición de madre soltera que
presentan un gran número de mujeres. Por una parte se habla mucho
del apego que existe entre ésta y sus hijos,
aunque deberíamos decir entre ésta y su hijo, ya que se ve que gran
número de ellas tiene un único hijo. Bajo esta óptica, se dice que
el hijo encuentra dificultad en los momentos en que debe separarse
de su madre. Podemos
ver plasmado esto cuando le toca ir a la escuela.
Ellos se sienten inseguros y muestran su descontento y angustia al
tener que separarse de sus madres por un determinado tiempo. Al
respecto, se dice que la madre debe brindarle la confianza del caso
y acompañarlo hasta donde más se puede sin que esto suponga
interferir con su normal desarrollo y desenvolvimiento. Es aquí que
surge la
figura del maestro o tutor, quien en las instancias iniciales debe
hacer las veces de sustituto y ver la manera de ganarse rápidamente
la confianza del niño.
En efecto, el tutor debe convertirse
en una especie de puente entre la madre y el niño para poder cubrir
el vacío provocado por la ausencia de ésta.
Ciertamente, se debe trabajar en
paralelo en la personalidad del niño y su desarrollo.
La idea
es resolver el problema del apego de éste hacia su madre. Se debe
trabajar en el aspecto anímico y sobre todo en el aspecto de la
sensación de seguridad que el hijo pueda adquirir. Más allá de
resolver el problema inmediato, la
mirada debe estar enfocada en el futuro del niño, quien debe
liquidar el problema en instancias tempranas para evitar que su
personalidad futura se vea seriamente trastocada. Se ha
visto que los niños que no logran superar con satisfacción este
trauma, presentan muchos problemas en el futuro. Quizá el principal
de ellos sea el de la falta de autoestima y confianza en sí mismos.
Al momento que tienen que tomar una decisión clave para el resto de
sus vidas, titubean o se dejan influenciar fácilmente por cualquier
figura que represente o evoque la categoría maternal con los
consiguientes riesgos que esto puede conllevar.
Por otra parte –y volviendo al
tema inicial- se observa que los
hijos de madres solteras no presentan problemas de adaptación una
vez en la escuela o al menos no existe la asociación que
arbitrariamente se estableció entre los niños pertenecientes a este
contexto y sus dificultades de adaptación al medio en que se
desenvuelven. Quizá esto encuentre sentido en el hecho de la
existencia de los mecanismos psicológicos de adaptación y sobre todo
de compensación de que dispone el ser humano. Al ser una realidad el
abrupto desapego entre el hijo y la madre soltera por varias horas
–como es el caso de la vida escolar-
el niño se ve forzado a encontrar
rápidamente una relación satisfactoria con otras personas de su
entorno, en este caso sus compañeros de aula. Son ahora
ellos una especie de salvavidas para la nueva situación, los que le
permitirán al niño pasar ese tiempo sin tener la madre al costado.
Por otra parte y viendo ya las ventajas de las madres solteras
respecto de la educación de sus hijos, podemos decir que
aquellas pueden
enfocarse mejor en la crianza de los mismos.
Si bien es cierto, se crea una mayor
carga de responsabilidad tanto a nivel familiar como económico y
laboral, las madres solteras
disponen de amplia libertad en la toma de las decisiones en le
hogar. En efecto, al no existir la figura paterna, estas pueden
decidir unilateralmente a qué tipo de escuela irán sus hijos
o qué religión profesaran, al menos de momento. Sin embargo, los
especialistas advierten que lo mejor es que haya un consenso entre
los hijos y sus madres solteras. Incluso se citan momentos
históricos en que el hijo mayor de una madre soltera renunciaba a su
vida conyugal a favor de ser el sostén del hogar y apoyar a la
madre. Ciertamente no hay que caer en el extremo ni en el fanatismo,
pero algunos recomiendan que el
mejor camino en este escenario es ir involucrando al hijo en
responsabilidades propias de un hogar sin que esto suponga
otorgarles una carga a destiempo que pueda trastocar su desarrollo
normal como individuo. Parece ser que con esto, los hijos
de madres solteras responden en base a la madurez. Debe ser tarea de
la madre, vigilar que este nuevo cauce no desborde y el niño siga
siendo siempre niño.
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