¿EN QUE CONSISTE
LA FIMOSIS?
La fimosis consiste en un
estrechamiento anómalo del extremo del prepucio, la piel móvil que
recubre el glande del pene, lo que le impide deslizarse hacia atrás
con normalidad como sucede cada vez que los hombres se lavan esa
zona o cuando se practica el coito.
No es un problema tan
frecuente como se cree
En los recién nacidos el prepucio, que aún está en proceso de
maduración, suele aparecer muy estrecho y con adherencias entre su
mucosa y la del glande; circunstancia que se resuelve por sí sola
con el correr del tiempo.
Suele llamarse a esta situación fimosis fisiológica, por tratarse
más que de un problema de una circunstancia inscrita en el proceso
de crecimiento normal. Sin embargo, es un error llamarlo así, pues
sólo merece el nombre de fimosis la estrechez del prepucio que se
mantiene pasada la adolescencia; la angostura patológica del
prepucio.
El 80% de los varones menores de 6 meses aún mantienen esa estrechez
fisiológica en sus prepucios; cifra que disminuye con el tiempo
hasta reducirse a un 10% entre los menores de 3 años.
Comienza a ser preocupante la fimosis cuando aún se mantiene a los
cinco años de edad. Sin embargo, la prudencia -y las circunstancias-
aconsejan no intervenir hasta la llegada de la puberto-adolescencia,
pues la fimosis sólo se mantiene en el 2% de los chicos de 16 años.
Esta última cifra es la que se puede considerar como frecuencia de
la fimosis verdadera entre la población general masculina.
¡A las mujeres también les pasa!
Aunque se desconoce la verdadera extensión de este problema en el
género femenino, también las mujeres pueden padecer de fimosis. Este
hecho es desconocido por muchas personas, pero no por eso resulta
menos real.
Consiste en lo mismo que se ha dicho para los hombres: una estrechez
del prepucio del clítoris que impide el normal descubrimiento del
glande del mismo. Y, como en los chicos, tal fimosis puede ir
acompañada o no de adherencias entre las mucosas del prepucio y del
glande.
Problemas de la fimosis
Esa angostura del prepucio impide que se realice con normalidad la
higiene de la zona, lo que permite que se acumule el esmegma (un
producto normal de la descamación y degeneración grasa de la mucosa
del prepucio que se da tanto entre el género masculino como femenino
y se elimina habitualmente con el aseo diario).
Puede ocasionar irritaciones de la zona, escozores, inflamaciones e
infecciones. En los hombres, además, puede favorecer el acúmulo de
orina mal excretada y, también, obstaculizar el normal desarrollo
del coito al impedir que el glande se descubra con normalidad cuando
penetra en la vagina. Eso ocasiona con frecuencia coitos dolorosos,
o desgarros en el prepucio si se fuerzan las cosas.
A veces, la fimosis impide que el pene alcance una erección plena,
por la constricción que el prepucio ejerce sobre el glande y las
molestias que produce su expansión.
Otra consecuencia severa de la fimosis es que en un intento de
provocar la salida del glande, se consiga, y la propia estrechez del
prepucio impida después la recuperación de la situación inicial,
estrangulando literalmente al glande (se llama parafimosis), con el
riesgo de que, si no se remedia con rapidez, éste se necrose. La
intervención médica se hace urgente en estos casos.
Cómo resolver la fimosis
Tanto en los hombres como en las mujeres, si sólo se trata de
adherencias, estas pueden liberarse introduciendo entre el glande y
el prepucio una sonda que permita desbridar la zona. Conviene
hacerlo bajo sedación o, incluso, anestesia local, porque la
intervención puede ser molesta.
En el caso de fimosis verdadera existen dos opciones: practicar la
prepucioplastia o la circuncisión. La prepucioplastia consiste en
hacer dilataciones progresivas del extremo estrecho del prepucio
hasta conseguir un diámetro que permita la salida del glande. La
circuncisión consiste en la extirpación del prepucio al completo
(bajo sedación y anestesia local), incluyendo el frenillo.
Hay pueblos que practican la circuncisión de los varones de un modo
ritual o por costumbre. Suelen explicar ese modo de proceder de
formas diversas. Unas veces porque se trata de una costumbre
ancestral basada en una ideología religiosa. Otras veces, no existen
razones reales para hacerlo y se justifican con racionalizaciones
como la de facilitar la higiene del pene (¡menos mal que en lugar de
quitarnos los dientes se nos enseña a todos a cepillárnoslos!).
Algunas consecuencias inesperadas de la circuncisión
Algunos hombres que son circuncidados a una edad que les permite
tener recuerdos de ello suelen afirmar que tras la operación el pene
les creció. Lo que ha llevado a algunos a recomendar la circuncisión
como una forma de alargar el pene. Sin embargo, dicha operación no
produce ese efecto, aunque la sensación que perciben los operados
sea auténtica.
Lo que sucede es que la fimosis constreñía demasiado el glande y no
dejaba que el pene alcanzase el tamaño real durante la erección. Al
liberar el glande de esa compresión mediante la cirugía, se permite
al pene obtener su tamaño normal. No es que el pene crezca, es que
estaba empequeñecido y se le permite alcanzar su tamaño normal.
Durante la década de los ochenta del siglo pasado se puso de moda
entre algunas mujeres de EE UU circuncidarse el clítoris porque así,
creían, facilitaban la obtención del orgasmo. Naturalmente, esa
practica tuvo que abandonarse dada la falsedad de dicha creencia. La
mayoría de las mujeres son orgásmicas sin necesidad de recurrir a
ese tipo de operaciones.
ALGUIEN QUIERE LO QUE TU TIENES, ALGUIEN TIENE LO QUE
TU QUIERES.
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