LA LOGOTERAPIA
COMO UNA TÉCNICA
No es posible tranquilizar un
temor realista, como es el temor a la muerte, por vía de su
interpretación psicodinámica; por otra parte, no se puede curar un
temor neurótico, cual es la agorafobia, por ejemplo, mediante el
conocimiento filosófico. Ahora bien, la logoterapia también ha
ideado una técnica que trata estos casos.
Para entender lo que sucede cuando se
utiliza esta técnica, tomemos como punto de partida una condición
que suele darse en los individuos neuróticos, a saber: la ansiedad
anticipatoria. Es característico de ese temor el producir
precisamente aquello que el paciente teme. Por ejemplo, una persona
que teme ponerse colorada cuando entra en una gran sala y se
encuentra con mucha gente, se ruborizará sin la menor duda. En este
sentido podría extrapolarse el dicho: “el deseo es el padre del
pensamiento” y afirmar que “el miedo es la madre del suceso”.
Por irónico que parezca, de la misma forma que el miedo hace que
suceda lo que uno teme, una intención obligada hace imposible lo que
uno desea a la fuerza. Puede observarse esta intención excesiva, o
“hiperintención” como yo la denomino, especialmente en los casos de
neurosis sexuales. Cuanto más intenta un hombre demostrar su
potencia sexual o una mujer su capacidad para sentir el orgasmo,
menos posibilidades tienen de conseguirlo. El placer es, y debe
continuar siéndolo, un efecto o producto secundario, y se destruye y
malogra en la medida en que se le hace un fin en sí mismo.
Además de la intención excesiva, tal
como acabamos de describirla, la atención excesiva o “hiperreflexión”,
como se la denomina en logoterapia, puede ser asimismo patógeno (es
decir, producir enfermedad). El siguiente informe clínico ilustrará
lo que quiero decir. Una joven acudió a mi consulta quejándose de
ser frígida. La historia de su vida descubrió que en su niñez su
padre había abusado de ella; sin embargo y, como fácilmente se
evidenció, no fue esta experiencia, traumática en sí, la que
eventualmente le había originado la neurosis sexual. Sucedía que
tras haber leído trabajos de divulgación sobre psicoanálisis, la
paciente había vivido todo el tiempo con la temerosa expectativa de
la desgracia que su traumática experiencia le acarrearía en su día.
Esta ansiedad anticipatoria se
resolvía tanto en una excesiva intencionalidad para confirmar su
femineidad como en una excesiva atención que se centraba en sí misma
y no en su compañero. Todo lo cual era más que suficiente para
incapacitarla y privarle de la experiencia del placer sexual, ya que
en ella el orgasmo era tanto un objeto de la atención como de la
intención, en vez de ser un efecto no intencionado de la devoción no
reflexiva hacia el compañero. Tras seguir un breve período de
logoterapia, la atención e intención excesivas de la paciente sobre
su capacidad para experimentar el orgasmo se hicieron
“de-reflexivas” (y con ello introducimos otro término de la
logoterapia). Cuando recodificó su atención enfocándola hacia el
objeto apropiado, es decir, el compañero, el orgasmo se produjo
espontáneamente.
Pues bien, la logoterapia basa su técnica denominada de la
“intención paradójica” en la dualidad de que, por una parte el miedo
hace que se produzca lo que se teme y, por otra, la hiperintención
estorba lo que se desea. Por la intención paradójica, se invita al
paciente fóbico a que intente hacer precisamente aquello que teme,
aunque sea sólo por un momento.
Recordaré
un caso. Un joven médico vino a consultarme sobre su temor a
transpirar. Siempre que esperaba que se produjera la transpiración,
la ansiedad anticipatoria era suficiente para precipitar una
sudoración. A fin de cortar este proceso tautológico, aconsejé al
paciente que en el caso de que ocurriera la sudoración, decidiera
deliberadamente mostrar a la gente cuánto era capaz de sudar. Una
semana más tarde me informó de que cada vez que se encontraba a
alguien que antes hubiera desencadenado su ansiedad anticipatoria,
se decía para sus adentros: “Antes sólo sudaba un litro, pero ahora
voy a sudar por lo menos diez.” El resultado fue que, tras haber
sufrido por su fobia durante años, ahora era capaz, con una sola
sesión, de verse permanentemente libre de ella en una semana.
El lector advertirá que este
procedimiento consiste en darle la vuelta a la actitud del paciente
en la medida en que su temor se ve reemplazado por un deseo
paradójico. Mediante este tratamiento, el viento se aleja de las
velas de la ansiedad.
Ahora bien, este procedimiento debe hacer uso de la capacidad
específicamente humana para el desprendimiento de uno mismo,
inherente al sentido del humor. Esta capacidad básica para
desprenderse de uno mismo se pone de manifiesto siempre que se
aplica la técnica logoterapéutica denominada “intención paradójica”.
Al mismo tiempo se capacita al paciente para apartarse de su propia
neurosis. Gordon W. Allport escribe: “El neurótico que aprende a
reírse de sí mismo puede estar en el camino de gobernarse a sí
mismo, tal vez de curarse.” La intención paradójica es la
constatación empírica y la aplicación clínica de la afirmación de
Allport.
Los informes de unos pocos casos más
pueden servir para explicar mejor este método. El paciente que cito
a continuación era un contable que había sido tratado por varios
doctores en distintas clínicas sin obtener ningún avance
terapéutico. Cuando llegó a verme estaba en el límite de la
desesperación y reconocía que estaba a punto de suicidarse. Durante
varios años venía padeciendo el calambre de los escribientes, que
últimamente era tan agudo que corría grave peligro de perder su
empleo. De modo que una situación tal sólo podía aliviarse por una
terapia breve e inmediata. Para iniciar el tratamiento, mi ayudante
recomendó al paciente que hiciera justamente lo contrario de lo que
venía haciendo; es decir, en vez de tratar de escribir con la mayor
claridad y pulcritud posibles, que escribiera con los peores
garabatos. Se le aconsejó que se dijera para sus adentros: “Bueno,
ahora voy a mostrar a toda esa gente lo buen chupatintas que soy.” Y
en el momento en que deliberadamente trató de garrapatear, le fue
imposible hacerlo. “Intenté hacer garabatos, pero no pude, así de
sencillo”, nos contó al día siguiente. En 48 horas el paciente pudo,
de este modo, liberarse de su calambre de escribiente y así continuó
durante el período de observación después del tratamiento. Hoy es un
hombre feliz y puede trabajar a pleno rendimiento.
Un caso similar referente al habla y
no a la escritura me contó mi colega en el Departamento de
Laringología del Hospital Policlínico. Era el caso más serio de
tartamudeo que él había encontrado en muchos años de práctica de la
medicina. Nunca en su vida, hasta donde el tartamudo podía recordar,
se había visto libre de esta dificultad para hablar, ni por un
momento, excepto una vez. Ello sucedió cuando tenía 12 años y se
había subido detrás de un coche de la calle para hacerse llevar.
Cuando el conductor le agarró pensó que la única forma de escapar
era atraerse su simpatía, por lo cual trató de demostrarle que era
un pobre muchacho tartamudo. Desde el momento en que intentó
tartamudear fue incapaz de conseguirlo. Sin darse cuenta, había
practicado la intención paradójica, si bien no con propósitos
terapéuticos.
Sin embargo, esta presentación no debería dar la impresión de que la
intención paradójica sólo es eficaz en los casos monosintomáticos.
Mediante esta técnica logoterapéutica mis compañeros del Hospital
Policlínico de Viena han conseguido curar incluso neurosis de
carácter obsesivo-compulsivo en los grados más altos y más
pertinaces. Hago referencia, por ejemplo, a una mujer de 65 años que
durante 60 años venía padeciendo una obsesión de limpieza tan seria
que yo creía que el único procedimiento para curarla era practicarle
una lobotomía. No obstante, mi ayudante empezó el tratamiento
logoterapéutico con la técnica de la intención paradójica y dos
meses más tarde la paciente podía llevar una vida normal. Antes de
admitirla en la clínica nos había confesado: “La vida es un infierno
para mí”. Disminuida por su compulsión y por su obsesión
bacteriofóbica, al final había tenido que quedarse en la cama todo
el día incapaz de realizar ninguna tarea doméstica. No sería exacto
afirmar que hoy está totalmente libre de sus síntomas, ya que
siempre puede venirle a la mente alguna obsesión, pero sí es capaz
de “reírse de ella”, como dice; en una palabra, de aplicar la
intención paradójica.
La intención paradójica también puede
aplicarse en casos de trastornos del sueño. El temor al insomnio12
da por resultado una hiperintención de quedarse dormido que, a su
vez, incapacita al paciente para conseguirlo. Para vencer este temor
especial, yo suelo aconsejar al paciente que no intente dormir, sino
por el contrario que haga lo opuesto, es decir, permanecer despierto
cuanto sea posible. En otras palabras, la hiperintención de quedarse
dormido, nacida de la ansiedad anticipatoria de no poder
conseguirlo, debe reemplazarse por la intención paradójica de no
quedarse dormido, que pronto se verá seguida por el sueño.
La intención paradójica no es una panacea, pero sí un instrumento
útil en el tratamiento de las situaciones obsesivas, compulsivas y
fóbicas, especialmente en los casos en que subyace la ansiedad
anticipatoria. Además, es un artilugio terapéutico de efectos a
corto plazo, de lo cual no debiera, sin embargo, concluirse que la
terapia a corto plazo tenga sólo efectos terapéuticos temporales.
Una de las “ilusiones más comunes de la ortodoxia freudiana”
escribía el desaparecido Emil A. Gutheil “es que la durabilidad de
los resultados se corresponde con la duración de la terapia”. Entre
mis casos tengo, por ejemplo, el informe de un paciente a quien se
administró la intención paradójica hace más de veinte años y su
efecto terapéutico ha probado ser permanente.
Otro hecho, digno de tener en cuenta,
es que la intención paradójica es efectiva cualquiera que sea la
etiología del caso en cuestión. Lo que confirma un planteamiento de
Edith Weisskopf-Joelson: “Si bien la terapia tradicional ha
insistido en que las prácticas terapéuticas deben fundamentarse en
bases etiológicas, es muy posible que determinados factores puedan
ser causa de neurosis durante la niñez más temprana, y que factores
totalmente diferentes puedan curar las neurosis en la edad adulta.”
Muy a menudo hemos visto cómo las causas de las neurosis, es decir,
los complejos, conflictos y traumas son a veces los síntomas de las
neurosis y no sus causas. El arrecife que se hace visible con la
marea baja no es la causa de la marea baja, claro está, es la marea
baja lo que hace que el arrecife se muestre. Ahora bien, ¿qué es la
melancolía sino una especie de marea baja anormal? y otra vez en
este caso los sentimientos de culpa que aparecen de manera típica en
las “depresiones endógenas” (no confundirlas con las depresiones
neuróticas) no son la causa de esta modalidad especial de la
depresión. La verdad es todo lo contrario, puesto que esta marea
baja emocional hace aparecer en la superficie consciente los
sentimientos de culpa; se limita únicamente a sacarlos a la luz.
En cuanto a la verdadera causa de las
neurosis, aparte de sus elementos constitutivos, ya sean de
naturaleza psíquica o somática, parece que los mecanismos
retroactivos del tipo de la ansiedad anticipatoria son un importante
factor patógeno. A un síntoma dado le responde una fobia; la fobia
desencadena el síntoma y éste, a su vez, refuerza la fobia. Ahora
bien, en los casos obsesivos-compulsivos se puede observar una
cadena similar de acontecimientos, en los que el paciente lucha
contra las ideas que le acosan. Con ello, sin embargo, aumenta el
poder de aquéllas para molestarle, puesto que la presión precipita
la contrapresión. ¡Y otra vez más el síntoma se refuerza! Por otra
parte, tan pronto como el paciente deja de luchar contra sus
obsesiones y en vez de ello intenta ridiculizarlas, tratándolas con
ironía, al aplicarles la intención paradójica, se rompe el círculo
vicioso, el síntoma se debilita y finalmente se atrofia. En el caso
afortunado que no se haya producido un vacío existencial que invite
y atraiga al síntoma, el paciente no sólo conseguirá ridiculizar su
temor neurótico, sino que al final logrará ignorarlo por completo.
Como vemos, la ansiedad anticipatoria
debe contraatacarse con la intención paradójica; la hiperintención,
al igual que la hiperreflexión deben combatirse con la
“de-reflexión”; ahora bien, ésta no es posible, finalmente, si no es
mediante un cambio en la orientación del paciente hacia su vocación
específica y su misión en la vida.
No es el ensimismamiento del neurótico, ya sea de conmiseración o de
desprecio, lo que puede romper la formación del círculo; la clave
para curarse está en la trascendencia de uno mismo.
¿QUÉ ES LA
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¿CÓMO SE UTILIZA
LA LOGOTERAPIA?
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